SOCIEDAD

La escuela Basilio de Cuéllar cumple un siglo de instrucción y de reforzar la cultura cruceña


Se trata de una institución que pese a los cambios de cada época mantuvo su esencia educativa. Sirvió de cuartel, coliseo deportivo para básquet y box y liceo de señoritas

Hay alumnos con familiares que pasaron por sus aulas y quieren mantener los valores de antaño

10/11/2017

Para encantar a sus estudiantes con la cultura cruceña, el profesor de música Manuel Jesús Barba les enseña a tocar la guitarra al ritmo de melodías orientales. Cuando comenzó a pasar clases, hace 28 años, la escuela era solo para señoritas. En esa época, asegura, la juventud era más educada y tenía valores que la modernidad ha ido borrando, y que él lucha por conservar.

Esta cualidad educativa es la que más le gusta a Raquel Burgos, madre de familia y ex alumna, que tiene un hijo que también pasó por sus aulas y una hija en el coro escolar. “Los que eran mis maestros lo son ahora de mi hija. Mis dos hermanas también eligieron a esta escuela para que se formen, porque, pese a los cambios de cada época, supieron mantener su esencia y refuerzan la cultura cruceña”, manifestó. 

La escuela fiscal de niños Basilio de Cuéllar fue fundada el 9 de noviembre de 1917 por el Ministerio de Educación. Se eligió el nombre en reconocimiento a la trayectoria del destacado político cruceño, abogado y ministro del Interior en 1847. Con los años cumplió diversas funciones en requerimiento de la época; por ejemplo, sirvió como cuartel para los soldados que participaron de la Guerra del Chaco, se usó como escenario deportivo para equipos de básquet y fútbol de salón, e incluso para riñas de gallos. Fue un liceo de señoritas hasta comienzos de 2000 en la que comenzó la transición para convertirse en una unidad mixta. 

Así lo explicó el maestro de sexto de primaria, Freddy Lazcano, que estuvo a cargo de los actos de festejo de los 100 años, aunque reconoció que faltan registros históricos que precisen datos de una de las unidades educativas más antiguas de la ciudad.

“Lo del albergue militar ocurrió porque no había dónde más recibir a los soldados y se instruyó que se le habilitaran espacios en los colegios. Sirvió también como depósito de víveres”, indicó.

Respecto a sus funciones como coliseo deportivo, señaló que fue en los años 70 durante los fines de semana, por pedido de la población, debido a que por entonces carecían de mejores ambientes para la competición.

Un siglo dedicado a educar

El director de la escuela Basilio de Cuéllar, Elmer Villarroel Camacho, manifestó que tenía “pocas palabras” para describir el orgullo que sentía de que la institución celebre un siglo de enseñanza durante su gestión. 
“Lo más destacable es la dedicación del plantel docente, que en muchos casos ha dedicado una vida a la formación de las nuevas generaciones, aún a costo de quitarle horas a su familia”, dijo.

Durante el acto de conmemoración estuvo presente el presidente del Comité Cívico, Fernando Cuéllar; la presidenta del Comité Cívico, Jenny Atalá de Callaú, y representantes del Concejo municipal de Santa Cruz.

El Basilio de Cuéllar cuenta con un plantel de 16 maestros para 320 alumnos repartidos en 12 aulas, con paralelos A y B. La institución funciona solo en el turno mañana y cuenta además con tres administrativos.

El director de la escuela explicó que están conformes con las características de la infraestructura actual. Sin embargo, para mayor comodidad de sus estudiantes, están gestionando ante las autoridades la construcción de un tinglado en el patio, debido a que la cancha que tienen se encuentra al descubierto.

“Sería un sueño cumplido, no sufrir las inclemencias de los cambios del clima”, aseveró.
En la escuela se dictan clases de matemáticas, lenguaje, tecnología, ciencias sociales y música. Se encuentran en la elaboración de un proyecto para la implementación de materias técnicas.  

Una anécdota

La profesora de cuarto de primaria, Yaneth Gómez Lazo, recuerda la mañana de 1995 en la que hubo el último paseo en esta unidad educativa. Se preparaban para ir a La Angostura y uno de los niños pidió repetidas veces que no suban a uno de los buses, pedía que abordaran otro. 
“Fue conmovedor porque al final le hice caso y el bus que evitamos sufrió un choque que dejó varios heridos, aunque no pasó a mayores. La directora de entonces suspendió los paseos y esa decisión se mantiene”, recordó. 

La profesora Bella Romero Banegas, que iba en ese bus, es la más antigua de la escuela y recibió un reconocimiento por sus 32 años de servicio. Asegura que “nunca se faltó a clases” y que, pese a que en su época muchos lo hicieron, ella se negó a pegarle a un niño. Considera las aulas como su segundo hogar. 






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