|
|
|
Las direcciones domiciliarias en esta urbe tan
densamente poblada no son nada confiables y eso lo aprecia
el oriundo y mucho más todavía el que nos cae de visita,
ya sea en calidad de turista o por cualquier otra razón.
Para empezar, es notable, increíblemente notable, la falta
de placas con el nombre de las calles, las avenidas, las
plazas, las plazuelas o los paseos diversos. Salvando el
casco viejo de la ciudad, en que hay placas, a pesar de no
ser las suficientes, todo lo que corresponde a la
periferia, que es tan extendido y tan denso, está sin ese
adminículo que es de tan singular necesidad pública.
Si para los que somos oriundos nos resulta difícil, casi
imposible, orientarnos por la falta de emplacamiento de
nuestras calles, avenidas y plazas, es de imaginar lo que
ocurre con los que llegan de visita y tratan de ubicar lo
que han venido a buscar o a hacer aquí.
Si bien entre nosotros aún funciona aquello de orientarse
por señas, "de la esquina del mojón, una cuadra a la
derecha", entre los extraños de nada sirve. Da como para
compadecerlos, prácticamente deben sentirse, los
visitantes, a ciegas en ésta que ya alardea de ser una
metrópolis.
Pero lo que ya tiene características de auténtico caos es
lo que sucede con la numeración de las casas de vivienda e
incluso de los edificios públicos. Aparte de que muchos no
tienen, al menos visible, número alguno, se da con
frecuencia el caso de numeraciones que van en ascenso: 22,
24, 26,digamos y de pronto, en vez de continuar
ascendiendo en la medida en que se avanza en la calle o en
la avenida, empieza a decrecer abruptamente, 16, 18, 20.
Fácil imaginar el penoso despiste en el que queda quien
busca algo o a alquien.
¡Feliz domingo para todos!
|
|
| |
 |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|
 |
STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Invitado:
Rafael Sagárnaga
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
|
|
|
|
|
 |
|
Clovis de la
Jaille |
EL ESPECTÁCULO DEL
CAFÉ
Apoyado
sobre su instrumento de trabajo, el niño
lustrabotas inclina el cuerpo sobre la
ventana de un céntrico café. Se esfuerza por
alcanzar con la mirada los detalles de aquel
mundo de camareros, elegantes decorados,
cuidadas vajillas y coloridos alimentos. A
pesar de que el vidrio oscuro nos devuelve
el reflejo de la catedral, acompañamos al
pequeño en su curioso examen y como él nos
sentimos meros espectadores.
|
 |
| | | |