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Más de una vez, seguramente, nos hemos referido al
tema del que hoy volvemos a ocuparnos con la remota
esperanza puesta en que quizás un día encontremos eco.
Se trata de la irrestricta libertad de que gozan
‘garrapateadotes’ que, sin ninguna noción, escriben letras
para nuestra linda, vibrante y tan alegre música
folclórica.
Horroriza, de verdad, horroriza la sarta de disparates que
a modo de letras de nuestros carnavales, taquiraris,
chobenas y demás aires autóctonos, se difunden de manera
profusa.
Y tan culpables son de que tales disparates solemnes se
difundan los que los escriben como los que los cantan y
los que los imprimen. No se eximen de culpa a la vez, las
instancias culturales, que seguramente existen, con la
misión de filtrar y desechar lo que lastima los oídos y
algunos más de nuestros sentidos.
No se hace más, con aquello de dar vía libre a los
disparates, de permitir que se los difunda, que consagrar
la mediocridad y, peor que esto, lo que simple y
llanamente es malo, es pésimo, es reprobable por decir lo
menos.
Nos hemos educado, unos más que otros, en esta nuestra
heterogénea comunidad, y ya sabemos distinguir lo que es
bueno o lo que es más o menos aceptable al oído, al gusto.
Por eso nos revienta escuchar tanto disparate a título de
folclore, de expresión vernacular. No pongamos en riesgo
el nivel de jerarquía que de manera legítima hemos
alcanzado en el campo de la cultura. Que sea un legado que
transmitamos sin mengua a las nuevas generaciones.
¡Feliz domingo para todos!
El Director
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Las 100 mejores poesías de
Gustavo Adolfo Baca
El cerco
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STAFF |
Director:
Dr. Pedro Rivero Mercado
Subdirector:
Pedro Rivero Jordán
Editora:
Anna Infantas Soto
Periodistas:
Ricardo Herrera
Javier Méndez.
Invitado:
Rafael Sagárnaga
Editor de Diseño:
Juan Carlos Gutiérrez
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Fuad Landívar |
Apurate, va a
llover
Furnarius
rufus. El querido hornero, el admirado
tiluchi estaba afanadísimo construyendo su
nido. Durante unos minutos lo observamos y
vimos que se turnaban para recoger las
bolitas de barro que cuidadosamente escoge
para levantar los muros que protegerán a sus
crías. No sabemos si son hembra o macho, y
tampoco vimos si hay otra pareja en la casa
contigua, o se trata de una pareja que
construye dos nidos. Fue conmovedor verlos.
Las casitas están en Cotoca, en un barrio
ubicado a pocas cuadras de la plaza. El
fotógrafo esperó a que estén ambos para
congelar este lindo momento.
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