REVISTA EXTRA

Alejandro Lerner: con la fuerza de todo a pulmón


Con la fuerza de todo a pulmón el cantautor  se muestra tras bambalinas y  retrata sus facetas como esposo y padre, más allá del músico

Concierto a dos pianos con Manzanero Alejandro afirma que cantar y tocar con el maestro Armando Manzanero es un privilegio. Siente que es un premio a su carrera, lo considera su mentor.

09/07/2017

Alejandro Lerner, uno de los cantautores más famosos de Argentina, quiso sentar cabeza y Volver a empezar a los 48 cuando se casó en secreto en San Bernardino, un pueblito de California, con Marcela García y le propuso dejar su casa en el barrio bonaerense de Palermo, donde vivió más de 20 años, cerca de sus terapeutas, su madre, Lía, y su hermana, Silvia. En ese departamento de soltero, quedaron grabadas las muchas historias amorosas del músico.

Ale, como le dicen de cariño, quería una casa grande con un perro, una piscina y un jardín y la encontró en una quinta de Pilar, fuera de la ciudad, donde vive hasta hoy. En su patio tiene una fuente de agua, que es una gran estatua de Buda, personaje al que admira por sus enseñanzas.

En esa casa nacieron sus hijos, Luna, que está próxima a cumplir los ocho años, y Thomas, de dos y medio, pero antes llegó a sus vidas Pancho, un perro labrador que es parte importante de la familia y al que no le daban muchos días de vida. Ya tiene nueve años.

El cantante, que estará en Santa Cruz el 9 de agosto en un concierto a dos pianos con Armando Manzanero, no para nunca. Su vida es bastante agitada. Cuando no está de gira, está grabando, produciendo o componiendo canciones, ya sea para él, para otros cantantes o para películas. 
Vive entre Buenos Aires y Los Ángeles, donde cuenta con su segundo estudio de grabación, ya que el primero, El Pie Estudio Recording, catalogado como uno de los mejores y más grandes de Sudamérica, se encuentra en Argentina. Es una creación ciento por ciento de Alejandro, construido sobre una antigua fábrica de zapatos que se incendió.

Era lunes por la tarde y cuando le hicimos la entrevista, estaba en Buenos Aires. El jueves ya había desempacado en Los Ángeles donde pasará un mes trabajando. Viajó con toda su familia, aprovechando las vacaciones de invierno. Para él, su esposa y sus hijos, son lo más importante en su vida. Su mayor realización, dice, fue convertirse en papá, por primera vez, a sus 52 años.

“Ser papá es algo a lo que le di varias vueltas, pero que cuando llegó, aprendí a amar y a valorar. Soy juguetón. Me encanta y pasar tiempo con mis seres queridos. Soy de mimar y besuquear a Luna y Thomas. Me divierto mucho con ellos y los hago bailar”, señala. Eso lo demuestra en su cuenta de Facebook, donde comparte fotos de los mejores momentos compartidos con su familia. 

Disfruta al máximo de su vida familiar, esa que no tuvo porque comenzó en el rock a sus 16 y no paró hasta los 50, y porque su padre, Marcelo Lerner, murió cuando él tenía 21, y esa ausencia lo marcó mucho. Si fuera mago y pudiera cambiar algo su vida, afirma que sería tener a Marcelo a su lado por más tiempo.
El éxito que sus canciones han tenido no solo en Argentina, sino internacionalmente, no lo cambiaron como persona. Ni olvidó sus raíces y su sencillez, aquella que le permite retornar siempre a su amado país, donde se siente realizado, donde  tiene una vida plena y feliz con su familia y junto a sus amistades de la infancia, los que guarda como un tesoro. 

“¿Qué más puedo pedir? Soy feliz. Tengo una vida linda, una familia maravillosa, una carrera exitosa, mucho amor, salud, fe y un corazón enorme y lleno de nobleza para ayudar al que lo necesite, que es la mejor lección que me legaron mis papás”, dice en un video que subió a las redes sociales para su cumpleaños.

Buen deportista
Su pelo y su barba ya pintan no algunas, sino muchas canas, y él reconoce que ya cuenta con varios años encima, por eso se cuida muy bien. Sabe que tiene dos hijos pequeños por quienes velar y luchar día a día por bastante tiempo más. No tiene historias oscuras que esconder y tampoco tiene reparos en decir que era mujeriego y que tuvo muchos idilios antes de Marcela. 

