Siempre ha sido muy poco lo que se ha hecho con el propósito de promover el turismo en Bolivia. Y eso que ha sido tan poco, sensiblemente, por regla general, ha estado circunscrito a la parte alta de la República, a las montañas cubiertas de nieves eternas y a sus ciudades de climas fríos y de aires enrarecidos.
De nuestras extensas y cálidas llanuras, con las cosas maravillosas que contienen o las enmarcan, muy poco o tal vez nada ni nunca se dice una sola palabra. Como si no existiese este oriente que sí, es digno de atención, sobre todo para ese turismo que, ahíto de la opulencia de las urbes y de los museos, quiere tomar contacto con los desbordes de la naturaleza que tanto se dan en nuestras regiones.
Con plausible propósito, alguna de las universidades privadas que se han establecido en nuestra ciudad de Santa Cruz de la Sierra ha introducido entre las carreras que ofrece la de Turismo. No sabemos si cuenta con suficientes alumnos, pero sea como fuere, es una iniciativa excelente que, quizás más temprano que tarde, rendirá buenos frutos a los sostenedores de tal iniciativa.
En todas direcciones y no a distancias insalvables, nuestra región ofrece inmejorables motivos para el llamado turismo de aventura, que incluye actividades como la caza y la pesca y, sobre todo, la vida al aire libre.
Hay base, entonces, para desarrollar el turismo en los llanos orientales. Todo es cuestión de abrir facilidades, aunque sean mínimas. Los réditos no tardarán en manifestarse.
¡Feliz domingo para todos!
|