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Extra: cinco bufeos tienen un rastreador satelital; lee un reportaje imperdible


Cinco bufeos tienen un rastreador satelital que registra todos sus movimientos. Se dio gracias al experimento de científicos de la Asociación Faunagua

Desde 2007, Faunagua investiga a los bufeos. Se trata de una especie única en Bolivia
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08/04/2018

Entre fines de noviembre y principios de diciembre de 2017, científicos de la Asociación Faunagua  realizaron una delicada expedición científica sin precedente. Su misión se concentró en las aguas claras del río San Martín de la comunidad de Bella Vista. 

El nombre completo del lugar es Parque Departamental y Área Natural de Manejo Integrado Iténez del departamento del Beni. El área protegida se encuentra aproximadamente a 330 kilómetros al noreste de la ciudad de Trinidad. 

El objetivo principal de la misión: capturar y marcar cinco delfines rosados bolivianos, más comúnmente conocidos como ´bufeos´, con dispositivos de rastreo satelital para dar seguimiento a sus movimientos y rutas de migración en los ríos de la cuenca por un periodo máximo de seis meses. 

El trabajo fue realizado en alianza con el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF por sus siglas en inglés) y con la autorización de la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegida (DGB-AP). 

La operación estuvo coordinada por los biólogos Paul André Van Damme y Leslie Córdova, de Faunagua, quienes contaron con el apoyo técnico de Adriana Salinas en la toma de datos, de Aldo Echevarría -también biólogo- para la toma de muestras y colocado de los ‘tags’ (nombre de los dispositivos tecnológicos que fueron emplazados en los delfines) y de  Carla Pérez, veterinaria, que, acompañada de su asistente Wilson Miranda, estuvo a cargo de monitorear la salud y bienestar de los animales durante el proceso. 

1. Colocación. Los animales fueron tratados con delicadeza. El dispositivo se colocó en un lugar que no los lastima

2. Transporte. Se hizo en una camilla especialmente diseñada para no lastimar la piel ni causarle mucho estrés
 

Contando delfines
La Asociación Faunagua es una institución no gubernamental sin fines de lucro que lleva más de quince años trabajando en distintos proyectos de conservación y manejo de recursos naturales para el desarrollo local sostenible en ecosistemas acuáticos de Bolivia. 

Si bien la asociación lleva desde el año 2007 realizando importantes estudios de investigación respecto al bufeo, cuyo nombre científico es Inia boliviensis, estos estuvieron en su mayoría orientados a conocer la abundancia y la distribución de los cetáceos en el país. 

“Nos hemos pasado diez años contando delfines y evaluando por dónde se los puede encontrar, por todos los ríos de la Amazonía boliviana -comenta Paul Van Damme, director de la institución-. Ahora, por primera vez en la historia de esta especie, vamos a poder conocer los movimientos y las rutas de migración de los bufeos. Estos datos son fundamentales para avanzar en el estudio de la ecología de los delfines bolivianos y así poder dirigir mejor las estrategias y acciones para su conservación”. 

Leslie Córdova, masterada en zoología, especializada en sistemas acuáticos, que trabaja junto a Van Damme desde hace varios años, fue asignada como la ‘líder de captura’ de la expedición, teniendo bajo su cargo la responsabilidad de coordinación y logística del viaje. 
Córdova pasó semanas estudiando, analizando, evaluando y adecuando un estricto protocolo de captura que fue utilizado con un mes de anterioridad en el vecino país de Brasil donde otros cinco delfines de río (de diferente especie a los bolivianos) fueron marcados por personal del Instituto de Investigación Mamirauá, utilizando la misma tecnología.

Según comenta Córdova, el protocolo tuvo que ser adaptado tomando en cuenta el contexto local, como por ejemplo las condiciones del río, profundidad y accesibilidad. 

Córdova considera además que un factor clave para el éxito de la operación fue la buena relación y coordinación que se sostuvo con el personal local de Bella Vista, que estuvo involucrado en cada una de las etapas de planificación.

