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Ancianos pobres inundan las cárceles de Japón


Cada año, unos 6.400 presos salen de la cárcel sin un hogar al que ir y se estima que uno de cada tres reincide en el crimen y vuelve a la cárcel en un plazo de dos años

Un cuarto de la población nipona supera los 65 años, una proporción que se acercará al 40 por ciento para el año 2060
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04/04/2016

Las cárceles niponas cuentan cada vez con más presos de edad avanzada, arrastrados por una espiral de pobreza y de aislamiento social, o que incluso buscan entre rejas un "hogar" y unos servicios básicos que les resultan inasequibles.

Japón es uno de los países con menor tasa de población penitenciaria del mundo (47 reclusos por cada 100.000 habitantes), pero también es uno de los que posee un mayor porcentaje de reos mayores de 60 años: aproximadamente uno de cada cinco.

Esa proporción se ha multiplicado desde 2000, lo que coincide con el acelerado envejecimiento demográfico del país, el aumento del número de personas mayores en riesgo de pobreza y de exclusión social y el alza de criminalidad en este grupo de población.

La mayoría de los reos de edad avanzada que cumplen condena en las cárceles niponas carecía de vínculos con familiares, amigos o vecinos antes de ser internados, según un estudio llevado a cabo en los centros penitenciarios nipones por el jurista de la Universidad de Keio (Tokio) Tatsuya Ota.

"Hay muchos factores ambientales que pueden tener un impacto negativo, pero creo que uno de los más importante es el aislamiento social", señala este investigador, que ha realizado varios informes sobre el tema para la Agencia Nacional de Policía (NPA) y el Ministerio de Justicia de Japón.

"La ausencia de apoyo de familiares o amigos, así como las dificultades de acceso a servicios sociales, puede influir más que la pobreza en que estas personas cometan crímenes y reincidan", señala.

El experto prevé que esta tendencia siga al alza en el futuro, puesto que cada vez hay más gente de la tercera edad viviendo sola y "sin conexión alguna con una comunidad", especialmente en grandes ciudades como Tokio.

A esta situación se añaden las magras pensiones públicas que perciben los jubilados -la compensación mensual media es de 78.000 yenes (609 euros), según datos del Gobierno-, cantidad insuficiente para pagar alquiler, alimentos y otros gastos básicos, por lo que muchos se ven obligadas a trabajar a tiempo parcial.

El número de delitos cometidos por personas mayores de 60 años se ha cuadruplicado en las dos últimas décadas hasta superar los 46.200 en 2014, y éstos son ya el grupo de población responsable de más infracciones legales, según datos de la Agencia Nacional de Policía.

El 80 por ciento de estos crímenes son hurtos en tiendas y supermercados, según Ota, quien añade que gran parte de quienes los cometen "reinciden y terminan en la cárcel por falta de programas de apoyo y reinserción social".

Algunos incluso cometen el mismo delito menor de forma repetida hasta terminar en la cárcel de forma voluntaria, una práctica que se da "sobre todo en los discapacitados psíquicos", según el experto.

La mayor afluencia de presos mayores también ha supuesto una carga económica añadida para el sistema penitenciario nipón, en el que el gasto médico se ha duplicado entre 2006 y 2015 hasta alcanzar los 6.000 millones de yenes (46 millones de euros).

El Gobierno puso en marcha el año pasado un plan para favorecer el acceso a la vivienda de los reclusos que terminan condena, mientras que los expertos destacan la necesidad de reformas en el sistema judicial para reducir las penas por delitos menores, así como de programas específicos de apoyo a la tercera edad.



 




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