REVISTA EXTRA

¿Qué le espera a la firma de Elon Musk tras lanzar su enorme cohete?


Odisea espacial. Marte, con escala en la Luna, es la meta ansiada por el emprendedor de moda en EEUU. El lanzamiento del Falcon Heavy es un peldaño más en su astronómica carrera 

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18/02/2018

Con el exitoso lanzamiento al espacio del cohete Falcon Heavy, el fundador de SpaceX, Elon Musk, se jugó otra espectacular apuesta técnica y mediática. En una señal de su personal confianza en que ese transporte pesado puede ser uno de los pedestales de la exploración espacial de los próximos años, Musk ordenó embarcar en el cohete su propio convertible Tesla Roadster rojo cereza, de la marca que también le pertenece.  El vehículo, tripulado por un maniquí en traje de astronauta quedará alojado en una órbita alrededor del Sol que lo llevará a pasar periódicamente cerca de Marte, a 450 millones de kilómetros de la Tierra. Pero tras cumplir este millonario objetivo, la pregunta ahora es qué sigue para SpaceX y la industria espacial, después de poner en el mercado al cohete más potente del mundo.

 

Cohete a la vista

Días atrás, en las áreas habilitadas para contemplar el lanzamiento del Falcon Heavy, en el Centro Kennedy, miles de personas saltaron de emoción al ver cómo la aeronave abandonaba la plataforma y se abrazaron aún más cuando dos de los tres cohetes que lo componen regresaron ocho minutos después.

Uno de los retos de la misión era lograr el aterrizaje de los tres cohetes aceleradores que formanel Falcon Heavy, para ser reutilizados en futuras misiones, como ya ha hecho SpaceX con el Falcon 9.

Los más privilegiados presenciaron el lanzamiento desde 6,27 km de la plataforma LC-39ª, la misma desde la que despegaron las misiones Apolo con destino a la Luna, entre 1961 y 1972.

Pero aunque el lanzamiento del Falcon Heavy fue uno de los eventos espaciales más esperados desde el proyecto Apolo, Musk ya ha dicho que se trata de solo un paso previo a un cohete todavía más potente, el BFR (Big Fucking Rocket), que su empresa aeroespacial prevé lanzar en 2023 y con el que confía en llevar humanos a Marte.

 

Transporte disponible

Lo que sí permitirá la potencia y capacidad de carga del Falcon Heavy, solo superada por el cohete Saturno V, lanzado por última vez en 1973 con las misiones Apolo, será llevar al espacio satélites pesados. Sin embargo, el aparato entra en actividad en un momento en que la tecnología tiende a recuir el tamaño de los satélites.

La capacidad de carga de este gigantesco cohete, de 70 metros de altura, varía de las 64 toneladas si el destino es la órbita de la Tierra a las 17 toneladas si el objetivo es Marte. Además de su carga útil, sus bajos costos de operación son su otra enorme ventaja: cada misión tiene un coste de$us  90 millones.

 

Satélites más pequeños

De todas maneras, el mercado más inmediato para el Falcon Heavy es el lanzamiento de satélites demasiado pesados para la competencia. Su carga máxima de 64 toneladas duplica la capacidad de su competidor más cercano, el cohete Delta IV Heavy.

Al poner su descapotable personal en órbita, Musk no solo dio un “golpe de efecto”, también demostró a sus clientes potenciales que tenía la capacidad de soltar la carga donde ellos deseen. 

Y la recuperación y reutilización de los cohetes propulsores hace que con $us 90 millones, cada misión sea tres veces más barata que las de su competidor.

En principio, Spacex ha seducido a dos clientes: Arabsat, un consorcio de satélites de comunicaciones de países árabes, y la fuerza aérea estadounidense. Sin embargo, el mercado ha cambiado mucho desde 2011, cuando Musk lanzó su proyecto Falcon Heavy.

SpaceX demoró más de lo previsto en desarrollar su poderoso lanzador y $us 500 millardos en inversiones. El progreso en términos de miniaturización y de nuevos materiales ha permitido mejorar las capacidades de los cohetes más pequeños, incluido el Falcon 9 de la empresa, y reducir el tamaño de los satélites. “Parte del mercado comercial necesita del Falcon Heavy”, dijo el año pasado al diario Angeles Times Gwynne Shotwell, directora general de SpaceX. El mercado “está ahí, y va a ser consistente, pero es mucho más pequeño de lo que pensábamos”.

 

Al infinito y más allá

Hace un año, SpaceX anunció un contrato con dos pasajeros para llevarlos a la Luna y traerlos sanos y salvos a la Tierra. Una hazaña que no se ha visto desde el lanzamiento del Apolo, en 1972.

Los dos turistas espaciales serían instalados en la Dragon2 -una versión para pasajeros de la cápsula que ya entrega carga de la Nasa a la Estación Espacial Internacional, y propulsada por el Falcon Heavy. El turismo espacial es un mercado prometedor, pero los precios todavía lo limitan a los multimillonarios. El viaje a la Luna estaba planeado para este año pero SpaceX no dice mucho sobre  el avance de ese proyecto.

Pero SpaceX mira más allá de la Luna. En diciembre de 2017, Donald Trump dijo que la agencia espacial estadounidense instalará una base en la Luna como paso previo a una misión hacia Marte. 

Sin embargo, el presidente de EEUU fue vago con los detalles, el financiamiento o el calendario de una iniciativa ya prometida por su antecesor, George W. Bush, para 2020, pero que fue pospuesta por falta de fondos.

Todos los gobiernos estadounidenses han apoyado la idea de asociaciones con el sector privado para superar los obstáculos. SpaceX y su Falcon Heavy son una opción, pero  Jeff Bezos, el fundador de Amazon y de la compañía espacial Blue Origin, son otra.

 

Más grande, mejor

La colonización del planeta rojo es una meta a largo plazo de Musk y el Falcon Heavy es un paso en ese proyecto, el cual debe lograrse gracias al próximo cohete, delineado por el empresario el año pasado. 

Ese cohete, por ahora apodado “Big Fucking Rocket” (BFR, literalmente, cohete jodidamente grande) debería permitir a SpaceX resolver uno de los problemas para ir a Marte, el financiamiento. El BFR remplazará al Falcon 9, al Falcon Heavy y a la cápsula Dragón.

Según su diseño actual, el cohete medirá 106 m de altura y tendrá un empuje de 10,8 millones de libras, lo que lo haría el más potente jamás construido, incluido el Saturn V ($us 7,9 millones).

Coordinación. Los propulsores auxiliares regresaron con éxito


 




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