OPINIÓN



OPINIÓN | 29/12/2016


América grande de nuevo

Con la elección de Donald Trump se puede decir que el mundo ha empezado a cambiar antes incluso de que el nuevo presidente republicano se instale en la Casa Blanca. El lema de Trump de hacer “América grande de nuevo” nunca ha dejado de serlo, no solo por el poder de EEUU como Estado, como república imperial, como la calificara Raymond Aron, sino también por el tamaño e influencia de algunas de sus empresas, como Google, Apple y Amazon, aunque ahora cuenten con competencia. 

Trump, en política exterior, anunció que en sus primeros 100 días denunciará el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) para reemplazarlo por acuerdos bilaterales con cada país. El bilateralismo puede ser su marca, en parte, una respuesta a su electorado de clase obrera y media baja, que quiere ver que algunas industrias vuelvan a EEUU y aunque considere el TPP “un desastre potencial para el país”, denunciándolo, perderá apoyos y fiabilidad.

De hecho, algunos de estos países están virando hacia China ante lo que puede significar Trump para sus intereses comerciales y de inversiones. Con Rusia quiere entenderse, que lo que pretende es acabar con el terrorismo del Estado Islámico y su base territorial en Irak y Siria, y en esto hay coincidencia. Sí está claro que Trump no se propone reconstruir estados o crear nuevos estados, sino centrarse principalmente en levantar nuevamente a EEUU desde dentro. Asimismo, se propone transformar la Organización del Tratado del Atlántico, a fin de que los europeos hagan más por su propia defensa. 


Hay dos acuerdos que Trump se podría replantear: uno es el nuclear con Irán y el otro es el acuerdo con Cuba. La tónica de los primeros nombramientos de Trump es que son gente dura, partidarios de una cierta tortura a los sospechosos de terrorismo, de la vigilancia masiva y de las detenciones indefinidas. En suma, no es aislacionismo, sino bilateralismo, y la muerte del incipiente multilateralismo y de un nuevo derecho internacional que lleva años paralizado, salvo por el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, el llamado COP21 o COP22 tras la reunión de Marrakesh. Al respecto, ha dejado de momento en el aire qué hará al respecto, un tema al que está abierto a la reflexión.

Como señala Robert Kagan, partiendo de que Estados Unidos dejará de ser la “nación indispensable”, Donald Trump tiene poco interés en que Washington lleve el peso del orden mundial, aunque quizá pueda cambiar de parecer 








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