OPINIÓN



| 19/12/2016


Proyecto separatista

Dirigentes que dicen representar a productores agrícolas y mineros han hecho saber que se proponen desconocer la decisión formal, legal e inapelable de los bolivianos de no autorizar a Evo Morales a presentarse en las elecciones de 2019. El referéndum del 21 de febrero fue contundente: dio al No una ventaja que no se sabe exactamente si fue de 16 puntos porcentuales o de 17 sobre el Sí. Incluso si hubiera sido de solamente dos puntos, como sugieren los funcionarios del Gobierno a cargo del truculento conteo final, el fallo fue definitivo, según reza la Constitución.

Es cierto, los gobernantes aliados de países vecinos están ahora en desgracia, a punto de ir a la cárcel. Pero ese es un riesgo que corren los gobernantes que no han tenido cuidado en sus gestiones y, sobre todo, si han sido corruptos, en persona o a través de terceros. Eso puede justificar el nerviosismo del actual presidente. Ver a Lula da Silva procesado o ver a Cristina de Kirchner en las puertas de la cárcel, ambos por corruptos, debe ser algo que pone nervioso a cualquiera que no haya sido cuidadoso durante su gestión.

Para evitar la justicia, se puede pergeñar un plan de permanencia indefinida en el gobierno, como parece que es la idea del actual Gobierno. Pero esa no es una solución duradera, porque la rendición de cuentas deberá llegar en algún momento. El problema es que las cuentas son muy abultadas. Explicar en qué se invirtieron 180.000 millones de dólares debe resultar farragoso, sobre todo si no cuentas con contadores profesionales, ya que los ministros del área económica que tienes no sirven, porque fueron cómplices.

¿Qué hacer? Si ni siquiera puedes recuperar los 615 millones de dólares del Fondo Indígena, ¿cómo vas a hacer para explicar lo de los 180.000 millones? Eso te da dolores de cabeza, seguramente. Y entonces piensas en romperlo todo, en desear un cataclismo, un tsunami que tenga libre tránsito por Chile y que no deje muñeco con cabeza en Bolivia. Otra idea podría ser plantear el separatismo. Hay una Bolivia que no reconoce el resultado del 21-F y que para revertirlo está dispuesta incluso a dividir el país, a romperlo por dentro, en una implosión política. No es una buena idea







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