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Trump da un giro con Cuba para ganar oxígeno político


Donald Trump tiró por la borda la política de apertura que estableció Barack Obama con Cuba. Se trata de un ajuste con mirada hacia los anticastristas

Sintieron pocos cambios en su vida diaria, los cubanos no experimentaron muchos cambios con la apertura. Trump cede a la presión del senador Marco Rubio, que investiga su relación con Rusia / Foto: AFKA

18/06/2017

A casi dos años del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, Donald Trump resolvió aplicar la política del cangrejo. Sin romperlas, da un paso atrás y endurece el vínculo entre Washington y La Habana por razones de política interna: darle un guiño al influyente lobby cubano-americano asentado en Miami y al electorado de La Florida, una plaza estratégica para las elecciones en Estados Unidos.


No por nada, las cerca de 1.000 personas que colmaban el teatro Artime de la Pequeña Habana ovacionaron de pie a Trump, le gritaron "te quiero" y le cantaron el "cumpleaños feliz" -recordando que Trump cumplió 71 años el miércoles.


Trump no cerró la embajada de Estados Unidos en La Habana. Eso hubiese sido un retroceso a la Guerra Fría. Solo estamos ante un ajuste, hacia atrás que permita mayor presión al régimen encabezado por Raúl Castro que, por otra parte, avanza en las reformas económicas y acaba de lanzar las elecciones municipales, que permitirán la elección indirecta de un nuevo mandatario en octubre próximo.
El presidente busca el oxígeno político que no encuentra tras el escándalo FBI-Rusia y el fracaso en Oriente Medio, Trump dio un giro conservador respecto de Cuba con más impacto en el comercio que en la política.


Prohibió el comercio con el aparato militar cubano y restringió el turismo libre hacia la isla. Advirtió que no avanzará la anulación del embargo a Cuba en el Congreso y condicionó un nuevo acuerdo a las señales que el régimen castrista pueda dar en materia de derechos humanos.
Uno de los mayores legados políticos del anterior presidente, Barack Obama, fue la apertura de las relaciones diplomáticas con La Habana en 2015, tras medio siglo de ruptura y desconfianza. Desde entonces, Washington ha estado abriendo un incipiente flujo de intercambio comercial y permitió que los estadounidenses viajen dentro de 12 categorías, entre ellas el "intercambio cultural".

Ventas a Cuba 
Las exportaciones de productos agroalimentarios y para el cuidado de la salud de Estados Unidos a Cuba totalizaron en los cuatro primeros meses del año 78 millones de dólares, informó el Consejo Económico estadounidense-cubano.


Solo en abril, Estados Unidos le vendió a Cuba productos del sector agroalimentario, básicamente pollo y maíz, por más de $us 17,9 millones, mientras que las ventas de productos de cuidado de la salud totalizaron $us 91.000.


El Consejo Económico EEUU-Cuba señala que en el caso de los alimentos y productos agrícolas se registró en abril un descenso del 1% con respecto al mismo mes de 2016, pero no informa de la variación en el segundo sector.
Cada uno de estos dos sectores está sujeto a diferentes normativas dentro del intrincado marco legal que rige para el comercio con Cuba debido al embargo económico que EEUU mantiene sobre la isla desde hace más de 50 años.


Algunas empresas estadounidenses han manifestado su preocupación por cómo puede afectar a los negocios que ya tienen con Cuba este endurecimiento de la política hacia Cuba propugnado por Trump.
Según el Consejo Económico EEUU-Cuba, desde 2001 ha habido 93 compañías que han obtenido licencia para exportar a Cuba y han concretado ventas.
El informe indica que en lo que va de 2017 compañías estadounidenses han exportado a la isla productos agroalimentarios por $us 75,3 millones, a lo que se suman las ventas por $us 2,7 millones de productos para el cuidado de la salud.

¿A quién beneficia este giro?
El analista internacional Andrés Oppenheimer asegura que las medidas restrictivas anunciadas por Trump son parte de un “show político” que satisface una agenda política interna y que solo beneficiará al régimen de Raúl Castro en su discurso contrario al intervencionismo estadounidense.
“El cóctel de medidas planeadas por Trump no le va a hacer un daño económico mayúsculo a la dictadura cubana, y le dará al régimen nueva munición para proclamarse una víctima de la “agresión yanqui”. Y también le dará al régimen cubano una excusa para posponer las más mínimas reformas democráticas más allá del anunciado retiro del presidente Raúl Castro, de 86 años, en febrero de 2018”, señala Oppenheimer.


En diálogo con EL DEBER destacó: “Desafortunadamente, ni la apertura de Obama a Cuba en 2014 ni la revocación parcial de esa política por Trump en 2017 han estado motivadas por el deseo de democratizar a Cuba. En ambos casos, fueron motivadas por cuestiones de política interna estadounidense”.


Al igual que Obama hace unos años, dice Oppenheimer, “Trump necesita un titular que demuestre que está haciendo algo en política exterior, después de su fiasco en Oriente Medio. Durante su reciente viaje allí, no cumplió con su promesa de campaña de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, y allanó el camino para un conflicto entre Arabia Saudita y Catar poco después de su partida”.


“La principal razón por la que Trump está pretendiendo preocuparse por la democracia en Cuba es que se lo están exigiendo el influyente senador cubano-americano Marco Rubio, miembro clave del Comité de Inteligencia del Senado que está investigando la posible colusión de la campaña de Trump con Rusia, y el congresista de Miami Mario Díaz-Balart, miembro clave del comité de asignaciones de la Cámara”, remata el analista 



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