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Mayo 2007 Archivos

Mayo 2, 2007

La historia de Azucena, un amor urgente

Esta es la historia de Azucena, La Ecuatoriana, una hermosa doncella que llegó a la ciudad de los arenales de la mano de un empresario que le había prometido éxito como cantante.

 

Ante la frustración y la constatación de las falsas promesas, la joven se dedicó a ejercer el oficio más viejo del mundo en un piringundin llamado La cueva del Ratón. Y fue precisamente allí donde la conocí, ella apoyada en la barra, yo apoyado en mi estupidez adolescente y remojado con algún vino de mala muerte.

 

La vi y me enamoré, así nomás. Era la mujer de mi vida, entre cliente y cliente ella solía cantar un tango, y yo asistía de manera diaria sólo para deleitarme con su voz. Regresaba todas las noches sin animarme a contratar sus servicios, era feliz solo escuchándola cantar.

 

Después de dos semanas, ante la mirada desconfiada de la matrona del lugar decidí  acercarme a La Ecuatoriana. Como todo galán que se precie, decidí entrar atacando sin temor a las bajas y con la decisión de no dejar prisioneros.

 

Ella terminaba de cantar, mientras se limpiaba la transpiración del labio superior, me acerque y le dispare:

-         Anoche te soñé de a pétalos rosa mía

-         Para usted son tres mil   -respondió sin inmutarse-

Sin darme por vencido, porque triste es la guerra que no tiene percances, me envalentoné y continué con la prosa inspirada:

-         Ojos andaluces, sin ti mi vida no tiene sentido y mis sentidos no tienen vida  -esto dicho imitando el temblor de voz  de Sandro, El Gitano-

-         Entonces son cuatro mil y decídase que no tengo toda la noche.  –me susurró mientras exhalaba una bocanada de tabaco

 

Ante tal firmeza y convicción, propia sólo de las grandes mujeres, guarde el orgullo, la prosa, mis aires de seductor y por supuesto, pague.

 

No voy a contarles los pormenores de la experiencia, eso se lo dejamos a los galanes de poca monta, solo les diré que pese al gran servicio el verla vestirse lentamente, prenda a prenda no tenía precio. Por un momento sentí que la estaba estafando.

  

Y fue así como la empecé a visitar todos los días, siempre pagando los cuatro mil. En poco tiempo termine con mis ahorros, vendí la bicicleta con la bocina y hasta con el broche para sujetar el pantalón, la guitarra, la colección de figuritas, le enseñe a caminar a mi hermano menor y posteriormente también vendí el andador. Todo el tiempo pensaba en ella, vistiéndose, prenda a prenda, canción a canción.

 

-Estás muy flaco, tendrías que dejar de venir tan seguido -me dijo la dueña del lugar un poco preocupada-

 

Todas mis visitas eran iguales, Azucena, cobraba, entraba a la habitación tomándome de la mano y salía a la hora sin el menor gesto de afecto,  no parecían servir mis promesas de amor, mis palabras febriles, mi llanto.

 

Una noche llegué y la dueña me informó que La Ecuatoriana sólo cantaría esa velada porque estaba muy cansada, entonces me arrime a la barra y escuche todo su repertorio, tangos desgarrados y alguna que otra rumbita melancólica, de pronto Azucena se acercó, me tomo de la mano y me llevo a la habitación.

 

-Me dijeron que hoy no trabajabas   -le dije confundido-

-Hoy no vas a pagar, lo que queda de la noche seré tuya  -me dijo mientras se deslizaba suavemente hacia la habitación.

 

Entramos al cuarto de paredes de adobe y techo de paja, nos recostamos, me dijo que estaba muy triste, entonces la abrace, no hicieron falta las palabras, ella se estaba despidiendo. Cuando desperté ya no estaba; en la mesita de luz había dejado cuatro billetes de a mil y una rosa.

 

Esa mañana regrese a casa a la hora en la que las vecinas barren las veredas y en el camino me prometí nunca más ir a ese tipo de lugares, llegué a casa y entre llanto y llanto escribí algo así…

 

De un viejo barrio de Quito
de muros altos y paredes gastadas
salió esta flor
Tiene los ojos negros
la sonrisa cautiva
piel de durazno en la voz,
siempre abraza, nunca besa
Cintura caliente
tenés el alma extraña, extraña de tanto extrañar
fuiste casi mía, cien y más veces
precoz y temeraria
mi dama de honor,
ciertos gorriones solo se enamoran del viento
No sirvieron mil tesoros
llegaba diciembre, nunca dijiste adiós
he recorrido el mundo
cada puerto, cada valle
pido pistas, sólo consigo algún rumor
¡señoras, señores!
¿no la han visto?
tiene los ojos negros
la sonrisa cautiva,
piel de durazno en la voz.

