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Junio 2007 Archivos

Junio 11, 2007

EL REGRESO

Motivos de una ausencia
 
Estimados lectores, estas semanas he sido victima del acoso judicial, ese que sólo busca subyugar a las almas sensibles, aprisionar el vuelo de los pájaros, acallar la risa contagiosa que se escapa desde el interior de los bares, pero bueno, comenzaré a explicarles brevemente mi ausencia porque sino no comprenderán absolutamente nada.
 
Se llamaba… digamos que Mercedes, era mexicana y la conocí en el festival de teatro.
 
No la haré larga, de acuerdo con la pasión con que se mirase a mi querida Malinche su edad podía oscilar entre los cuarenta y los  cincuenta y cinco años. Como saben Calixto Flores del Castillo es una persona muy apasionada.

Nos encontramos casi de casualidad, ella venia de comprar algunas artesanías para atestiguar su viaje, yo regalaba mis recuerdos de juventud a palomas distraídas en la plaza principal.
 
Se acercó, pregunto por una calle, le pregunte de donde era, pregunto si siempre hacia tanto calor, le pregunte si le gustaba la ciudad, pregunto si tenia aire acondicionado en mi casa, le pregunte si quería tomar un café, pregunto si usaba el bastón por elegancia o por necesidad, le pregunte si siempre era tan directa. Sonrió.

Esa noche durmió en casa.
 
Y paso así, simple, no hizo falta un conquistador y una conquistada, sin vueltas ni obstáculos, sin preguntas ni respuestas, sin historias de familias ni compromisos.
 
Sin previo aviso me encontraba yo viviendo tal vez una yapa de mis otrora excesivas aventuras, un último acelerón a este carro desvencijado, un plus, una pos data en la extensa carta del amor , un joya encontrada de manera casual en viejo baúl.
 
Y es cierto, lo bueno dura poco, exactamente a los diez días de conocerla, desperté ante el escandaloso silencio que la falta de su respiración provocaba en la habitación. Allí comprendí porque nos llevamos tan bien, ambos éramos jugadores en el  juego de la pasión. Ella había ganado, yo había perdido.
 
No fue sorpresa, soy una mujer itinerante me advirtió alguna vez, me  gusta el sexo por la mañana recuerdo que le respondí mientras desayunaba un cóctel de fármacos.

Los días siguientes los pase sin levantarme de la cama, la angustia y el hecho de verme abandonado eran demasiado para mi devastado ego.

Sin saber que hacer, a quien reclamar por la fuga de tal vez mi última aventura tomé una de las medidas más drásticas y vista a la distancia tal vez la menos recomendable ante tales situaciones.

Arrastré de manera dificultosa mi cama de dos plazas con mi colchón reversible invierno-verano y mi mesita de luz hasta la calle, aproveche la complicidad de un semáforo en rojo que detenía el tráfico, pase la cadena entre la mesita de luz, la cama,  mi cintura y finalmente el semáforo para recostarme al tiempo que colocaba una cartel que decía: 

“Estimados vecinos, este es un bloqueo por una pena, por un amor prófugo, por una lágrima sin pañuelo, en fin, un acto desesperado.
Disculpen las molestias.”

Fue cuestión de segundos, el tráfico quedo paralizado y  la muchedumbre que se aglomeraba ante la inaudita protesta.

Los primeros en decir algo fueron dos jóvenes estudiantes, leyeron detenidamente el cartel, pensé que por pertenecer al mismo género comprendían mis motivos hasta que los mocosos al mismo tiempo gritaron:

-Viejo maricón.

-Maricón es quien nunca ha llorado por una pena.  -respondí de manera gallarda-

Rieron y se sentaron en la acera.

-Hermanito, pues ¿qué es esta locura?  Tengo la vuelta atrasada y tu me estas perjudicando. -me dijo un chofer bajito de la línea 122-

Un bloqueo serio no puede levantarse ante el primer inconveniente pensé y decidí ignorarlo.

-Oiga, si iba a realizar esta payasada por lo menos hubiese lavado las sabanas.  ¡Sucio! -me increpo la pastillera de la esquina-

-No es suciedad, es la oscuridad que se ha asentado sobre mí.  -me defendí-

No se que respondió, el ruido infernal de las bocinas no permitió escuchar.

