A 217 años de la gesta libertaria, La Paz reafirma que su mayor riqueza trasciende su papel político y administrativo. El departamento reúne paisajes imponentes, sitios arqueológicos, circuitos de aventura, arquitectura patrimonial y una cocina que expresa la diversidad de su historia y su territorio.
Para miles de visitantes, el recorrido comienza en el aire. Desde las líneas de Mi Teleférico que conectan El Alto con la hoyada paceña, el Illimani emerge entre las nubes como el gran guardián de la ciudad y ofrece una de las imágenes más emblemáticas de La Paz.
Con una veintena de paquetes turísticos disponibles en el departamento, los amantes de la aventura pueden elegir experiencias singulares, como el descenso en bicicleta por las Mil Gradas o por el Camino de la Muerte, en los Yungas, que continúa siendo uno de los productos turísticos bolivianos más reconocidos internacionalmente.
Una vista de las montañas que rodean a La Paz
Hablar de turismo en La Paz también es hablar de Tiwanaku, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Sudamérica y declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.
“No dejen de visitar Tiwanaku, considerado el sitio arqueológico más importante de Bolivia y cuna de una antigua civilización. Conserva monumentos, dos museos regionales y atractivos como el templo de Kalasasaya, Kerikala y Q’antataita”, recomienda Juan Carlos Cárdenas, presidente de la Asociación Boliviana de Turismo Receptivo (Abatur).
El especialista destaca, además, que La Paz puede contemplarse desde más de una decena de miradores distribuidos en distintos puntos de la ciudad. Desde allí se aprecia la singular geografía de la hoyada, mientras que en el centro histórico sobreviven construcciones coloniales y republicanas, junto con una red de museos que invita a recorrer siglos de historia, arte y tradiciones.
Pero la experiencia paceña también se descubre a través de sus sabores. Las recetas transmitidas de generación en generación conviven con propuestas contemporáneas que recuperan productos locales y revalorizan la cocina andina.
“La ciudad de La Paz tiene una calidad gastronómica que compite a escala latinoamericana”, afirma Ernesto Olivares, presidente de la Asociación Gastronómica de La Paz. A su juicio, el departamento logró construir una identidad culinaria propia gracias a la riqueza de sus ingredientes y al trabajo de cocineros que supieron combinar tradición e innovación.
La cocina paceña refleja la historia y la diversidad del departamento. Desde la tradicional marraqueta, reconocida por su corteza crocante y su miga liviana, hasta la llaucha, la salteña y la tucumana, cada preparación forma parte de las costumbres cotidianas de la ciudad.
A ellas se suman platos emblemáticos como el fricasé, el thimpu, el chairo y el plato paceño, cuyas recetas se mantienen vigentes a través de generaciones. El helado de canela, el sándwich de chola y el anticucho completan una oferta gastronómica que traspasa las fronteras locales y se consolida como uno de los principales atractivos turísticos del departamento.
“Cuando alguien prueba un plato paceño está conociendo nuestra cultura y a nuestros ancestros”, sostiene Olivares, al explicar que detrás de cada preparación existen historias, saberes y costumbres que forman parte de la identidad local.
A 217 años de la gesta libertaria, La Paz demuestra que su atractivo reside en la diversidad de experiencias que ofrece a quienes deciden recorrerla. Entre montañas, patrimonio, aventura y sabores, el departamento reafirma su capacidad de reinventarse sin perder su esencia y se presenta como un destino que invita a ser descubierto una y otra vez.