REVISTA EXTRA

Cuando la casa es un aula para los niños


Al ritmo de los niños el home schooling es ya una opción para varias familias. La educación tradicional en las unidades educativas, tiene hoy una alternativa


29/10/2017

Caleb tiene sus pupilas inquisidoras puestas en el pedazo de hielo que está en una plancha de metal plana. Poco a poco, con el calor de la hornilla, el hielo se derrite. Más calor: el agua se va evaporando. El niño explica luego los estados sólido, líquido y gaseoso del agua. 

Ahora, Caleb está en un jardín. Ha preparado la tierra, cortó –con ayuda- una botella para el almácigo y sembró una semilla. La regó. A su tiempo, cosechó una roja alegría: rábanos. 

Caleb tiene detrás de sí una pared que utiliza como pizarra, que va desde el piso hasta el techo. La pizarra parece una metáfora de lo que debe ser el aprendizaje: desde el comienzo hasta el final, el límite es solo el cielo. 

En la pizarra-pared, que está en su casa, hay mensajes permanentes, como “Te amamos” y “Creemos en lo que dices”. También hay recordatorios sobre los verbos y sus terminaciones: ar, er, ir. Caleb ha empezado a explicar las propiedades de los imanes. Lo hace mientras traza las fuerzas magnéticas de atracción y repulsión. Delante de él hay dos personas mayores desconocidas y, además, están tomándole fotos y haciéndole preguntas, pero él no se siente nervioso. Habla relajado, seguro. Se nota que ha aprendido como quien respira. 

Todo este aprendizaje se ha realizado en la casa, la escuela principal que conocen los tres hijos de Alejandra Sangüeza. Los lunes, miércoles y viernes asisten a clases particulares de matemáticas a las nueve de la mañana. Asisten también a Sal & Luz, una escuela de liderazgo y entrenamiento, entre las 10:00 y las 12:30. Las materias de Ciencias y Sociales se aprenden a través de la vivencia, es decir, con lo se llaman recursos vivenciales. En estos días, los tres hijos de Alejandra están aprendiendo sobre la producción de Bolivia. Han acordado visitar algunas empresas, como la PIL, para entender cómo funciona la cadena productiva. Visitarán también algunas otras para aprender sobre la elaboración de telas. 

La decisión

Hay varios motivos por los que los padres deciden prescindir de la escuela como hoy la conocemos. Dorcas Audei, que vive en La Paz, menciona una de esas razones: “El contexto escolar no permite alimentar sus capacidades. Mi niña de seis años medita y necesita respuestas reales y sensatas. Un día me preguntó por qué morimos. Era un tema importante para charlar, pero en el colegio no se puede”. 

Hoy, sus niñas tienen 12, diez y dos años. La mayor dedica tiempo al ballet, puede leer música y tiene inclinación por las matemáticas; sumaba y restaba a los tres años. Lizbeth ha integrado el equipo de robótica Panda 2.0, que en mayo visitó Dinamarca, gracias a que ganaron un lugar para competir en la First Lego League Open European Championship. 

No es raro que las niñas de Dorcas abandonen una tarde de descanso frente al televisor porque una de ellas ha organizado un curso de dibujo, que dictará en el patio. Juega a ser la profesora, aunque el juego es cosa seria. Tampoco es raro que una insista en avanzar más de una unidad de su libro de matemáticas, cuando en la escuela tradicional casi ningún niño agarra un libro después de clases. ¿Por qué se aburren tanto los niños en la escuela? 

Cuando jugábamos libres
Los antropólogos empezaron a dar una explicación a ese tedio en varios estudios. Descubrieron que la época en que los humanos aprendían jugando se correspondía con la recolección y la caza, es decir, antes de la aparición de la agricultura. El aprendizaje se hacía libremente mientras se jugaba y se iban adquiriendo las habilidades para conseguir alimento. El impulso del juego y la exploración son tan fuertes en los niños que los antropólogos establecieron claramente que los grupos de cazadores-recolectores no distinguían entre el juego y el trabajo. Los detalles -conocimiento de plantas, de frutos, de rutas de animales- se iban adquiriendo en un proceso que  desembocaba naturalmente en las habilidades para no morirse de hambre. 

Luego vendría la agricultura y el tiempo para aprender empezó a excluir al juego y se ciñó a las labores propias del sedentarismo. Los niños tuvieron que pasar más tiempo ayudando en las labores de la casa y labranza. 

