REVISTA EXTRA

Oxford a pie, aquí el saber sí ocupa lugar


Los lugares de esta pequeña ciudad británica para sentir lo apacible que es la vida académica 


15/10/2017

La pequeña localidad británica de Oxford, a una hora en tren al norte de Londres, no es muy conocida como un destino turístico, pero tampoco es una obligación estar inscrito en la prestigiosísima universidad local para admirar la belleza del lugar y darse una idea de cuánto espacio ocupa el conocimiento en uno de los centros de estudio más importantes del mundo.

Sea porque la ciudad alberga el museo universitario más antiguo del que se tenga noticia, el Ashmolean abrió sus puertas hace 334 años, o porque es sede de una de las bibliotecas más añejas de Europa, la Bodleian (foto), con su colección de 12 millones de ejemplares impresos, Oxford es un lugar dedicado a la investigación, innovación y conocimiento reconocido a escala global.  

En sus colegios y facultades se han formado decenas de premios Nobel y fue hogar de dos escritores centrales en la literatura fantástica universal, J. R. R. Tolkein, autor de El Hobbit, y Lewis Carroll, padre de Alicia en el país de las maravillas. 

Seguir los pasos de ambos por Oxford hasta esperar la noche en la taberna ‘The Eagle and Child’, donde acostumbraban acudir en busca de alguna pinta de cerveza, es uno de los paseos casi obligados de cualquier visita al lugar. Los tours guiados se pueden encontrar y contratar online con una sencilla búsqueda en el sitio tripadvisor.com.

Como ciudad universitaria que es, las calles de Oxford vibran en juventud y multiculturalidad,  estudiantes de China, Pakistán o la India se dan cita en Cornmarket Street, la calle de las tiendas y los locales de comida rápida. La actividad decrece a partir de las siete de la tarde, tan rápidamente como desaparecen el pan y otros alimentos de los estantes de los supermercados. La comunidad estudiantil hace compras a diario para la cena y para el desayuno de la mañana siguiente.

Museo de Historia Natural. Un apasionante encuentro con la comprensión de la naturaleza, un dedicado esfuerzo por catalogar el mundo y conservarlo. El paseo por este lugar bien puede tomar media jornada, y lo merece.

Todo a pie
Nada queda demasiado lejos en Oxford, y caminar es una actividad saludable y distraída. Cada dos o tres manzanos es posible toparse con importantes umbrales de piedra que dan acceso a amplios patios con jardines bien mantenidos y muros cubiertos por hiedra que esconde ventanales. Son los ingresos a los colegios, las facultades que salpican esta ciudad desde hace dos siglos.

El visitante puede asomarse a tomar fotografías y hay alguno que ofrece visitas guiadas.
La más imponente de las fachadas de Oxford es sin duda la de la catedral de Christ Church. El edificio está en pie desde el año 1200 y su cripta guarda los restos de personajes como el filósofo liberal John Locke.

Así como el Ashmolean, otros museos en Oxford atestiguan la pasión del imperio británico por conocer y conservar. Es el caso del Museo de Historia Natural y del adyacente museo antropológico Pitt Rivers. El primero es un asomo a la fauna y la evolución en sus más variadas formas, mientras que el segundo es un verdadero tesoro de objetos recogidos en todo el mundo y catalogados por temas.

En más de un sentido Oxford está detenida en el tiempo y fluye con él. Debe ser el dejo de leyenda pegado a sus muros de piedra, puede ser también que el saber contenido por esas paredes las desborda y lo ocupa todo. 



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