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Tribunal ecuatoriano anula exigencia de pasaporte a venezolanos  


La Unidad Judicial Tercera de la Familia ha dado un vuelco en los corazones de los miles de emigrantes que golpean las puertas de Ecuador desde hace meses.

Las autoridades ecuatorianas ya no exigirán pasaporte a los venezolanos. Foto: AFP
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24/08/2018

Un tribunal de Quito anuló este viernes la regulación del Gobierno de exigir pasaportes a los emigrantes venezolanos que entran al país y dio un plazo de 45 días al Ministerio de Relaciones Exteriores para que presente un plan de contingencia humanitario frente a los problemas de la emigración.

La Unidad Judicial Tercera de la Familia ha dado un vuelco en los corazones de los miles de emigrantes que golpean las puertas de Ecuador desde hace meses, y en particular de aquellos que ya habían salido de Venezuela sin pasaporte y estaban de camino o incluso en las terminales.

"Este es un triunfo histórico de la justicia y un triunfo histórico de los derechos humanos", se congratuló el abogado Ernesto Pazmiño al aplaudir la decisión judicial en nombre de la Defensoría del Pueblo. Sin embargo, por el momento no está claro si la jueza ha anulado de forma definitiva la aplicación de la regulación, que entró en vigor el pasado sábado, o la ha condicionado al plan de contingencia que debe presentar el Ministerio de Exteriores en 45 días.

Pazmiño aseguró que no hay relación entre las dos cosas y que lo que la jueza solicitó es un "plan humanitario" que dé respuesta a los problemas que origina la masiva llegada de venezolanos, pero que en ningún caso el Gobierno podrá volver a instaurar la restricción de los pasaportes.

La jueza Judith Naranjo "fundamentó su decisión en el artículo 1 de las Constitución", que establece que "Ecuador es un Estado de derecho y justicia", puntualizó. "Por lo tanto, el Estado y todas sus instituciones tienen un límite en sus decisiones, que son el respeto a los derechos humanos", añadió.

E insistió en que lo que ha hecho la jueza es "sumarse al pedido y al clamor de Ecuador y del mundo de que se dé una respuesta humanitaria al tema de la migración", que es un "problema regional" de todos los países latinoamericanos y deberá ser tratado en una reunión a mitad de septiembre convocada por Quito.

La decisión fue tomada en una audiencia de solicitud de medidas cautelares por parte de la Defensoría del Pueblo contra la exigencia de pedir el pasaporte a los ciudadanos venezolanos, lo que había creado una gran incertidumbre entre los migrantes.

Sobre todo porque Perú, su principal destino, se sumó a la iniciativa y la piensa aplicar desde la próxima medianoche. El viceministro de Movilidad Humana, Santiago Chávez, que estaba en la audiencia, se mostró "decepcionado" por el fallo pero dijo "respetar" la decisión del poder judicial.

"Nos parece que la jueza ha actuado dentro de sus competencias y tenemos que respetar su decisión. Tendremos que analizarla pero aparte de este respeto a la decisión judicial existe también una decepción por parte de las entidades del Estado que fueron demandadas", afirmó ante los periodistas.

Y justificó la decisión de imponer el pasaporte en que, lo que hace la Cancillería, es "todo lo que puede para mantener una migración controlada, segura y responsable para que los ciudadanos venezolanos puedan insertarse en el Ecuador de la manera correcta".

La decisión de la Corte ha causado gran alegría entre los venezolanos que hoy se encontraban en el paso fronterizo de Tulcán, donde los que no tenían el pasaporte veían su ingreso bloqueado. Efe constató que poco después de conocerse la decisión, decenas de venezolanos sin ese documento salieron corriendo hacia la fila para recibir la carta andina de Colombia, el documento exigido hasta ahora.

"Una emoción grande, de verdad que no nos esperábamos eso. Es una ayuda muy humanitaria. Venezuela está que no se puede. Salimos con la intención de ayudar a nuestra familia, a los niños que se mueren porque no hay medicinas", dijo a Efe Nazareth Márquez, de Caracas, en la terminal fronteriza.

Entre otros emigrantes se distinguían lágrimas en los ojos y una gran emoción, mientras muchos, sin creérselo aún, trataban de llamar a sus familiares para avisarles de que ya los dejarían pasar. 



 




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