OPINIÓN



OPINIÓN | 24/12/2016


La vida sin dueño

Szyszlo es uno de los grandes pintores de nuestro tiempo y  hubiera sido más conocido de lo que lo es si, como hicieron muchos otros artistas latinoamericanos -Lam, Matta, Botero y otros pocos-, se hubiera quedado en EEUU o en Europa... Pero prefirió volver al limbo, lo que era entonces Perú 

Las memorias que ha publicado Fernando de Szyszlo son tan hermosas como el título de su libro: La vida sin dueño. Un aliento de libertad recorre, en efecto, todas estas páginas en las que evoca su vida, sin eufemismos,  desplantes ni censuras, con tanta franqueza como inteligencia y lucidez. Su palabra guía al lector por una rica experiencia de nueve décadas en la que su vocación de pintor y la pintura son los protagonistas, y, junto a ellas, grandes artistas e intelectuales que conoció y frecuentó en Europa y en América,  también muchos que lo fueron sólo en ciernes, la cultura y la política peruana en el último siglo, su vida pública y privada, las alegrías y desgracias, las ilusiones y frustraciones, y los amores apasionados –tres, precisamente- que  encendieron esa larga existencia.


Szyszlo es uno de los grandes pintores de nuestro tiempo y  hubiera sido más conocido de lo que lo es si, como hicieron muchos otros artistas latinoamericanos -Lam, Matta, Botero y otros pocos-, se hubiera quedado en Estados Unidos o en Europa, en una época en la que París y Nueva York decidían los prestigios artísticos. Pero él prefirió volver al limbo, lo que era entonces el Perú culturalmente hablando, porque, al igual que otro compañero de generación del que habla con cariño en su libro, el poeta y dramaturgo Sebastián Salazar Bondy, necesitaba físicamente la presencia de su país en torno, aunque fuera sólo para dar la batalla cotidiana contra todo lo que andaba mal y lo irritaba en él. Esa ha sido su manera de vivir, de crear, esforzándose no sólo por llegar cada vez a mayores niveles de originalidad y perfección en su arte, sino, a la vez, tratando de sacar a la cultura y la vida cívica que lo circundaba del subdesarrollo, el provincianismo, el aislamiento. Antes de que Sartre desarrollara la idea del “compromiso” ya era Szyszlo un artista comprometido hasta el tuétano.

 

Esa batalla la ha dado a lo largo de toda su vida y, en cierta forma la ha ganado, pero lo extraordinario es que siga dándola, incansable, exigiéndose como si estuviera empezando en todas las horas que pasa diariamente en su estudio –con las cintas de música clásica ensordeciendo el ambiente- y pronunciándose sin cesar, en cartas, reportajes, artículos, sobre todos los grandes temas de actualidad, con una coherencia sin censuras a favor de la democracia, de la libertad,  de los derechos humanos, y de un arte y una cultura sin fronteras y sin trampas, sin complejos de superioridad ni de inferioridad,  demostrando, con su propia obra, que el arte prehispánico puede fundirse con los más ricos hallazgos de la modernidad plástica y alcanzar la universalidad sin caer en lo pintoresco, en el costumbrismo de anteojeras.


Szyszlo fue el primer artista abstracto en el Perú y su primera exposición provocó un estallido de voces críticas. Cuando se hizo famoso internacionalmente, un grupo de empresarios peruanos, viendo que había un museo dedicado a Tamayo en México y que hasta  Guayasamín tenía su propio museo en Ecuador, quiso auspiciar un Museo Szyszlo en el Perú. Un manifiesto de decenas de pintores peruanos, que rezumaba envidia vitriólica, protestó. Szyszlo recuerda aquel episodio, en el que él renunció de inmediato al proyecto, con cierta pena, pero solo porque entre los firmantes de aquel texto había un discípulo al que había querido y promovido. Es una pequeña anécdota sin importancia que ilustra bastante bien aquella  afirmación del Inca Garcilaso de la Vega, que quería al Perú tanto como Szyszlo, pero llamaba a su tierra natal: “madrastra de sus hijos”.


Quienes lo conocen saben que Szyszlo, a diferencia de otros buenos pintores, que pintan solo con las manos (y lo hacen muy bien), es un hombre muy culto, sobre todo de literatura, gran lector de poesía, y entre las influencias que ha recibido, junto a la de artistas como Hartung, Rothko y Tamayo, él menciona a Octavio Paz, José María Arguedas, André Breton, y sus lecturas de Thomas Mann, Paul  Valéry y –sobre todo- de Proust, a quien suele citar a menudo de memoria. Las ideas le han importado siempre tanto como los objetos estéticos y, por eso, las páginas que dedica a su trabajo de pintor están entre las más seductoras y originales de su libro. No es frecuente que un pintor explique con tanta pertinencia la manera como se va fraguando cada cuadro, el pequeño esquema, trazo, línea o figurilla  que dispara el proceso, la intensidad de emociones que genera en él esta aventura cotidiana, la sospecha de que todo aquello viene de las profundidades del subconsciente, la ilusión con que trabaja, y, luego, dice, la derrota inevitable, la comprobación de que lo logrado en el cuadro terminado está siempre por debajo del cuadro concebido como idea, intentando plasmarla cada día, una y otra vez, a sabiendas de que es imposible, porque la absoluta perfección es un demonio desalado al que un creador no alcanza nunca.


