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Tenemos tantas expresiones propias del habla popular
muy nuestra que, por fuerza del desuso, languidecen -y
muchas han muerto incluso- en el denso y penoso olvido.
Expresiones de las que con tanto gracejo hacían gala
nuestros mayores y que algunos de nosotros todavía
recordamos y hasta solemos repetir.
Pero en líneas generales, aquellas expresiones tan
pintorescas, tan sugerentes y sobre todo tan de tierra
adentro, o se han borrado de la memoria o las hemos
desahuciado reemplazándolas con voces que no condicen con
nuestro cruceñismo que afirmamos poseer en subidas dosis.
Sólo unas cuántas de esas expresiones nuestras que tenemos
archivadas o definitivamente olvidadas. ‘Tiricia’ que hoy
vendría a ser el ‘estrés’. ‘Puchichi’, convertido hoy en
‘forúnculo’ y ‘joñiqui’ que, tal vez por sonar feo al
oído, hoy se conoce por ‘labio leporino’, si es que no
estamos equivocados.
"Como piyo contra el cerco", era otra expresión corriente
que equivalía más o menos a "estar en un brete" y se
aplicaba, entre otras circunstancias, al deudor cuyo
acreedor no le daba tregua cobrando capital e intereses, o
bien al don Juan que había dado palabra de matrimonio a
una gorda con la que nunca pensó casarse, pero el llamado
a convertirse en suegro, hasta pistola en mano, lo acosaba
para que cumpliese su promesa.
En fin, era notable el vocabulario pintoresco de que nos
valíamos en esta nuestra villa para suministrar imágenes y
situaciones muy diversas. Sorprende por ello ese
modernismo de hoy que nos lleva a recurrir a anglicismos y
otros ismos.
¡Feliz domingo para todos!
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Las 100 mejores poesías de
Gustavo Adolfo Baca
Bebé
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Clovis de la
Jaille |
Una caja de
sorpresas
Mientras la gente a su alrededor se
encontraba distraída en otras cosas, la
joven no tuvo mejor ocurrencia que jugar con
una caja de cartón... La movió, la acomodó y
de pronto pensó: ¿Qué más puedo hacer?
Entonces se le vino a la mente otra mejor
idea... Así, sin pensarla dos voces, dobló
las rodillas y se metió en la caja. No le
importó el tamaño ni su edad; simplemente
quería divertirse. Por supuesto, pocos se
dieron cuenta de su astucia, pero no por eso
dejó de ser llamativo para el lente de
nuestro fotógrafo.
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