OPINIÓN



| Hace 5 días


Nuestros aduaneros olvidados

Está detenido en Chile un grupo de aduaneros y soldados bolivianos. Han caído en las peores circunstancias y previsiblemente estarán allá por largo tiempo. Por un lado, Chile, molesto por la presión diplomática y dolido por la agresividad boliviana, descarga en ellos la tensión, su malestar. Los toma como parte de la gran batalla que vive con Bolivia. Por su parte, Bolivia los exhibe como símbolo de la beligerancia y del abuso de poder chileno. Los muestra como un detalle más del avasallamiento total de nuestros vecinos.

Los que salen perdiendo son nuestros compatriotas presos. Por el bien de ellos, debió aislarse este problema de todas las tristes circunstancias de nuestra agonizante relación bilateral. Es la única manera de darle su dimensión real, de despojarlo de pasiones irreconciliables, de odios incubados por más de un siglo, de venganzas. Pero no. Policías y aduaneros se han convertido en campo de batalla en los días más álgidos de enfrentamiento.

¿Qué sentido tenían los homenajes y condecoraciones a los que habían caído prisioneros antes y que liberó Chile? Eran una bofetada a Chile. Era descalificación del accionar de su Policía, de su justicia y de su diplomacia. Era descalificación de su gobierno y de su pueblo. A más de uno le pudo parecer necesaria aquella bofetada, pero para nuestros compatriotas detenidos significa que ahora el carcelero se lo pensará muy largamente antes de liberarlos.

Seguramente el sistema judicial chileno tiene limitaciones y debilidades, pero no se parece en nada al nuestro. Allá no se maneja a los jueces desde Palacio. Los jueces chilenos no son dependientes sumisos de su poder ejecutivo y son varios kilómetros más profesionales. En eso debió basarse nuestra estrategia. La batalla debió darse exclusivamente en el campo legal, con suave respaldo de una diplomacia conciliadora y educada. En el primer minuto del incidente se debió contratar el mejor bufete chileno de abogados, darles todos los medios y tenerles preparadas las pruebas más contundentes. Debieron callarse los calificativos, las agresiones, las amenazas. El incidente debió separarse de la larga guerra que nos separa. Debieron evitarse los shows de visitas del mayor nivel y de discursos.

Las consecuencias de nuestra agresiva estrategia son que nuestros compatriotas siguen presos y seguirán por un tiempo y que nuestra diplomacia nos ha dejado mal parados a todos los bolivianos. 








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