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A nuestra Santa Cruz de la Sierra nunca le faltaron,
al menos hasta hacen una o dos décadas quizás, sus
mecenas. Gente, no de fortunas incalculables, sino más
bien, de corazón grande y generoso que disfrutaban
compartiendo sus medios a favor del bien común y del
campanario que estaba condenado a lo triste del olvido.
Entre los frutos de la siembra generosa de aquellos
mecenas llegaron a tener significación apreciable los que
fueron llamados centros culturales de barrios. Pequeñas
edificaciones, sin duda, asentadas sobre terrenos
vecinales, concebidas para servir de escenario a
manifestaciones culturales, exposiciones, veladas
musicales, presentaciones teatrales y algunas más. Estos
centros, no todos, contaban hasta con un par de aulas para
la enseñanza de las primeras letras y una biblioteca,
insuficientemente provista, pero biblioteca al fin.
De un tiempo a esta parte, y con lo enrevesado que se
vienen dando las cosas en esta época, poco o más bien nada
se sabe de los tales centros culturales de barrios.
¿Funcionan todavía o han sido cerrados? De haberse dado
esta última e infausta situación, ¿qué ha pasado con los
centros, con las edificaciones modestas, con su mobiliario
y escaso material? ¿Qué suerte han corrido, finalmente,
los pequeños espacios de terrenos sobre los cuales estaban
asentados?
Valdría la pena interesarse en este tema. No son muy
grandes los valores que están en el aire hoy, mas, para
gente que carece de recursos y que necesita fuentes que
generen conocimientos y cultura, su rol es sencillamente
vital. A poner en claro las cosas y
¡Feliz domingo para todos!
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Clovis de la
Jaille |
Como si fuera el
campo
Al ver la
imagen pareciera que Carlos, de cinco años,
y su pequeña hermana, están cabalgando por
su chaco, allá en el campo... Pero, no...
Montados en este tranquilo animal, los
chicos juegan por las calles del barrio El
Progreso, en uno de los anillos olvidados de
Santa Cruz de la Sierra. Con la habilidad de
un buen jinete, pasa por charcos, por el
lodo y esquiva cuantas movilidades se cruzan
delante de él. Vive modestamente, aunque eso
no quita que los pequeños nos regalen una
sonrisa.
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