REVISTA EXTRA

En los verdes campos del golf mundial


César Carrasco el árbitro boliviano destaca en circuitos de este deporte


27/08/2017

Sentado a un costado en la mitad del hoyo cuatro del 117vo U.S. Open de Golf, está César Carrasco, único árbitro de golf boliviano, concentrado esperando pasar varios grupos de jugadores, y siempre listo por si hay alguna duda que resolver. Este primer día de juego le tocó el turno de la tarde. Los días son largos en el verano de Wisconsin, donde se está jugando este ‘Major’ de golf por primera vez en sus más de 100 años.  César es uno de varios árbitros de golf de diferentes lugares del mundo invitado a la tarea. Han sido muchos grandes torneos que le ha tocado arbitrar, pero todos tienen sus cosas. “Este año la cancha es muy larga, la más larga de la historia del U.S. Open, parece que esa es una de las razones para que en esta edición estemos en un solo hoyo y no caminando con los jugadores como en versiones anteriores,” comenta.

En los centros mineros
Empezó a jugar golf con su padre, y que cuando tenía 11 años recibió de regalo de navidad un juego de palos de golf.  “Ha sido el mejor regalo de navidad que he tenido en mi vida.” A partir de ese momento comenzó a practicar en serio. Los días de semana, después de colegio, practicaba en Los Pinos, sábados y domingos lo hacía en Mallasilla, ambas canchas paceñas. Recuerda que eran un grupo grande para un deporte no tan popular. Estaban los Ormachea, los Antezana y los Antelo. Eran como 15 niños, casi todos de la misma edad.

Entre los años 65 y 70, la Federación Boliviana de Golf, tenía entre sus principales afiliados a clubes en los centros mineros. Allí el golf empezó cuando Patiño trajo a ingenieros británicos que jugaban golf y construyeron canchas. Esta fue la manera en que se inició el golf en Bolivia y en muchos lugares de Sudamérica. Huanuni, Catavi, Siglo XX y Colquiri tenían su cancha de golf. Oruro contaba con dos campos.

“Mi padre me llevó a mi primer campeonato nacional en Cochabamba, y esa también fue la última vez que me acompañó”, evoca César. Después viajaba solo con amigos, entre ellos Roberto Wilde y Simón Bedoya, que eran mayores y lo llevaban.

César, que nació en La Paz, el 6 de octubre de 1952, cuenta que era una gran aventura ir a las minas. Viajaban en flota a Oruro y de ahí cambiaban a un colectivo que los llevaba a las minas. Cubrían sus bolsas de golf con telas, para que no se empolven. Esos campos estaban a unos 4.000 metros, no había pasto, solo paja brava del altiplano y los ‘greens’ (verdes) eran de arena. Antes de los campeonatos los caddies (ayudantes) y jugadores, rastrillaban la arena para dejar greens lo más llanos posible.

En los viajes se alojaban en salones de los centros sociales o en escuelas. Era como estar de camping. Todas las camas estaban una al lado de la otra. La aventura de visitar aquellos lugares demuestra la pasión que tenía por practicar el golf. No buscaban comodidades, estaban dispuestos a todo con tal de competir en un campeonato y ganarlo.

Desde pequeño era muy competitivo. Se le metió en el cerebro que, si iba, era a ganar. Los premios eran solo trofeos, pero lo más importante era la felicidad de ser los campeones nacionales de ese año. “Siempre me preparaba y practicaba conscientemente para ganar y así lo hice hasta que fui juvenil”, cuenta.

Su primer Sudamericano
En Sudamérica se juega la Copa Los Andes desde 1948, que tenía solo una categoría, mayores, pero viendo el éxito conseguido por el torneo, decidieron hacer el Campeonato Sudamericano para menores de 18 años.

Transcurría el año 1968 y Carrasco fue a Santiago (Chile), para participar en el primer Campeonato Sudamericano Juvenil. Invitaron a los 10 países, pero solamente participaron Argentina, Chile y Bolivia.

Él era el más pequeño de todos... físicamente y de edad también. Solo tres jugadores fueron de Bolivia. Estaba muy nervioso porque era la primera vez que salía del país para competir.  

Bolivia no ganó, pero durante la premiación César fue reconocido por votación de todos los jugadores como el más simpático del torneo. “No era el mejor en el golf, pero sí el más simpático,” recuerda con una sonrisa.

