OPINIÓN



| 17/06/2017


Noticias telepoliciales

Los noticieros en la televisión cruceña –creemos que también a nivel nacional– están pecando de un sensacionalismo que les hace mal a quienes emiten la información como al público que la recibe. Es de suponer que los canales de TV hacen un previo estudio de mercado, un sondeo de opinión, para saber cuál es el contenido que gusta a la gente. Si es así, algo se puede comprender, porque naturalmente, además de realizar una labor social, los canales tienen que ganar dinero como en cualquier otro negocio y los programas no pueden quedarse fuera del ansiado ‘rating’.

Lo que sucede es que en Santa Cruz todos los noticieros, al mediodía y en la noche, dicen lo mismo, centrándose en asaltos, robos, ajuste de cuentas, accidentes con muertes, violaciones, pedofilia y, por supuesto, en marchas, paros y bloqueos, con verdaderas batallas callejeras entre quienes protestan y quienes reprimen. Nos dirán que esa es la realidad de Bolivia, y es cierto. Esa es nuestra triste existencia, pero es también la realidad de Venezuela (donde no hay libertad de prensa) y de Argentina, por ejemplo, donde existen programas amarillistas terribles, pero en determinados canales, no en todos. 
En nuestro medio se salvan uno o tal vez dos noticieros que ofrecen la información importante antes que la noticia trivial. Y no se trata precisamente de los canales más importantes. Ahí se analiza la información y se la comenta, sin muchos medios técnicos, pero con una gran vocación de hacer periodismo profesional. Para saber qué sucede con Trump, o cuántos muertos hubo ese día en Caracas, o qué fechorías cometen las bestias del ISIS, o qué ‘evadas’ habló S.E., no deberíamos zamparnos durante el almuerzo o la cena ataúdes lúgubres, madres llorando por sus hijas, delincuentes con rostros cubiertos y muertos con rostro descubierto. O ver pasar una y otra vez, 10 veces o más, a una infortunada joven aplastada por una volqueta. Eso es morbo y no está bien hecho.

Es sabido que la televisión es el medio que con mayor contundencia y facilidad llega a los individuos, que orienta o desorienta a la opinión pública de acuerdo a lo que se desee. No por nada los gobiernos se cuidan de callar a los canales adversarios o de llenarles los bolsillos a los amigos. Muy mal estamos entonces con una TV que se inclina por mostrar muerte y dolor, bandidaje y venganza, o de lo contrario una vulgar y costosa propaganda gubernamental que llega al hastío. Sería muy bienvenido un esfuerzo por cambiar. 








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