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Perú quiere reducir a la mitad sus cultivos de coca


Para lograr su meta planea el ingreso de efectivos militares a un temido valle cocalero en el que operan remanentes guerrilleros como sicarios

Efectivos militares erradicando cultivos de coca en Perú. Foto: AFP

24/05/2017

Perú, uno de los mayores productores mundiales de hoja de coca, planea reducir a la mitad sus cultivos hacia 2021, lo que implica ingresar a su mayor valle cocalero, donde remanentes guerrilleros operan como sicarios.

"Queremos que al 2021 haya una reducción del 50% del espacio cocalero en el Perú", dijo Carmen Masías, presidenta ejecutiva de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida Sin Drogas (Devida), al dar a conocer su estrategia 2017-2021.

Según un informe de la ONU en 2015, Perú redujo sus cultivos de hoja de coca en 6,1% a 40.300 hectáreas de esta ancestral hoja, insumo clave para elaborar cocaína.

No obstante, Masías corrigió al alza ese cálculo este año, y aseguró que Perú tiene hasta 55.000 hectáreas. El 90% de esta producción va para el narcotráfico, precisó.

Según Masías, sus cifras están más cercanas a lo que plantea el CND (Commission on Narcotic Drugs) de Estados Unidos, que habla de unas 53.000 hectáreas. Reconoce que ha habido una resiembra en los últimos años de casi 90% de lo que se erradica.

Según Devida, Perú potencialmente produce hasta 400 toneladas de cocaína al año. El narcotráfico mueve unos 2.000 millones de dólares anuales.

De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Colombia, Perú y Bolivia, en ese orden, son los tres mayores productores mundiales de hoja de coca.
   
El temido Vraem

La zona de mayor producción de hoja de coca sigue siendo el VRAEM, acrónimo del valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro, la mayor franja cocalera de Perú, donde también se cobijan los remanentes de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso.

"La ideología de Sendero ya no existe (...) Son remanentes pero ejerciendo de sicarios, recibiendo dinero del narcotráfico. La situación hoy es diferente que hace unos 10 años", detalló. En la zona, el kilo de cocaína llega a costar 1.200 dólares.

"La policía tiene que entrar paulatinamente con inteligencia y capturas. El Ejército tiene que cuidar a la policía", explicó.

Según Masías, el 75% de la hoja de coca viene del Vraem, donde existen laboratorios para procesar la droga. Varias localidades de esa zona dependen económicamente del comercio de hoja de coca.

En su territorio, Perú aplica una política de sustitución de cultivos, como cacao, piña o café, con relativo éxito.

Pese a la erradicación que realiza el gobierno, "No ha habido ningún éxito en el Vraem. Los gobiernos han invertido casi 8.000 millones de soles (unos 2.500 millones de dólares) y no ha habido reducción del espacio cocalero. Se tiene que hacer un ingreso paulatino, pero se tiene que hacer", explicó.

Perú recibe actualmente 25 millones de dólares de Estados Unidos para su programa antidrogas.
   
Brasil, Colombia, Bolivia

Otro tema con el que Perú lucha es la producción y demanda de sus vecinos. Por ejemplo, Brasil, según dijo, se ha convertido en el segundo mayor país que demanda cocaína después de Estados Unidos, con consumos anuales de 92 toneladas.

Masías también informó que, tras el proceso de paz en Colombia, exintegrantes de las FARC están ingresando al territorio peruano para traficar drogas. 

"En Colombia se decomisa mucho más droga que en Perú, en una relación de 200 versus 20 toneladas. Es más fácil venir a Perú y sacar droga", detalló.

En 2015 el Congreso aprobó una ley que faculta a la Fuerza Aérea a interceptar y derribar avionetas del narcotráfico, una labor que antes se hacía junto con Estados Unidos, pero que en 2001 se suspendió porque se derribó por error una avioneta con misioneros, donde murieron dos personas.

La mayoría de estas naves venían de Bolivia, cuya estrategia "es permisiva para el control de cultivos de coca y es puente aéreo para la salida de cocaína peruana", precisó Masías. 

Bolivia elevó este año el límite de cultivo legal de coca, desde 12.000 hectáreas hasta 22.000 hectáreas. Tras la ley de interdicción no se han registrado derribo de aeronaves en Perú, sin embargo se han diversificado las rutas.



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