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Desde siempre, hemos expresado preocupación por el
manejo que suele hacerse de premios, medallas, trofeos,
diplomas y otros tipos de distinciones que nos brotan de
la cabeza por cualquier motivo, incluso por cualquier
circunstancia.
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A nuestro modo de ver, esta alegre concesión de premios y
distinciones no hace otra cosa que desnaturalizarlos, que
reducir su valor, devaluarlos totalmente que es, sin duda,
lo más probable.
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Qué significación puede tener un premio que se concede al
por mayor a Sancho, Pedro y a Martín y a tantos otros que
se atraviesan por mera y providencial casualidad. Cansados
estamos, realmente cansados, de asistir a ceremonias,
supuestamente solemnes, en que se entrega el mismo premio
a diez, veinte, cincuenta y seguro que hasta a un centenar
de personas. Carecen totalmente de seriedad las cosas de
esta índole y hay que acabar con ellas.
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En los hechos, ¿qué es lo que se consigue entregando de
manera tan discrecional premios y distinciones? Pues, la
respuesta es totalmente clara: lo único que se consigue es
consagrar la mediocridad, ni más ni menos.
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¿Qué interés puede tener una persona en superarse, en
dedicarse con mayor empeño a hacer el bien, a cumplir,
hasta el sacrificio, sus obligaciones, si con ser mediocre
le alcanza y le sobra incluso para recibir un premio, un
diploma?
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Con mucha seriedad debe tomarse lo de otorgar
discrecionalmente premios, diplomas y cualquier tipo de
distinciones. Con eso no se consigue otra cosa que no sea
consagrar la mediocridad.
¡Feliz domingo para todos!
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Invitado:
Rafael Sagárnaga
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Rolando
Villegas |
UN CHAPUZÓN DE
ALEGRÍA
Nada como
la diversión, la risa contagiante y el
entusiasmo de estos jóvenes. La foto, tomada
una tarde de Carnaval, nos recuerda que al
mal tiempo hay que ponerle buena cara...
Lástima que lo hayan hecho en un lugar donde
su salud fue puesta en peligro. El agua
turbia y la suciedad reinante del canal de
drenaje en la Villa Primero de Mayo no fue,
ni es, el lugar idóneo para que los chicos
jueguen o pesquen.
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