“Desde el inicio tuvimos reuniones en Bella Vista con los pescadores y la gente local para explicar el proyecto -comenta Córdova-. Si bien en la zona ya nos conocen porque hemos trabajado mucho en el área y hay una buena relación con la gente del lugar, los pescadores entendieron perfectamente la importancia que tenía realizar este estudio, entonces se involucraron en todo y pusieron todo de su parte, hasta el más mínimo detalle para que todo saliera bien”, dice. 

“Yo puedo conocer mucho acerca de la pesca, manejar material y redes de pesca y conocer toda la teoría del mundo, pero si no existe apoyo del personal local, entonces no se  hace nada, ellos son los que conocen los mejores lugares, y conocen sus ríos mejor que nadie y eso es clave a la hora de tomar decisiones”.

Con ayuda local
Los científicos, que trabajaron en un laboratorio portátil instalado a orillas del río, contaron con el apoyo del ‘equipo de agua’ conformado por diez pescadores locales de la comunidad de Bella vista y cinco guardaparques del PD-ANMI Iténez. Este equipo estuvo liderado por Alexander Vásquez Ayala (Pato), asignado como coordinador del grupo de pescadores. 

El grupo tuvo a su cargo la captura y manipulación directa de los animales en agua, conocidos localmente por su carácter sociable, y de la coordinación permanentemente con el equipo de científicos en tierra.  

Hay unión, familiaridad y confianza entre los pescadores, como miembros de una comunidad que se conoce en las tareas diarias en el río. Pato es un hombre ágil, jovial y lleno de energía, a mediados de sus veinte. “Eso de líder del grupo de pescadores fue solo un nombre, fue solamente para que haya una sola persona que se comunique con el equipo de tierra y no haya mucho barullo, pero fue solo eso, porque después yo sin el resto de los pescadores no hago nada, el trabajo se hace entre todos” expresaba. Moisés Vásquez Salvatierra es un treintañero alto y robusto. Está orgulloso del trabajo realizado en el Parque Departamental y Área Natural de Manejo Integrado Iténez en el departamento del Beni. En esta área protegida Moisés desempeña sus funciones como jefe del cuerpo de protección del parque.  “Hemos hecho la captura y hemos colocado microchips rastreadores a los delfines, a los bufeos, para ver si ellos migran, dónde van o si se quedan en un solo lugar. Estoy la verdad feliz, porque todo salió bien, un éxito”, comenta Moisés, todavía con el cansancio de tres intensos días de trabajo. “Me llena de satisfacción que no se lastimó a ningún bufeo. Eso es lo que yo quería ver con mis propios ojos como jefe del cuerpo de protección y como responsable del área protegida”.

Pato también dijo algunas palabras. En su rostro se veía satisfacción por la destreza y el profesionalismo mostrados por él y sus compañeros en el trabajo: “Mil gracias a todo el grupo de nosotros los pescadores y gracias también a los grupos que han venido de otro lado, creo que todo el trabajo se hizo en coordinación”.

Pato trabajó estrechamente con Córdova en la planificación, realizando visitas previas al río semanas antes de la expedición. Juntos evaluaron los posibles sitios de captura en el río, el número de embarcaciones que se requeriría, el tamaño y tipo de redes, así como todos los restantes detalles logísticos. Revisaron el protocolo de captura con la finalidad de conseguir los mejores resultados posibles para las labores que se realizarían en campo y para garantizar en todo momento el cuidado para con los delfines.  

Tanto Alexander Vásquez (Pato), como Moisés Vásquez, jefe de guardaparques, consideran que el bufeo es un animal que “no le hace daño a nadie” y es por esto que en la zona no se los mata a propósito. Cuando un bufeo se enreda por accidente en una malla de pesca los pescadores afirman que es menester liberarlo, aunque en algunas ocasiones lamentablemente sí se producen muertes de los delfines por ahogamiento cuando la liberación no se realiza a tiempo. “Más bien es un animal que lo salva a uno” dice Moisés. “Si alguien se está ahogando ellos lo sacan”. 

