N o es posible que se maneje con mano blanda a
quienes, por acción u omisión, ponen en riesgo la salud e
incluso la propia vida, de la gente de nuestra comunidad
. Del tema, hemos hablado en círculos estrechos de
amigos, en corrillos informales y hay, obviamente, una
coincidencia absoluta y una voluntad para entrar
consecuentemente en acción ya.
Nos referimos concretamente al expendio ya casi
habitual, de alimentos básicos de la canasta familiar en
condiciones, no malas, sino pésimas de conservación, de
mala calidad, cuya ingestión, amén de deteriorar la
salud, puede producir desenlaces fatales.
En los mercados y otros negocios afines no hay día en
que deje de detectarse artículos naturales o preparados
que están al alcence de los consumidores inocentes, a
pesar de la descomposición en diversos grados que
registran. Putrefactos, inmaduros, adulterados, carentes
de elemental higiene; en estas condiciones, entre otras
tantas, se hallan a la venta muchos de los artículos que
el comprador lleva a su casa para su alimentación y la
de toda la familia.
Ni sospecha, siquiera, que con su compra confiada,
pone en real y serio riesgo su vida y la de su clan en
pleno. A los comerciantes inescrupulosos que expenden
productos alimenticios en malas condiciones, no sólo
habría que sancionarlos con el decomiso de su mercancía
envenenada, sino además con penas de cárcel muy severas.
Sería lo mínimo en defensa de la salud y de la
propia vida del vecindario.
¡Feliz domingo para todos!
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