OPINIÓN



| 25/05/2017


La Zapata

Conocida como fue la sentencia contra Gabriela Zapata, pregunté cómo se identifica más a esa persona: ¿Por su nombre completo? ¿La Gaby? ¿La Zapata? Puede que la pregunta resulte frívola ante la dimensión del hecho. Después de todo, el juicio contra la Zapata fue –y es– algo más que un proceso judicial. Fue una muestra de cómo se puede manipular la justicia para conseguir un fallo que no busca reparar un daño, sino distraer la atención del fondo del asunto: tráfico de influencias.

Pero no puede haber frivolidad cuando se ponen en la balanza actualidad e historia. Para la actualidad, la importancia del juicio radica en la subordinación de un poder del Estado (el Judicial) no a otro poder, sino a un partido político y sus decisiones cupulares. Para la historia, pesan más los detalles (ahora aparentemente triviales) que ayudarán a recordar este hecho en el futuro.

Un ejemplo del peso histórico de las frivolidades es el de Juana Sánchez, la más célebre de las amantes que tuvo Mariano Melgarejo. Se llamaba Juana Sánchez Campos pero, en su tiempo, la mayoría la conocía como ‘la Juanacha’, porque así la nombraba el déspota. “De la Juana heroína sola”, dice el texto de una imagen de la época, una auténtica caricatura titulada La vida o la bolsa en la que se ve a la mujer y al tirano en un resumen de lo que fue su tumultuoso romance: abuso de poder y tráfico de influencias.

Hoy, 146 años después de la muerte de Melgarejo, pocos, casi nadie, se acuerdan de esa caricatura, y el apelativo de ‘Juanacha’ es prácticamente desconocido. Muchos, eso sí, saben quién fue Juana Sánchez. El nombre de la amante se hizo histórico y, pasando por encima de lo que fue la actualidad –‘la Juanacha’ del siglo XIX–, se impuso vinculado a lo que fue: la novia de Melgarejo.

A la novia de Evo Morales se la conoce más como la Zapata. Todos saben quién es, pero pocos usan su nombre completo, Gabriela Geraldine Zapata Montaño. Cuanto más se le dice Gabriela Zapata. Alguna que otra vez se la mentó como Gaby. Lo más probable es que en el futuro se imponga su nombre simplificado de Gabriela Zapata, como pasó con Juana Sánchez.

De Juana Sánchez no se recuerda detalles. No se dice qué influencia ejerció en los nombramientos que favorecieron a sus familiares, incluido el hermano que después mató a Melgarejo. Ni siquiera se habla mucho de que se enriqueció gracias a su romance con el déspota.

En el futuro se hablará poco de cómo se libró a altos dignatarios de Estado de ser incluidos en el juicio a Gabriela Zapata. Lo que más se recordará es que fue la novia de Evo Morales. 








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