 

Mayo 15, 2007

ACLARACION NECESARIA

Estimados lectores esta vez no aprovecharé la ocasión para relatarle alguna de mis aventuras amorosas, utilizaré este espacio para defender a mi persona, Calixto Flores del Castillo, de las acusaciones de las que ha sido victima en los últimos días.

 

Fueron varias las cartas y llamadas telefónicas, llenas de calumnias y amenazas, las que llegaron a despertar mi ira, mi tristeza y también alguna que otra sonrisa.

 

Por lo tanto las enumeraré y brindaré mi descargo correspondiente, según amerite el caso. No identificaremos a los agresores, los seres grises no merecen brillar.


Sobre que Calixto Flores no es un seductor verdadero, sino un chapucero que miente sobre sus historias para quedar como un galán.

 

Estimado acusador, no defenderé la veracidad de mis historias, no lo necesito, solo quiero decirle que cualquier tipo de historia nunca será más verdad que quien la escribe, que cualquier tipo de arte nunca será mejor que el artista que la realice.

 

Sobre que Calixto Flores del Castillo se ausentó de la ciudad por dos años debido a que estuvo detenido en Palmasola por la 1008.

 

¡Calumnia!, simplemente una vil calumnia, sepan ustedes mis cómplices de aventuras que todo fue un montaje del más burdo tenor, que me encontraba  yo en la ciudad de Montero adquiriendo azúcar impalpable a pedido de una joven repostera,que en esos días pretendía, cuando por alguna extraña confusión me vi envuelto en tal relajo, pero luego de seis meses acompañando a la autoridad fui sobreseído del triste episodio. Cabe aclarar que nunca volví a ver a la dulce y enigmática repostera.

 

Sobre que Calixto Flores del Castillo nunca encontrará a la mujer ideal ya que su ideal es la mujer imposible, bella como el  roció de primavera, dulce como la transpiración de los diabéticos y compañera como la sombra de los fugitivos y por lo tanto quedará siendo un ermitaño, añorando a las damiselas  perdidas.

 

Ja ja, esa es la respuesta ante tal argumento. En la búsqueda del  amor ideal la derrota es inevitable compañeros, pero tal predestinación sólo hace bajar los brazos a los mediocres.

 

Sobre que Calixto Flores del Castillo está viejo, usa un pañuelo de seda que le da un toque afeminado y es adicto al viagra.

 

Aclaremos, viejo es quien deja de soñar, quien deja de sorprenderse con la caída de las hojas en otoño, quien no se entristece con la soledad de un semáforo en un día feriado. Acerca de mi pañuelo de seda, el mismo no me da un aire afeminado, me da glamour.
Con respecto al viagra solo comentaré lo siguiente:
- ¿Quién cuernos fue el chismoso?

 

Sobre que Calixto Flores del Castillo en historias de amores parece tener más derrotas que victorias y por lo tanto no merece el mote de Don Juan

 

¿Que puedo decir? Tal vez sea cierto, las derrotas me superan, pero si quieren un ganador lean las historietas de Kaliman, el hombre increíble. Pero sepan que el gran amor final esta construido de los amores fallidos.


Sobre que Calixto Flores del Castillo provocó la quiebra de La Pascana debido a su abultada cuenta.

 

Falso o en su defecto exageración. Si bien  en su momento sufrí el bloqueo de mi cuenta corriente en el estimado establecimiento, también es cierto que pague toda mi deuda ofreciendo a cambio una propiedad de mi familia en Comarapa. Y si hubiese sabido que luego del cierre realizarían ese horrible edificio que tenemos hoy, hubiese vendido mi maquina de escribir, el tubo de oxigeno de la abuela y la mecedora de mara para financiar un proyecto que respete el honor y la mística de mi querida Pascana.


Realizadas las aclaraciones me despido hasta la próxima, cuando continuaré con mis aventuras amorosas, narrando pedazos de mi vida, reviviendo pasiones, pero por sobretodo sembrando las estrategias para la próxima conquista.

 

Atte.
Calixto

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