Estudios en Estados Unidos
Estudió Economía en la Universidad en San Diego, en California, Estados Unidos. Fue una casualidad. Llegó a jugar el Mundial Juvenil a esa ciudad, representando a Bolivia, y en esa época se alojaban en viviendas de familia. A César le tocó donde un profesor de esa casa de estudios superiores. 

Después de varios años, cuando le tocó buscar un lugar de estudio, esa fue su primera opción y lo aceptaron. En esa época aún jugaba golf y cuando llegó entró al equipo de la universidad. Jugó pocas veces, porque se dio cuenta de que, con las dificultades del idioma, tenía que darle prioridad a sus estudios. Como antes no habían becas para ese deporte tomó una decisión académica. 

“El deporte era una distracción y un juego, no como ahora que los niños ya piensan en hacerse profesionales”, indica.
 Ya había hecho dos años de Economía en la Universidad Católica, en La Paz. Al terminar su carrera en San Diego, se fue a Indiana donde hizo un posgrado.
Durante estos cuatro años en Estados Unidos casi no jugó ni vio golf.  

A su retorno a Bolivia empezó a trabajar. Se casó con Llubitza Yáksic y nacieron sus hijos Alejandro (35), Patricio (33) y Mayra (28). Ya no podía practicar tanto. 

“Me convertí en jugador de fin de semana, más social que competitivo”, comenta. Así se inició en la dirigencia. Fue capitán del club de Mallasilla y también de la Federación Boliviana de Golf.  Como capitán acompañaba a los equipos que representaban a Bolivia.

Poniendo las reglas
Cuando empezó a jugar golf no tenía interés por las reglas. “Empecé a leer, alguna vez, cuando era grande. Más preguntábamos a gente que las conocía, aunque la verdad es que todos las interpretaban a su manera. Cuando había un problema se resolvía entre los jugadores, sin un comité de campeonato, como se hace ahora”. Era tal la falta de conocimientos, “que pensábamos que el caddie era la eminencia en reglas”, rememora.
Cuando fue presidente de la Federación Boliviana, invitó a gente, de Argentina a dar charlas sobre reglas. Era para profesores y dirigentes, para que estos, a su vez, luego las transmitan a los jugadores. La idea era que en los clubes tengan personas con más conocimiento. Fue así como se fueron haciendo las reglas y hoy en día cuentan con dos libros que todo árbitro debe conocer muy bien, el de las reglas y el de las decisiones.

En el golf cada jugador es su propio juez y este es el deporte con más reglas. “Estas practicando en un campo abierto, donde hay cualquier cantidad de obstáculos, en un área de unas 50 hectáreas, donde pueden pasar las cosas más inverosímiles y hay que tener reglas”, explica.

Amigo del jugador
Él ve al árbitro de golf como un amigo que apoya al jugador. “Así nos presentamos al grupo de jugadores con el que nos toca trabajar: Yo soy la persona que los va ayudar con las reglas”.  El juez no es el que castiga al golfista.
Cesar cuenta que cuando más ha estado ocupado con el tema de las reglas es en los campeonatos Sudamericanos de menores, porque son los que menos las conocen y se ponen en situaciones más complicadas. Como árbitro es una gran experiencia, porque está todo el tiempo actuando, definiendo situaciones, muchas de ellas, nuevas. Siempre se consulta el libro de decisiones para ver un caso parecido. Cuando es algo novedoso se lleva la consulta al comité de Saint Andrews. El árbitro es el que tiene la última palabra.

A nivel de reglas César ha representado a Sudamérica en el comité mundial, es también el jefe de reglas en la Federación Sudamericana. Y ahora han formado un comité de reglas con representantes de cada país, financiado por gente de Escocia que cada año da cursos de capacitación para que sus miembros luego capacitan en sus países a los árbitros. 

Como actual secretario ejecutivo de la Federación Sudamericana, una de sus mayores responsabilidades es la de ayudar a desarrollar el golf, a través de la organización de torneos. Es el nexo entre los países afiliados a la Federación y organizaciones mundiales como el R&A y la USGA.