Miles de años después, la educación en sociedades como egipcia comenzó la instrucción y entre los griegos, la educación empezó auspiciosamente como una academia libre en la que se discutían ampliamente los temas. Detalle: solo podían asistir varones. Forzoso es saltar a la Edad Media, que si bien vio el nacimiento de algunas universidades, pronto dio paso a una época de la que se habla poco. 

2. En famlia. Dorcas Audei goza cada minuto con sus hijas. Se ocupa del avance todos los días. 
5. Tane. Tane da Souza es un concejal de Salta (Argentina). No fue a la escuela y se graduó de la universidad como uno de los mejores alumnos. Es Físico. 
6. Celebración. La historia de Tane da Souza es conocida en Argentina. Hubo juicios en los que los padres home schoolers ganaron y su trabajo fue reconocido por el sistema universitario. 
1. Seguridad. Caleb se instala con naturalidad en la pared-pizarra de su casa. Habla de magnetismo y de los diferentes estados de la materia. 

3. Concreto. Los objetos son útiles para aprender de formas, cantidades y letras. 

4. Lectura. A los tres años, el pequeño de Sofía S. aprendió a leer. Usó el cuento The very hungry caterpillar. También practicaba inglés. 



Educación obligatoria
“Fue en el siglo XVIII, en una época llamada Despotismo Ilustrado, cuando se creó el concepto de educación pública, gratuita y obligatoria”, dice Rafael González, del colegio Rudolf Steiner de Chile, en la película La educación prohibida. “Para evitar las revoluciones que ocurrían en Francia, los monarcas incluyeron principios de la Ilustración para contentar al pueblo, pero mantuvieron el régimen absolutista. 

Como se la conoce hoy, la escuela nació a principios del siglo XIX en Prusia. La escuela prusiana se basaba en una fuerte estructura de clases y castas, heredera de Esparta: fomentaba la disciplina, la obediencia y el régimen autoritario. 

Poco a poco, este exitoso sistema se extendió por Estados Unidos y Europa. Los educadores iban en romería a Prusia para capacitarse. Por esa época, Prusia es lo que hoy se busca en Finlandia: una formadora de seres para el futuro. 

Los países importaron la moderna idea del acceso a la educación para todos, con el discurso de la igualdad, pero con un inspirador despotismo en el fondo: división de élites y clases. Napoleón, recuerda Rafael González, quería un cuerpo docente para dirigir la opinión del pueblo. “Eso opera, se sepa o no se sepa, hasta el día de hoy”. 

La escuela nace en un mundo positivista regido por una economía industrial. Busca resultados observables con el menor esfuerzo e inversión posibles. La escuela es la respuesta ideal a la necesidad de contar con trabajadores. Los empresarios del siglo XIX financiaron la escolarización obligatoria (JP Morgan, Rockefeller). Fernando Jorquera dice que los empresarios se preguntaban: “¿Dónde coloco a los hijos de estas personas para que puedan trabajar? Ah, y también tenemos que crear obreros inteligentes”. 

A eso respondía la educación, y lamentablemente, aún sigue siendo lo mismo, dice Ginés del Castillo, de la Escuela de la Nueva Cultura La Cecilia, de Argentina: “La educación es una herramienta útil para que la cultura se repita. Eso es conservar la estructura actual de la sociedad”. 

En Bolivia, por esa época, estaba en auge la reforma educativa liberal (1899-1920). Según el pedagogo Weimar Iño Daza, de la Universidad Mayor de San Andrés, esta reforma pretendía una ‘regeneración’ con doble proyecto político: por una parte, modernizar el país para encaminarlo hacia el progreso positivo; y por otra, reforzar la nación y unidad (es decir, la creación de súbditos de un estado, como buscaron Napoleón, los enciclopedistas franceses y la escuela prusiana). 

“El discurso de progreso, modernidad e industrialización exigía la necesidad de instruir y formar la mano de obra calificada, lo que implicaba que los futuros obreros y mineros sepan leer y escribir”, dice Iño Daza. Y aún quedaba flotando, como se decía entonces, ‘la cuestión del indio’. 

Alumnos en serie
Así, la producción en serie fue un concepto trasladado a la escuela: era necesario producir obreros. Cada persona era moldeada poco a poco según su edad y según los contenidos desarrollados por ‘expertos’ con escasa experiencia en el aula. 

