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VIDA La vida de Ayda con el ‘rey de la cocaína’Revelador. La viuda de Roberto Suárez repasa en un libro los nexos de su esposo con el poder25 de Noviembre de 2012 | 00:05
Querido. Le gustaba que lo vean como el ‘Robin Hood’ boliviano. Fue popular. Ayudaba a gente que le solicitaba recursos desde fuera del país. También tuvo lujos
Edmundo Paz Soldán La anécdota del encuentro con el “carnicero de Lyon” es una de las tantas historias impactantes que se encuentran en El rey de la cocaína: Mi vida con Roberto Suárez Gómez y el nacimiento del primer narcoestado (Mondadori-Debate, 2012), el testimonio de Ayda Levy sobre sus años con el legendario narcotraficante. Levy mezcla registros y pasa del relato ingenuo, casi informal, de cómo vio en primera fila el desfile por su casa de prominentes hombres metidos en el negocio –entre ellos Pablo Escobar- y el nexo devastador entre narcotráfico y Estado, a un análisis geopolítico, cuando menos problemático, de las complejas fichas que se mueven en el escenario mundial de la droga. Cuando se concentra en las cosas que ha visto personalmente, Levy dota a su libro de una fuerza notable, incluso sorprendente para un país en el que las cosas no suelen decirse por su nombre (en El rey de la cocaína hay muchos nombres). Una vez que pase el aura sensacionalista que un libro como este trae, son esas páginas las que quedarán. Incluso con sus partes débiles, El rey de la cocaina es de lectura imprescindible para conocer cómo se vivió desde adentro una de las épocas más oscuras de la historia contemporánea del país. Hay muchas formas de entramar una historia personal. La de Ayda es, sin paliativos, una tragedia. Ayda se enamora “con locura” del apuesto Roberto, hijo de un socio de su padre, descendiente directo del mítico Nicolás Suárez Callaú, el ‘Rey de la Goma’. Pese a la oposición de su padre, que no se equivoca al ver a Roberto como un “mujeriego empedernido”, Ayda le da el sí a Roberto en abril de 1958, a sus 23 años. Las décadas de los 60 y 70 serán de franca expansión comercial en el negocio ganadero y convertirán a Suárez en un poderoso empresario; nacerán los hijos –Roby, Heidi, Gary, Harold- y habrá una relativa armonía conyugal, aunque, con la perspectiva cambiada por lo que ocurrirá a partir de fines de los 70, cuando Suárez toma la decisión de meterse en el negocio del narcotráfico, incluso los momentos de mayor felicidad serán coloreados por el dolor: de su primer día de noviazgo en playa Mansa (Punta del Este), Ayda recuerda haber probado agua salada, que se confunde en el recuerdo con “la amargura” de sus lágrimas, “una premonición de lo que me deparaba el destino al lado del amor de mi vida”. Para los que todavía tenían dudas sobre la alianza narcotráfico-Estado a principios de los 80, el testimonio de Ayda las disipa: ‘Barbie’ fue el vínculo para que Suárez financiara con cinco millones de dólares el golpe de Luis García Meza. En principio, Ayda entiende que la causa es patriótica: se trata de frenar el avance del comunismo en Bolivia. No tarda, sin embargo, en darse cuenta de los extraños negocios de su marido. Cuando lo cuestiona acerca de las numerosas aeronaves que aterrizan en una propiedad en Rurrenabaque, Suárez habla de un supuesto proyecto agropecuario en sociedad con el Gobierno. Hacia enero de 1981, el narcotraficante colombiano Pablo Escobar aparece en la fiesta de cumpleaños de Suárez y es un nuevo socio. Ya Levy desconfía de su marido y el matrimonio está en crisis. Cualquier cuestionamiento se responde de manera mesiánica: el dinero recaudado es para “sacar al país de la pobreza”. La separación (no el divorcio) llega pronto y comienzan los años de inestabilidad familiar, de arrestos y allanamientos que terminan con el asesinato de Roby, el hijo mayor y el favorito, en 1990. Suárez puede decir más de una vez que “el fin justifica los medios”, pero el libro de Levy tiene como moral didáctica precisamente lo contrario.
Las ganancias serían distribuidas para que la CIA pudiera seguir financiando de manera ilegal a los Contras nicaragüenses. Además de ese encuentro, Levy relata una visita de Suárez y de Escobar a Fidel Castro en La Habana, en enero de 1983, con el objetivo de conseguir ingresar a las aguas territoriales y espacio aéreo cubano para hacer más eficiente el ingreso de la droga a Estados Unidos; a cambio, La Habana obtendría un millón de dólares diarios.
Pese a todos esos reparos que se le pueden hacer al libro, Levy ha escrito un valioso testimonio de sus años junto al Roberto Suárez. La apuesta de Mondadori por este libro es indudable: ha salido publicado al mismo tiempo en todas sus casas editoriales (España, México, Argentina y Chile), pronto saldrá la edición en español para Estados Unidos y también ha sido traducido al italiano. Con un cuidadoso trabajo editorial, el relato de Levy viene acompañado por artículos periodísticos de la época, que ayudan a contextualizar la historia.
La ironía de todo esto es que todavía no hay fecha del lanzamiento del libro en Bolivia, el país más interesado en leerlo. Puede que uno de los libros bolivianos más importantes del año termine sin distribuirse en el país este año.
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