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Muchos son los roles que aquí y en cualquier parte del
mundo, están llamados a cumplir nuestros jóvenes. Sien
embargo, se desentienden flagrantemente de ellos, los
ignoran por completo y hasta se complican haciendo
exactamente lo contrario de lo que se espera que hagan.
A los que conformamos esas cansadas generaciones que
estamos en jubilación plena nos sacude el alma advertir
cómo a nuestros jóvenes parece que les importa un bledo la
misión que les corresponde. Jóvenes que, por decir algo,
ven el maltrato que se hace de su ciudad por propios y
extraños, el desacato de sus normas, la violación de sus
buenos hábitos y mejores costumbres y hasta el faltamiento
de sus símbolos, sin que cuando menos se les mueva un pelo
en señal de legítima protesta. Jóvenes que aceptan lo
foráneo, que imitan lo exterior hueco y carente de
esencia, renunciando a lo genuinamente autóctono que casi
siempre lleva mensaje o que se da con toques de
espiritualidad.
Quién, si no son los jóvenes, va a lograr que se rinda la
debida reverencia a nuestras cosas, a las tradiciones, a
los fastos, a las glorias propias de nuestra noble gente y
maduradas bajo el calor de nuestros radiantes soles.
Desespera el conformismo con que la juventud asiste al
menosprecio a que suele someterse lo que está en muy
estrecha relación con la idiosincrasia del llanero
oriental.
Fuimos jóvenes como tantos otros que hoy peinan nuestras
canas. Vivimos en su tiempo las ilusiones y los devaneos
de la juventud. Pero eso sí, nunca olvidamos, nunca
dejamos de lado nuestros deberes de cruceños y acudimos
prestos a formar en las primeras filas para defender lo
nuestro a cualquier precio.
¿Será que aquello no volverá a repetirse nunca más? ¿Será
que de manera tan drástica se han adulterado las esencias
vitales de nuestra juventud? Nos resistimos a creerlo así,
muy sinceramente.
¡Feliz domingo para todos!
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Invitado:
Luis Catalá
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Clovis de la
Jaille |
Muy trabajador...
Se dicen
muchas cosas de este pajarito. Una de ellas,
que es extremadamente celoso, que encierra
en su nido a quien ose invadirlo. Pero
ninguna de las historias es más cierta que
la que se ve cuando pasa un aguacero: el
hornero o tiluchi empieza su faena,
construye su casa con barro y paja,
presuroso de que quede listo para que las
hembras pongan huevos y se extienda su
familia. Y lo mejor, cuando concluye el
horno canta de alegría, llamando a su amada
para estrenarlo. ¡Todo un ejemplo de buen
marido y futuro buen papá!
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