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| 16/09/2018


Daniela y Nadia, para volver a creer

Cada vez que descubro una historia de superación me pregunto dónde radica la fortaleza de quienes la protagonizan. La respuesta más común apunta a la fe, a un acto de creencia absoluta en el poder de una divinidad que todo lo puede. Pero no como un acto solitario, sino más bien como una energía colectiva y compartida que es capaz, en serio, de mover montañas y recuperar vidas. Es una corriente de amor que se alimenta del deseo sincero de querer el bien para el otro, sea familiar o no, sea amigo o un total desconocido. Noble sentimiento que a veces parece ser uno más en peligro de extinción. Hasta que de pronto una se topa con una de esas historias de vida que te devuelven la fe casi perdida.

Es lo que me ocurrió hace poco, al descubrir la conmovedora historia de vida de Daniela y la aun más inspiradora historia de un amor fraternal que está trastocando llantos en risas y dramas en nuevas oportunidades de vida. Diagnosticada con cáncer hace poco más de un año, Daniela no solo contó con el amor incondicional de su familia, sino también con el de sus compañeros de clases, en especial con el de una de sus mejores amigas, Nadia. Fue con muchas dosis de amor que superó sus ocho quimioterapias, hasta celebrar como Dios manda el diagnóstico más esperado: el de la cura. Pudo terminar esta historia ahí. Pero la gratitud rebasó al amor y Daniela quiso añadirle capítulos. A cuatro manos, con Nadia.

A cuatro manos comenzaron a trenzar sonrisas, como han bautizado la campaña iniciada a mediados de este año para alentar la donación de cabellos, destinada a la confección de pelucas que quieren regalar a las ni- ñas enfermas de cáncer. Nadie mejor que Daniela para saber cuál el impacto de una peluca entre quienes además de padecer el mal, pierden sus cabellos como daño colateral de las quimioterapias. Nadie mejor que Nadia para conocer primero el dolor de Daniela al perder su pelo y luego su emoción al recibir una peluca que le ayudó en los momentos más difíciles de su lucha contra el cáncer. Por eso ambas no dudaron en encarar una campaña que cuenta ya con ochenta manos de 38 chicas y dos compañeros del colegio, entregados al trabajo voluntario de la confección de pelucas.

Lo que parecía ser una pequeña acción que buscaba apenas una decena de pelucas para donar a las niñas con cáncer, hoy se ha convertido en una gran campaña que moviliza no solo a unos cuantos compañeros de la “promo” 2018 del Franco Boliviano, sino también a los padres de familia de la promoción y de otros cursos del colegio, a los amigos de todos ellos y a muchos líderes de todas las edades, que se han sumado entusiastas a la tarea de conquistar donantes de cabellos, en cantidades que permitan la confección no de una sino de varias decenas de pelucas. Este domingo 16 –sí, hoyveremos cuál el resultado de tamaña movilización. Ni Daniela ni Nadia soñaron que lograrían tanto en tan poco tiempo y esto es algo muy esperanzador. Lo es sobre todo ahora, cuando venimos de vivir días de tristeza y desolación por el drama que vive el niño Sebastián, con cáncer y ya sin riñones, sus familiares, los del médico que lo operó y el propio galeno.

Lo hecho hasta hoy por Daniela y Nadia va más allá de solo donar pelucas. Trasciende incluso el propósito de la campaña, que es regalar sonrisas y devolver esperanzas a las niñas que luchan contra el cáncer. La historia de amor fraternal que las une desde que comenzaron juntas el colegio nos devuelve la fe en nosotros mismos. Nos pone frente al espejo de nuestras vidas y nos permite redescubrir nuestra propia esencia divina, esa que todos llevamos dentro, pero a la que cada vez le damos menos valor y oídos. Es la esencia de la vida misma. La única capaz de salvarnos de la barbarie a la que nos dejamos arrastrar por comodidad o egoísmo.





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