|
|
|
Nunca hemos llegado a comprender por qué de una forma
se expresa la gente nuestra que habla según nuestros modos
ancestrales y de otra totalmente distinta, la que se
manifiesta a través de la música, las canciones, la radio
y demás medios de difusión del lenguaje.
Mientras en el tono coloquial de todos los días solvemos
las eses, con un micrófono por delante o entonando
canciones o dirigiéndonos a públicos cualesquiera sean
éstos, silbamos las tales eses, es decir, las habidas y
las por haber.
Llegamos a pensar cualquier cosa del que habla silbando
eses hasta donde no caven, menos que sea cruceño. Nos
preguntamos normalmente "y este bicho, de dónde ha
salido", y padecemos con la duda.
Nos manejamos desde los más remotos tiempos con el sos y
con el vos. Pero en nuestro cancionero o con el micrófono
por delante, adiós al sonoro sos o al igual vos. En estos
casos, al parecer, tratamos de dar la imagen de cultos y
de elegantes al hablar apelando al tú, al ti, al eres, al
contigo y refinamientos presuntos por el estilo.
Por ahí suena con insistencia una cancioncilla en que se
habla de ‘el ambaiba’ refiriéndose a esa fruta silvestre
deliciosa que ya poco se encuentra a nuestro alcance.
Pues, ambaiba siempre fue femenino, "la ambaiba",
reservándose el masculino únicamente para el árbol en sí,
el ambaibo. No le hace, en estos tiempos de adulteraciones
y de imitaciones pobres se le canta al "ambaiba de tu
querer" o sonseras de ésta o parecida naturaleza.
Debemos hablar de lo nuestro en nuestro tono. Nada tiene
de malo. Por el contrario, suena muy agradable al oído y
por supuesto que tiene su muy buena razón de ser.
No perdemos la esperanza en que se nos lleve el apunte.
¡Feliz domingo para todos!
|
|
| |
 |
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|
 |
STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Invitado:
Luis Catalá
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
|
|
|
|
|
 |
|
Clovis de la
Jaille |
¿Dónde se fueron?
Hubo un tiempo en el que se vendían
guayabas. En realidad, eran casi regaladas,
y se usaban con el pretexto de ir a
‘comprarlas’ a una vecinita irresistible. Y
claro, era la madera preferida para las
palcas de las hondas. Nunca se partían. Pero
quizá más duradera sea la amistad que, como
muestra la foto, está cobijada por el árbol.
Cuando estos ‘pelaos’ -que tal vez se
parecen al díscolo pero noble Tom Sawyer-
sean grandes y estén lejos de Carmen Rivero
Tórrez, donde ahora viven, quizá el olor de
la fruta les recuerde estos años felices y
despreocupados.
|
 |
| | | |