Cuando conoció a su esposa, en 1999 en un gimnasio cerca de Palermo, él la quemó con la mirada y ella le sonrió. Fue amor a primera vista y ahí comenzó la historia. Encontró al amor de su vida. “Las cosas llegan cuando tienen que llegar. Ya era hora de sentar cabeza y de que forme una familia”, remarca el cantante. 

Marcela y Ale vivieron juntos unos años y un 17 de julio de 2006, sin pensarlo dos veces y sin más testigos que su amor, él vestido de bermudas y ella de minifalda, se casaron en pleno verano. Tres años después, en octubre de 2009, llegó Luna a sus vidas, y en enero de 2015, Thomas completó la felicidad de la familia Lerner.

Muchas cosas no han cambiado, asevera. Desde chico estuvo ligado a los deportes. Hizo fútbol, voley, natación, equitación, artes marciales y hasta buceo, algo considerado alocado en su caso, porque sefría de asma. 
Trata de comer sano, aunque siempre se da sus gustos. Le fascina el dulce de leche. “Es una prueba de que Dios existe”, asevera y deja claro que si hay algo que nunca pudo comer es pescado.

Siempre que puede y los viajes se lo permiten, tres o cuatros veces por semana va al gimnasio y combina con el padle, un deporte que practica hace ya algunos años. “Me cuido mucho. Soy una persona sana. No uso drogas ni tomo alcohol, salvo un buen vino para acompañar un asado. No tengo vicios. Si alguna vez los tuve, los he dejado todos”, aclara.

Señor de las  seis décadas
Acaba de cumplir 60 años y como regalo de cumpleaños, el Ministerio de Cultura de Argentina puso una estrella con su nombre en la calle Corrientes, la de los teatros en Buenos Aires, justo frente al Ópera. Dos noches antes había recibido otro obsequio, su sexto premio Gardel por su trabajo Auténtico, como mejor disco y cantautor.

No son los únicos reconocimientos. Ha recibido varios como premio a un músico que lleva más de 35 años sobre los escenarios, con 25 discos editados y millones de copias vendidas en todo  el planeta; un compositor que escribió canciones que luego se convirtieron en himnos, un cantautor que ha realizado conciertos a cuatro manos y a dos pianos con Armando Manzanero, que hizo giras con Carlos Santana, que tocó con Carol King, con Mercedes Sosa, en Israel, y que acompañó con su piano a varios reconocidos artistas. 

Sus canciones han trascendido varias generaciones y él considera que le canta a un público muy amplio, porque las jovencitas que lo escuchaban hace más de tres décadas hoy son madres y tienen hijos adolescentes que comparten su música y disfrutan de su éxito menos esperado No hace falta que lo digas, la primera canción de amor que escribió, y de otros éxitos como Todo a pulmón, Después de ti, Amarte así,  Campeones de la vida, Cuando estoy lejos de ti o Hay algo que te quiero decir. 

Mientras tanto él también creció y se sintió acompañado no solo como músico y cantante, sino también como hombre, como esposo y ahora en su mejor faceta, la de padre. 

La canción que  lo identifica

¿Cuál es la canción que más te gusta? Le preguntamos. Todo a pulmón, manifiesta muy seguro de sí, es una, dentro de las más de 400 melodías que ha compuesto a lo largo de su carrera musical, que lo identifica y que cantará por el resto de su vida, porque es una letra autorreferente que habla de las dificultades de un joven llevando adelante su vocación. “Es tan personal que eso creo que la hizo universal”, expresa el intérprete de Por un minuto de amor.

Recuerda que tuvo momentos duros cuando comenzó a tocar y se fue a vivir solo para dedicarse de lleno a la música a fines de la década del 70. Los inicios siempre son difíciles, resalta, pero todo cambió cuando decidió ser el intérprete de sus propias canciones, en 1982. Desde ahí despegó y ya lleva más de 35 años de continuidad, como solista.