La enseñanza se hizo obligatoria y empezaron a decirle al niño qué debía aprender. En suma, la escuela comenzó a ser una fábrica de seres obedientes, consumistas y eficaces. “Un sistema que deshumaniza”, resume Rodríguez. 

Así que no, así no, sienten las madres como Karina Kullberg, una misionera sueca que vive en Santa Cruz. Decidió instalar la escuela en su casa para poder pasar más tiempo con sus hijos y escapar del gran parqueo para niños que es el colegio, según el educador William Rodríguez. 
“El colegio –dice Karina Kullberg-  les consume mucho tiempo y luego tienen actividades. Ya no tenía tiempo para estar con ellos y queríamos ser parte de su formación. Esa posibilidad no existía en la escuela”. 

La opción que aplica Karina no es nueva. Desde hace varias décadas los misioneros como ella compran una currícula en Estados Unidos y enseñan en inglés. La ventaja es que varios países permiten ingresar a la universidad con este tipo de currícula. 

¿Y la socialización? La asesora pedagógica Kathy Ríos, que conoce la educación en el hogar que suelen utilizar los misioneros, dice que este sistema es  desventajoso porque no permite la socialización. “Por naturaleza, el ser humano es sociable”, comenta. Los padres home schoolers dicen que el argumento de la socialización es el primero que escuchan cuando son cuestionados. 

Karina Kullberg cuenta: “Mis hijos extrañaban a los amigos. Pero aparte de eso, ya no hacían las tareas de repetición del colegio. Empezaron a recibir otro tipo de enseñanza, con mensaje. Ahora se hicieron amigos de otros niños y están contentos con la educación en casa”. 

Los hijos de Alejandra siguen viendo a los compañeritos que tenían cuando asistían a un colegio regular: “El problema de la socialización, que es lo primero que le tiran a uno, es lo de menos. De hecho, ellos interactúan con diferentes ambientes y grupos de personas, sin presión”. Además tienen la ventaja de que cuando los amiguitos tienen tiempo, ellos también lo tendrán, porque su rutina es flexible. 

No es un método
Esa flexibilidad, dice Alejandra, es uno de los factores que hacen del home schooling un estilo de vida más que una metodología.  “Cambia la vida de la familia, la rutina. Se vive en el proceso la desintoxicación escolar, tanto de la mentalidad como del tipo de metodología y de los horarios rígidos para aprender. En la escuela dejan de lado las inteligencias múltiples de cada niño. Un niño es distinto a otro, pero se les exige por igual. ¡Desde el embarazo son diferentes y de a poco se los encasilla en un molde! Me costó bastante. Estoy ya un año enseñando a mis hijos y lo bueno es que lo disfrutan. Tienen más tiempo para hacer lo que les gusta. Uno hace ciencia, también robótica, y a la otra le gusta el arte”. 

D.C. también vive en Santa Cruz y comparte saberes con sus hijos de 11 y de 8 años. Prefiere mantener sus nombres en reserva: “La socialización es más rica con el home schooling. Por ejemplo, tienen que llevarse mejor con el hermano más chiquitito y ahora tenemos más tiempo para visitar familiares.

Me preocupaba, antes de tener la opción de educarlos en casa, de que no podían relacionarse con sus bisabuelos. Es hermoso que los aprovechen y ellos eran desconocidos para los niños, pero ahora los abuelitos están más cerca. Trabajamos con jóvenes en una iglesia, así que interactúan con personas de todas las edades. Ellos hablan con jóvenes y adolescentes”. Sus amiguitos más cercanos los visitan regularmente y revitalizan su amistad con lo que mejor saben hacer los pequeños: jugar y divertirse. 

Libertad, libertad
La palabra ardiente de los mejores pedagogos de América Latina le da la razón a estas mamás. Andrea Orecht, PhD en educación, dice que, en un estilo centrado en la casa, el niño explora más y estudia porque le gusta aprender. “La educación sin escuela es colaborativa, se fomenta el autoaprendizaje libre”, afirma. ¿Permanecer callados todo el tiempo, incluso vigilados con cámaras? Un exceso. 

“Todo vivir humano ocurre en conversaciones y es en ese espacio donde se crea la realidad en que vivimos”, dice el educador Humberto Maturana. El pedagogo Alexander S. Neill afirma que para poder tomar decisiones es necesario que el niño se mueva, toque, descubra, que siga impulsos: “Cuando eligen las materias, aprenden a autogestionarse”. 