En estos años llegaron a concretar apoyos en las reglas, en mantenimiento de canchas y en financiamiento de campeonatos y para el desarrollo del golf en cada país, en desarrollo de campos públicos.  Y en Bolivia consiguieron apoyo para un programa de niños.  



En el mundo de las estrellas

César tuvo la oportunidad de estar con las grandes estrellas del golf mundial. Él siente la presión cuando le toca un grupo de famosos. En el British Open estuvo con el grupo de Tiger Woods y Sergio García, ambos muy populares, con guardias de seguridad y con mucho público que los seguía, al igual que la prensa y las cámaras de televisión. Él esperaba que no le toque una situación difícil donde tenga que estar pensando mucho. Solo tuvo dos consultas sencillas de García y todo salió bien.

Tiger Woods, con él y con todos los árbitros siempre fue muy educado. “Al final de la ronda me agradeció por el trabajo, por haberlos acompañado, al igual que su caddie Steve. Se lo puede ver un poco serio y lejano con el público a veces, pero hay que entender que están jugando en eventos muy importantes y tienen que estar muy concentrados en lo que tienen que hacer en la cancha.  Como árbitro debes controlar todo lo que pasa dentro de las cuerdas, por suerte toda esta gente es muy profesional”, manifiesta.

Otra experiencia inolvidable fue el tercer día de juego del British Open, en el hoyo 18. El jugador estaba empezando muy bien. Se le fueron todas las cámaras a la mitad de la cancha, y una de las torres de la televisión estaba en la línea de juego.  

En ese momento estaban jugando en el green y la bandera no estaba puesta, entonces tenían que esperar a que la pongan, para hacer la liberación. Esta espera  causó cierta confusión en la televisión, y el comentarista de la BBC se preguntaba qué pasaba con ese árbitro, porqué estaban esperando tanto tiempo, pero el comentarista especializado en reglas dijo que conocía a Carrasco y que estaba haciendo lo correcto. 

“Ese fue mi minuto de fama. Cuando volví, luego de terminar de arbitrar ese partido, todos mis amigos me dijeron que salí en la televisión,” cuenta muy feliz.

Con buenas calificaciones
Para el argentino Eduardo Botte, director de Reglas de la Asociación Argentina de Golf y representante sudamericano en el Comité de Reglas del Royal & Ancient (R&A), el desempeño de Carrasco como árbitro siempre fue impecable, y las veces que ha compartido con él varias Escuelas de Reglas siempre tuvo excelentes notas.

Como anécdota, recuerda a Cesar arbitrando The British Open y dándole un fallo al jugador argentino Ángel Cabrera. “No arbitré ese año, pero la situación se vio en directo por televisión, incluso con un micrófono en el lugar donde se lo escuchaba, y el ‘ruling’ (decisión) dado por César fue tan perfecto que recuerdo haberle mandado en ese momento un mensaje felicitándolo por su procedimiento”, recuerda Botte.

Al margen de sus exámenes, su trabajo o sus arbitrajes, agrega Botte, lo más importante de César es su persona, su bonhomía, su permanente sonrisa y sentido del humor, su apoyo a quien lo necesite y tratar de solucionar temas de la manera más amistosa posible, lo que ha hecho que tenga el reconocimiento de jugadores, de dirigentes, y del mundo del golf en general, que siempre estará agradecido por su contribución al desarrollo de este deporte. 

En el golf, no es como en el fútbol que los árbitros tienen su asociación en el ámbito mundial. En el golf son comités que trabajan en los diferentes torneos. Los únicos árbitros profesionales son del PGA (Professional Golf Association, por sus siglas en ingles) en Estados Unidos, y en el Tour Europeo. Ellos son pagados. Pero en los cuatro torneos más importantes que son parte del Gran Slam de golf, son voluntarios. 

Su pasión por el arbitraje

Cuando entró a la Federación Sudamericana, a la Secretaría ejecutiva, desde el 2001, ese año invitaron a gente del Royal Saint Andrews a un campeonato de Copa Los Andes que se jugó en Brasil.  Vinieron un par de directores, y con ellos el encargado de reglas. Un joven a quien César ofreció acompañarlo, fue así como nació su interés por este trabajo. 