-Estimado, comprendo su medida, y la solidaridad es lo que va a salvar a este pueblo, déjeme acostarme un rato a su lado que he tenido una mala noche.  -me dijo un mendigo desvelado-

- Ni lo piense, esta es una protesta legitima y no voy a permitir arrimados sin convicción, luego llegamos al poder y el gobierno es un desmadre.  -le respondí enérgico pero dándome cuenta que me estaba yendo totalmente del tema-

-Señor, ya llamamos a la policía.  -me dijo el chofer de la 122 volviendo a la carga-

-¡Que no me muevo, que no me muevo! De que sirve una pena de amor si no puede inmovilizar una ciudad. –respondí-

- ¡Bahh! ¡una ciudad!  una calle, sólo una calle y insisto que  las sabanas están sucias.  -volvió a vociferar la pastillera-

Mientras tanto se me acerca un joven, me dice que es de la Gabriel y que ira a consultar con los compañeros para estudiar la protesta y de ser legítima brindaran su apoyo.

Le agradecí y le aclaré  que esta era una protesta solitaria ante la imposibilidad de predecir el comportamiento femenino.

-De todas formas será analizado por un comité  me informó.

-¡Autonomía carajó!  -gritó antes de irse y disparó al aire unos cohetes que traía en el bolso ganándose los aplausos del gentío-

-¡Calixto a la Constituyente! Exclamó un vecino que pareció reconocerme al tiempo que ordenaba a su mujer que vaya sacando la cama a la calle para sumarse a la cruzada autonomista.

-Así son estos cambas, cualquier oportunidad para echarse.  -dijo el chofer de la 122 con acento andino, fue allí cuando algunos vecinos lo escucharon y empezaron a correrlo a pedradas-

El caos crecía mientras yo observaba como mi protesta se iba para cualquier lado y lo que comenzó como una medida ante una malquerencia se convertía en una cruzada regional.

La policía ya había llegado, un sargento me pedía explicaciones mientras que otro oficial intentaba que el ferretero de la esquina le preste una sierra para cortar las cadenas.

Le explique que esto no era una revuelta política, sino una bloqueo a la soledad, una voz que se levantaba ante la impostura de la mujer que me abandonó.

-¡Viejo maricón! –volvieron a repetir los estudiantes que a todo esto ingerían tranquilamente un picole ya sentados en la esquinita de mi cama-

A los pocos minutos tenia al lado al policía arremetiendo la sierra contra la cadena que me enlazaba a lo que había sido mi nicho de amor, a todo esto el semáforo permanecía inmutable.

-Ya esta, pero antes de llevarte nos tiene que pagar los 15 bolivianos de la sierra que la he tenido que comprar yo.  -me dijo en tono de suplica el oficial-

Y así fue que fui transportado a la PTJ, luego de dos horas de ser el hazmerreír de los presos, a los que ya les había llegado el chisme, me dirigieron ante un fiscal.

-¿Nombre?
-Calixto Flores del Castillo.
- ¿Profesión?
-Seductor devenido a relator de aventuras.  –respondí con cierta vergüenza-

El fiscal me aclaró que se encargaría de que me proporcionen  una pena severa, ya que había que sentar precedente, esto no podía volverse una práctica habitual.

-Mire usted si cada hombre desolado corta una calle en protesta buscando que la mujer regrese. –me dijo con ojos desorbitados-

Fue allí cuando saqué pecho, argumenté que en este país se realizan bloqueos porque falta gas, porque falta gasolina, porque falta pavimentar una calle, porque los salarios son bajos, porque los salarios son altos, porque tal o cual político no cumplió con sus promesas electorales pero cuando los votamos en realidad  sabíamos que nos estaban mintiendo e igual los votamos.

Entonces se volcaron los papeles y fui yo quien preguntó:

- Sr. Fiscal ¿no cree usted que es  motivo más que suficiente una pena de amor que esas crueles y frías problemáticas que paralizan hace añares a nuestro país?

- Por otra parte le aclaro,  mí reclamo nunca trajo acompañado el pedido de que mi bella dama regrese, sólo esconde la dulce esperanza de que ella nunca me olvide porque sepa usted que lo que duele no es el abandono, sino el saber que no se ha provocado en la susodicha mujer,  la necesidad de que dada tanto se abran sus heridas y expulsen, pensando en mí,  las dulces lágrimas del recuerdo

El fiscal golpeo la mesa, murmuró algo y se retiró.

Estuve detenido dos semanas por causar disturbios en la vía publica, fomentar el casi linchamiento del  chofer de la línea 122, no pagarle 15 bolivianos a la Policía Nacional  y una cuantas cosas más que no quiero recordar.

Al regresar a casa me encontré con las boletas de Saguapac, Cre y una nota que decía:

Señor Calixto
Quiero que sepa usted que cuenta con mi apoyo para la próxima vez que lo abandone alguna dama, las pocas horas que duro su protesta vendí el triple de lo habitual. Por cierto mi cuñada es lavandera y es de los pocos familiares que todavía no se fue es España, cualquier cosa me avisa.

Saludos

La pastillera

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