María Gabriela Albuja, de la Escuela Activa Inka Samana de Ecuador, asegura que elegir un tema de estudio les ayuda a darse cuenta qué otras cosas pueden elegir, y así “forman una idea más clara de sí mismos. Si lo hace con amor, le va a ir bien. No se puede aprender libertad en teoría. Tienen que ser libres en la escuela.Los dependientes no harán lo que quieren, sino lo que otros quieren”. 

Hay que tomar aire después de oír a estos educadores que han puesto en práctica estos procedimientos en Argentina, Ecuador, Colombia, Chile y Uruguay. 

Temor al Estado
Hay aprensión en varios padres home schoolers cuando se trata de contar su experiencia. Eso se debe a que los estados siempre intervienen en el proceso. Piaget habló de la escuela activa en la década de los 50, Paulo Freire de la pedagogía liberadora con el diálogo como una de las herramientas en los 60 y María Montessori propuso seguir al niño en lugar de recetar una currícula desde la visión adulta a principios del siglo pasado. Todos los modelos o sistemas fueron devorados por los Estados. 

No es raro que los padres como D.S., de Cochabamba, también prefieran no dar a conocer sus nombres, por dos razones: primera, sus hijos sufren bullying por parte de los alumnos de la escuela regular. Claramente, no tienen las herramientas para relacionarse con personas diferentes. El autor y pediatra Carlos González comenta: “Podemos prescindir de logaritmos, pero no de relacionarnos”. Y la escuela no enseña herramientas para relacionarse con otros. 
 Segunda, los padres temen entrar en una maraña burocrática cuando sus hijos se acerquen a la universidad, pese a que las estadísticas muestran que de cada 100 home schoolers, 24 pasan el examen para ingresar a Harvard y a Stanford, mientras que de cada 100 escolarizados lo superan solo cinco. 

Pero en la ley boliviana no está claro si este procedimiento está permitido. Un artículo asegura que la Educación Permanente está destinada a toda la población y ofrece procesos formativos no escolarizados para las familias. Eso, según sus necesidades, expectativas e intereses. Es un resquicio, aunque la educadora Kathy Ríos dice que no se refiere precisamente a la escuela primaria, sino a la técnica. “La ley contempla que se haga una evaluación para saber en qué nivel está el niño que accede a la educación. Se les asigna el curso que corresponda sin importar la edad, pero las escuelas no siempre la cumplen”, explica. La ley, dice, tiene “partecitas oscuras que tienen que aclararse con la reglamentación”. 

El director distrital de educación, Salomón Morales, dice: “No hay una reglamentación para que puedan hacer la formación de sus hijos en las casas. Es obligatorio que asista a la unidad educativa. Eso nos dice la ley. Contempla que pueda haber aquella figura, pero no hay una reglamentación”. 

En el departamento de Santa Cruz, dice, ningún niño está contemplado en un sistema equivalente al de los home schoolers. “A través de encuentros y peticiones de padres o sindicatos de alguna parte de la sociedad, se puede incluir” dice. Eso es precisamente que los padres no quieren. Injerencia del Estado, de la escuela tradicional. 

Sofía S. quiere seguir aplicando el método Charlotte Mason con recursos del método Montessori. Se concentra, hasta los seis años, en la formación de hábitos como atención, concentración, orden, observación y otros más. Son 60 hábitos en total. También se concentra en observación de la naturaleza. Lectura, matemáticas y el idioma extranjero se practican como juego, según el interés de sus hijos. 

En el método Charlotte Mason no se utilizan libros de texto, sino ‘libros vivos’. “Por ejemplo, un libro de texto de historia diría "En el año tanto se fundó tal ciudad después de la batalla de tal tal tal"... Son datos muertos. Aburridos. Un libro vivo sería una novela sobre alguien que vivió en esa época y que se queda realmente en la memoria porque es una información mucho más interesante”. Con la formación de hábitos se puede encarar las matemáticas. La años la clase de matemáticas dura solo cinco a 10 minutos y aprende lo mismo que a otros les toma una hora.

El método ayuda a cumplir con todas las materias en una hora. Quedan las tardes para actividades enriquecedoras como pintura o carpintería. Terminan todo el programa con cinco idiomas si así lo desean los niños. 



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