Uno de sus trabajos en los campeonatos sudamericanos es la revisión de la cancha hoyo por hoyo. Ver los lugares que pueden ser complicados. Revisar el largo de la cancha para las distintas categorías de juego y toma notas de cualquier cosa que considere importante para el desarrollo de su trabajo. Además, es responsable de ver la posición de la bandera en los ‘greens’ en los días de competencia. A las canchas que no conoce, va con varios meses de anticipación. La última marcación de la cancha la hace él.

Siempre lleva su libro de reglas, y dependiendo del pronóstico del tiempo, decide que más llevar en su mochila. “Siempre averiguo donde está la caseta del encargado, o el clima; me informo para evitar sorpresas, no llevar nada de más, ni olvidar algo que pueda necesitar”, asegura. 

Algo importante que hizo como vicepresidente y luego presidente de la Federación, además de organizar campeonatos y lograr alianzas con otras federaciones, fue estandarizar el proceso del hándicap, para que todas las canchas de Bolivia usen el mismo sistema.

Después de dejar la Federación Boliviana, fue invitado a la secretaría adjunta de la Confederación Sudamericana, junto a un colombiano. Ganaron y cuando este se retiró, César fue elegido como secretario ejecutivo por sus méritos en Bolivia y Sudamérica. 

El cargo no tiene espacio físico, pero sí una sede virtual. Se reúnen dos veces al año en congresos y durante todos los torneos.  

La más alta del mundo
Mallasilla, la cancha de La Paz, fue prácticamente su segundo hogar. Desde muy niño jugó ahí y vio sus transformaciones desde sus inicios en los años 60, hasta hoy. Después de conocer más de 100 canchas de golf en el mundo entero, para César, Mallasilla es extraordinaria. El lugar en el que está ubicada, la hace única. “No solo es por la altura. Los extranjeros que vienen a jugar quedan maravillados por la topografía. Es una isla verde en un terreno muy árido. Tenemos cerros de muchos colores y al fondo el Illimani nevado. Es impresionante”.  

En su criterio, la cancha tiene una buena calidad para un torneo. Sus pastos son muy manejables, son increíbles. Como en algunas canchas en Bogotá y Quito, su mantenimiento es barato.

Cree que el hoyo más llamativo es el lunar, lo considera nuestro hoyo identidad. “Ahí tienes todo. El terreno erosionado, el verde del ‘green’ y al fondo las montañas. Quizás no sea el mejor ‘golfísticamente’, pero el 12 es el ícono de Mallasilla”, asevera.

Sin época dorada

Para César nunca hubo una época dorada del golf en Bolivia, pero sí varios golfistas que destacan. Reconoce que como equipo, en 1987 Bolivia ganó la Copa Los Andes en casa. Jugar en Bolivia es una ventaja, pero hoy la altura de La Paz ya no afecta tanto, porque los jugadores son más jóvenes y están mejor preparados.

Recuerda al paceño Jorge Corzo como uno de los mejores jugadores no solo del país,  sino en Sudamérica. El cochabambino Alejandro Olmos es otro destacado golfista y ahora Sebastián McClean, que se dedica al golf profesionalmente.  

Grandes satisfacciones

Su trabajo en estos 17 años lo ha desgastado, pero no por ello lo ve menos interesante. Su pasión no la puede mantener jugando a nivel competitivo, pero sí con su aporte al golf, que es uno de sus objetivos, y ello le dio grandes satisfacciones y conoció a grandes personalidades del golf. 

“Cuando iba a jugar a las minas nunca pensé que podía estrechar la mano a Jack Nicklaus, que en esa época era un gran ídolo o Tom Watson. Tampoco pasó por mi cabeza ser árbitro de los mejores jugadores del mundo y menos poder jugar en algunas de las mejores y más famosas canchas”, cuenta con profunda emoción.

Está seguro de que, al seguir sus principios y su filosofía de vida, el golf lo ha convertido en una mejor persona, porque practica las normas de honestidad y de respeto y consideración a la naturaleza.

“Hubo grandes avances y modificaciones en las reglas y en el juego. Lo bueno es que he sido parte de ellos de alguna manera. Pero una de las más grandes satisfacciones es que soy el único boliviano invitado como socio del Club Royal & Ancient, de Saint Andrews, fundado en 1754. Son 2.000 miembros en total, solo 700 fuera de Gran Bretaña”, expresa Carrasco con mucho orgullo. 



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