Siguiendo el protocolo de captura, en silencio y de manera coordinada, los pescadores ingresaron al río utilizando varios cercos de redes para ir reduciendo el espacio de agua a los bufeos. Cuando el animal quedó aislado, se introdujo una camilla, diseñada especialmente para esta operación, sobre la que se subía al animal, que era trasladado fuera del agua para ser entregado al equipo de científicos en tierra. 
Todo el proceso estuvo constantemente monitoreado por la doctora Carla Pérez para garantizar el bienestar de los animales. De esta manera, científicos y personal local lograron capturar y marcar exitosamente un total de cuatro individuos machos y una hembra en el río San Martín, perteneciente a la cuenca del río Iténez. Primo, Dame, Joaquín, Martín y Ponchita fueron los nombres asignados a los bufeos por parte del grupo de pescadores y guardaparques. 

 
La leyenda, la ciencia
El bufeo es un animal conocido en las poblaciones ribereñas tanto por leyendas que lo rondan, como por las historias acerca de bufeos que rescatan a personas que están ahogándose en los ríos. Esto confiere a la especie un elevado valor cultural. 

Hay otras características que también le otorgan un significativo valor para el mundo de la conservación. Estudios genéticos de principios del milenio demuestran que Inia boliviensis es una especie que surge entre hace 50.000 a 500.000 años, después de un proceso de diversificación genética que pudo haber comenzado hace seis millones de años y que parece haber sido propiciado por diversos procesos geológicos ocurridos en el periodo del Pleistoceno, como movimientos de placas tectónicas e incursiones marinas que formaron lo que hoy se conoce como la cuenca alta del río Madera. 

En esa cuenca habita hoy en día el bufeo. Está aislado de las demás especies de delfines de río sudamericanos por la serie de cachuelas al norte del país que comprenden el tramo entre las poblaciones de Guayaramerín en Bolivia y Porto Velho en Brasil.

A pesar de que Bolivia es conocida internacionalmente como un país andino, 65,7% de su territorio es amazónico. La cuenca alta del río Madera, que se sobrepone casi enteramente a nuestro país, drena el agua de una superficie aproximada de 700.000 Km2, a través de la cual transporta sedimentos y nutrientes desde la cordillera de los Andes hasta el gran río Madera, uno de los principales afluentes del gran Amazonas (uno de los cinco ríos más importantes del mundo). 

Todo este ecosistema se constituye en la columna vertebral que sostiene la economía de las poblaciones ribereñas.
En Bolivia son 34 las poblaciones indígenas reconocidas oficialmente por el Estado que se identifican en la Amazonía de Bolivia. En esas comunidades, más del 90% de la ingesta proteica de la población proviene del consumo de los peces de los ríos y lagunas de la cuenca. 
En este complejo mosaico de sistemas acuáticos es donde se produce el intercambio de nutrientes que dan como resultado la fertilización de los suelos de los bosques amazónicos. 

El bufeo es el único mamífero exclusivamente acuático que habita esta región en el país y cumple un importante rol como ‘predador top’ al encontrarse en la cúspide de la cadena alimenticia. 

Esto quiere decir que el delfín boliviano no solo es una especie única y particular porque no se encuentra en ninguna otra parte del mundo, sino que además las funciones ecológicas que cumple en el lugar que habita, no pueden ser enteramente sustituidas por ninguna otra especie.

Hay un plan 
En el país los recursos para realizar estudios de investigación siempre son limitados y provienen en su gran mayoría de fondos extranjeros. Enfocar esfuerzos en especies como el bufeo, que no solo es una especie altamente llamativa y carismática, hace que a través de ella se puedan conocer también muchos otros aspectos del ambiente que habita; por lo tanto, al tomarse acciones para su conservación, se protege automáticamente a muchas otras especies de animales y plantas que se encuentran dentro de su rango de distribución y por debajo de ella en la cadena alimenticia.

Actualmente el bufeo es la única especie en Bolivia y Sudamérica que cuenta con una  propia ley de protección nacional (Ley No. 284 de 18 de septiembre de 2012 que declara al delfín de agua dulce boliviano Patrimonio Natural del Estado Plurinacional de Bolivia) y un plan de acción para su conservación, avalado por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Este plan de acción actualmente se encuentra en revisión por parte de la autoridad ambiental para ser lanzado en su segunda versión.

