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Basta una semilla en la tierra inculta para que
brote la planta.
Tan rica es nuestra tierra, por naturaleza, que no son
precisos ni químicos ni abonos para hacerla germinar.
Alcanza, como decimos, la semilla depositada en el surco,
para que brote promisora la planta cantando a la vida.
Tomando en cuenta esta bendición del cielo -que sin duda
la es-, en la ciudad no abundan, no se ven en todos los
recovecos, las flores, los jardines explosionando en
colores y perfumes a cuales más embriagadores.
Conocemos, dentro del territorio nacional e incluso del
otro lado de las fronteras y de las montañas y los mares,
pequeños o grandes países y ciudades asentados sobre
territorios áridos o escasamente fecundos. Pues en tales
lugares, por los que hemos pasado, nos ha sorprendido
encontrar fascinantes rosales y exóticas especies
ornamentales alegrando los espíritus de la gente.
Cómo costará, nos imaginamos, hacer brotar una rosa en
tierra árida, y no obstante lo difícil de tal
emprendimiento, allí están los coloridos capullos con sus
delicadas y finas fragancias. Mientras en nuestra fecunda
Santa Cruz de la Sierra, nos quejamos, donde la tierra es
tan generosa, cuesta tanto ver la mata de un rosal
refulgiendo bajo nuestros soles y en medio de las brisas.
Lo que nada nos cuesta no se produce a la sombra de
nuestras taperas.
Y cómo se logra en predios magros ejercitando a fondo la
voluntad y el deseo de regalarse de cosas gratificantes
para espíritu y cuerpo. Crear belleza sin esperarla desde
el cielo debe ser un mandato para vivir con goces
añadidos.
¡Feliz domingo para todos!
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Clovis de la
Jaille |
El siempre útil carrito
El andar cansino de los caballos
tirando este carrito que atraviesa una de
las calles del Parque Industrial. Tres
décadas atrás eran habituales dentro del
paisaje urbano de Santa Cruz.
Fueron desapareciendo con los años de las
calles cruceñas en las que hoy dominan los
automóviles. Sin embargo, en las afueras de
la urbe, en aquellos barrios de tierra, aún
sobreviven y siguen siendo importantes.
Gracias a ellos y, a precio reducido, se
puede trasladar cualquier clase de objeto.
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