Szyszlo es el mejor amigo que tengo, el más extrañado y recordado, y yo creía conocerlo bien, pero sus memorias me han revelado que, bajo esa sobriedad tan austera –que él llama timidez- hay una personalidad menos firme de lo que parecía, más delicada y vulnerable, en la que las traiciones y decepciones –que, por supuesto, vuelca también en su trabajo- dejan una huella profunda, como  la mítica pasión frustrada de  su juventud, a la que oculta tras el seudónimo de Laura, y que describe en sus memorias con una  elegancia que no consigue disimular que, pese al paso de tantos años, hay una herida que sangra todavía.
La muerte de su hijo Lorenzo, en un accidente de aviación, lo afectó de una manera terrible, dividiendo su vida en un antes y un después. Y, aunque todos los que lo conocemos lo sabíamos, ahora, después de las páginas desgarradas con que evoca esa tragedia, lo sabemos mejor, y, también, sabemos que nunca habrá cura para esa ausencia que lo hizo conocer de cerca aquella “boca de la sombra” que tanto lo había intrigado desde que por primera vez se encontró esa expresión en un libro, sin saber qué quería decir y de dónde salía, para descubrir, al cabo de los años, y en qué circunstancias atroces, que la había inventado Víctor Hugo y que era una más de las muchas metáforas que hemos fabricado los seres humanos para no llamar a la muerte por su nombre.


Es bueno vivir los 91 años que ha vivido Szyszlo si se los vive como él lo ha hecho, manteniéndose siempre activo y beligerante, trabajando sin tregua en la persecución de aquel sueño imposible, el cuadro perfecto, fiel siempre a un puñado de principios –la lealtad, la amistad, la verdad, la libertad, el amor- que le han ganado, tanto como su talento creativo, la autoridad moral de que goza en su país, y  el aprecio y la admiración de tanta gente.

Aunque él es parco, y reacio a volcar su intimidad, pese a que en pequeños grupos no puede ser más ameno y divertido, en La vida sin dueño  desvela muchas cosas íntimas –también lo hace Lila, su mujer, en una carta deliciosa que se ha filtrado entre aquellas páginas- consciente de que un libro de memorias sólo tiene  razón de ser si se escribe (o dicta, como parece ser el caso por lo menos de parte de este libro) en serio, con el mismo arrojo y temeridad con que un genuino creador escribe un poema, compone una sinfonía o pinta un cuadro. Su libro se lee con placer y, a ratos, con la misma nostalgia con que él evoca tantas cosas que fueron y ya no son más, y tantas personas que ahora aparecen como recuerdos que los días van desdibujando, y, también, en cada página, aún las más dolorosas, esa convicción profunda de que la vida, pese a lo ingrata que puede ser, es también la cosa más maravillosa que nos ha pasado y, por ello, debemos aprovecharla hasta la última gota 



En esta nota





e-planning ad
e-planning ad
OTRAS PUBLICACIONES DEl AUTOR
A 14 años de octubre negro
Guillén involucra responsabilidad de la ASFI en el fraude del Banco Unión
Consulta urgente sobre la interpretación del Art. 23 de la CIDH
Oposición cree que credibilidad de la Iglesia incomoda al oficialismo
Desnutrición crónica baja al 16% en niños menores de cinco años
Xi Jinping espera consolidar su poder en congreso del PCC
Madrid presiona a Cataluña con amenazas y detenciones de líderes
Huawei apuesta por la innovación e invierte $us 11.000 millones
Falta de formularios y largas filas marcan el inicio de la preinscripción escolar
Danza, grafiti, teatro y la ciudad se analizan en jornadas de investigación
Cochabamba gana las Olimpiadas Científicas, seguido de La Paz y Santa Cruz
Coros estudiantiles del país se reunieron en Tarija
Bolivia, con grandes desafíos ante líderes en competitividad
Pez gordo que estuvo en Palmasola pero fue liberado cae en Brasil con 480 kg de droga
La tapa de hoy
Porongo, en apuros por un incendio forestal
Investigan origen de la contaminación del agua que llega a tres barrios
La oposición denuncia un ‘fraude descomunal’ y el chavismo llama al diálogo
Cardiólogo será distinguido por el Senado argentino
Las ciudades intermedias en la revolución urbana de Bolivia
e-planning ad
En Facebook
e-planning ad
e-planning ad


17/10/2017
Consulta urgente sobre la interpretación del Art. 23 de la CIDH
17/10/2017
Las ciudades intermedias en la revolución urbana de Bolivia
17/10/2017
Santa Cruz, ¿ciudad gremialista?
16/10/2017
Recordando a mi brigadier
16/10/2017
Don Hernán, el olvidado
16/10/2017
1917: la URSS


EL DEBER
 
Te puede interesar
La fortaleza de Suiza radica en su poder innovador y flexible mercado laboral
DINERO

Bolivia, con grandes desafíos ante líderes en competitividad

DINERO

Bancos avanzan a un ritmo diferente en transformación digital de servicios

Casa Ideal es la nueva inversión millonaria del Grupo Saavedra en la ciudad de Santa Cruz
CULTURA

Erick Saavedra Mendizábal: “La desaceleración viene más por miedo que por realidad económica”

Diez

La tapa de hoy

Bulacia Barba levantando el polvo por la ruta de la segunda etapa. Foto: Jorge Gutiérrez
INTEGRACIÓN

Bulacia, no afloja en la Chiquitania

ITALIA

La mujer de Totti protagonizó un polémico beso

Sociales
SOCIALES

Yéssica Mouton espera a una niña

SOCIALES

La agrupación Jarana Carnavalera volverá a saltar en las calles en 2018

SOCIALES

¿Qué le preguntarías a Oriana Arredondo?