El estudio de seguimiento a través del monitoreo satelital de los delfines como el que lleva a cabo actualmente Faunagua, contribuirá a conocer más acerca de la ecología de la especie y cómo los cambios en el sistema afectan sobre la misma. Se espera enviar los resultados al Ministerio de Medio Ambiente del país para que sean tomados en cuenta en el diseño de las estrategias actualizadas para garantizar la protección del bufeo y su entorno. 

“Existen especies como el bufeo o el dorado que tienen importancia por varios factores. En el caso del bufeo, es carismático, tiene valor cultural, pero además es un buen indicador de la salud de los ecosistemas. Esta acumulación de factores nos hace canalizar el esfuerzo y los fondos para preservar estas especies”, comenta Van Damme, director de Faunagua. “El bufeo regula toda la cadena trófica, entonces sabemos que si algo pasa con él,  la cadena pierde su equilibrio natural. Por esto, a través del estudio de esta especie que llega a ser emblemática para la Amazonía boliviana, podemos saber mucho acerca de su entorno y la afectación del mismo por causa de impactos provocados en el sistema, además cómo estos cambian a lo largo del tiempo. Básicamente estar al pendiente. Los avances tecnológicos como el marcado de los delfines con dispositivos de rastreo satelital ayudan a que, en poco tiempo, con menor esfuerzo y menor inversión económica se obtenga mayor cantidad de información. Esas son las ventajas que nos da hoy en día la tecnología para poder hacer conservación”.

En palabras del científico, no es lo mismo que los bufeos realicen movimientos locales o que migren grandes distancias, puesto que al migrar, la vulnerabilidad de la especie estaría expuesta a una mayor cantidad de riesgos. En este caso, los impactos de una actividad en un sitio y los impactos de otra actividad en otro lugar, aun estando alejado el primero del segundo, podrían generar efectos acumulativos que afecten negativamente a la especie. Estos efectos acumulados son mucho más difíciles de evidenciar y de cuantificar.

Esfuerzo para conservar
Un estudio publicado en la revista científica Nature en junio de 2017 revela que más de una centena de represas ya han sido construidas en la cuenca Amazónica en Sudamérica y se tienen numerosas propuestas para futuras construcciones en Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil.

El estudio demuestra que los efectos ambientales negativos tanto de las represas existentes como las propuestas en caso de ser construidas podrían generar disturbios tanto en la estructura física del paisaje como en elementos biológicos como flora y fauna que, afectarían toda la llanura de inundación de la Amazonía entera. Se evidencia la elevada vulnerabilidad de la cuenca alta del río Madera a estos efectos. Área sobrepuesta al territorio boliviano donde habita el bufeo. 

Periplo registrado
Después de tres meses de seguimiento de los delfines que fueron marcados a fines del año pasado en el río San Martín, los resultados preliminares muestran el desplazamiento de los cetáceos de hasta 330 km a lo largo de los sistemas acuáticos de la cuenca del río Iténez. El estudio se realiza en coordinación con instituciones de Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, países que también marcaron o están en proceso de planificación del marcado de sus correspondientes delfines de río utilizando el mismo método. 

El Instituto Mamirauá en Brasil, la Fundación Omacha de Colombia, la Asociación Faunagua de Bolivia y Pro Delphinus en Perú se encuentran entre las instituciones aliadas que actualmente trabajan en colaboración y coordinadamente para la conservación de los delfines de río en Sudamérica.

Si bien uno de los grandes objetivos de expediciones como la llevada a cabo el pasado fin de año es ampliar la frontera del conocimiento de esta especie emblemática, también lo es valorizarla para las poblaciones locales. Como mencionaba Moisés Vásquez del PD-ANMI Iténez, “todo lo que se hace por dar a conocer el área protegida es bueno, pero también es bienvenida toda la información, porque así podemos conocer más acerca de los recursos naturales que tenemos aquí, a nuestro alrededor, todo lo que nos rodea y que es nuestra responsabilidad proteger”.



 




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