“Pocos músicos argentinos han tenido el privilegio de tocar con la gente que lo hice yo. Me siento privilegiado y realizar las giras con mi maestro Armando Manzanero es un premio a mi carrera”, remarca este cantante que no tiene nada de ‘divo’ y menos de déspota. Su única exigencia antes un concierto, al margen de la rigurosidad profesional, es que el menú de sus comidas incluya pechuga de pollo, ya sea asada, agridulce o al estilo oriental, porque es su comida favorita. “Cuando me dicen que ya está el pollo en mi camerino, entonces recién digo que el show puede comenzar, bromea.

Los Beatles y su vocación
“Nací un 8 de junio de 1957, no recuerdo la hora, yo era muy chico, en mi departamento de la calle Aráoz, en Palermo Buenos Aires, donde me crié junto a mis padre, mi hermana y mis abuelos”, dice en su sitio web oficial.
Recuerda que jugaba a la pelota como cualquier niño de su edad. Un día, cuando tenía unos 10 años, llegó un piano a su casa y desde allí empezó este romance que lo llevó a componer sus primeras canciones y piezas instrumentales sin tener ninguna referencia. No sabía si lo que hacía tenía algún valor porque nadie le daba mucha bolilla.

“Cuando descubrí a los Beatles recibí la revelación de mi verdadera vocación y algo en mi corazón me dijo que yo era músico y que mi vida sería, no la de un médico siquiatra o sicólogo, como todos en mi familia, sino la de un músico profesional. Mi sueño es conocer a Paul McCartney o Elton Jhon y darle un abrazo y decirle gracias. Anhelo tocar o cantar con alguno de ellos o también con Steve Wonder. Son mis ídolos”, subraya, luego de rememorar que cuando estuvo al lado de George Martin, mítico productor de sus ídolos, casi se le cae la baba.

Agrega que esta carrera le ha permitido conocer y rodearse de grandes artistas y personajes del mundo del espectáculo. “Soy un agradecido por la carrera que tengo porque me ha dado amigos en todo el planeta”, señala Alejandro, que viaja a todos lados con su mate bajo el brazo, algo que no le puede faltar en su día a día. Es lo que le da energía. Ya ha cambiado varios set para el mate porque si a algún amigo con el que comparte una amena charla, una gira o un concierto, le gusta esta infusión, muy típica de Argentina, se lo deja como recuerdo.

La magia de Ale Lerner
Así se llama el sitio oficial de Alejandro, porque para él la magia de su música continuará por siempre. El tecladista, cantante y compositor, siempre supo que sería músico o, músico. Todo lo que hizo desde que tiene uso de razón, estuvo relacionado con este arte. Estudió y sigue estudiando música. Se formó en jazz con grandes maestros. Sobre el piano de cola que tiene en su casa, hay partituras de los pianistas Horacio Salgán y Bill Evans.

¿Has pensado en dejar de cantar? Para nada, dice con total seguridad. Todavía siente mucho placer al cantarle a la gente. Me encanta todo lo que significa la bohemia de las giras, me encanta viajar y me apasiona la adrenalina de los conciertos. “Amo cantar, lo disfruto al máximo. Es algo voy a seguir haciendo mientras Dios me de vida y la voz me lo permita”, apunta.

¿Y si no fuera cantautor? Le consultamos. A lo que responde que sería concertista de piano o también pianista de jazz. Aunque pensando un poco más, sonríe y dice que quizá hubiese sido mago o clown (payaso), porque le gusta todo lo que tiene que ver con la magia y le encanta hacer reír y ver que la gente se sienta bien. Además, cree que tiene la chispa para ello. 

En Nueva York, donde se fue a vivir por dos años, estudió además de música, malabarismo, así que bien podría dedicarse a eso también, bromea, aunque vuelve a insistir en que la música la lleva bien metida en el alma, no así en la sangre, porque no tiene familiares con este talento aunque sí su padre y su hermana, han sido artistas plásticos.

Su esposa también tiene mucho talento para la música. Ella era cantante de una banda de jazz y antes trabajó con algunos de los maestros de Lerner. A veces acompaña a su esposo a cantar en sus conciertos con su banda en Argentina, aunque disfruta más escuchándolo, en especial cuando él le canta bajito, al oído, Juntos para siempre, su primera balada exitosa que compuso para la televisión. 



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