OPINIÓN



| Hace 5 días


Santa Cruz atosigada

Una actitud irreflexiva de distintos gremios asentados en nuestra ciudad hace que la urbe esté al borde del colapso, pese a que no faltan los esfuerzos del municipio para tratar de ordenar el tránsito y circulación de vehículos y personas; de señalar que existen lugares que son para vivir y no para que sus aceras y calles se conviertan en mercados donde se limita la libertad de los vecinos, que apenas pueden movilizarse para entrar o salir de sus domicilios. Además de la peligrosa suciedad que se renueva diariamente aunque trabajen los servicios de limpieza.

Santa Cruz de la Sierra se resiste al caos que se produce en algunas de sus más importantes arterias y al estrangulamiento del centro citadino, pero el poder gremial, los diversos sindicatos y algunas juntas vecinales hacen oídos sordos a las ordenanzas municipales y se enfrentan a los gendarmes que pretenden poner orden o riñen entre los propios gremios disputándose los sitios que más les favorece a cada quien. Esto es algo que los cruceños del pueblo antiguo jamás admitieron, aunque, tal vez, las nuevas generaciones estén resignadas a soportar tanta anarquía y desacato.

Sabemos que nuestra ciudad ha crecido desmesuradamente y que el progreso ha traído cientos de miles de compatriotas de toda la república y también de extranjeros. Es el precio que hay que pagar por el bienestar esperado. Pero quienes vienen hasta nuestros umbrales y pasan adentro no pueden actuar caprichosamente, a su arbitrio. Deben respetar lo que las autoridades designadas por ley ordenan. Si el trabajo y el esfuerzo son bienvenidos y debidamente compensados, entonces que los malos hábitos se moderen y no cundan como plaga en nuestras calles y caminos. 

En Santa Cruz no se conocieron los bloqueos ni las marchas, ni los asentamientos en las avenidas, ni la suciedad, ni la desobediencia permanente contra las decisiones municipales. Todos nos vamos a beneficiar si se obedece a quienes están decididos a ordenar una ciudad limpia. Los vecinos volverán a la tranquilidad de no verse avasallados hasta en las puertas de sus hogares, y los propios comerciantes –gremialistas, sindicalistas, puesteros o como se los llame– tendrán los espacios que les corresponde para desarrollar libremente sus actividades. Los mercados tienen que estar donde conviene a la ciudad, así como los buses deben transitar por donde se debe y los que vienen solo a vender miniaturas de alasitas que expongan su reconocido arte en el lugar que se les ha asignado. 








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