Conozca cómo nació la danza de Los Caporales
Paso a paso, al ritmo de los cascabeles de sus botas y del cadencioso movimiento de sus hombros, se fue encendiendo la emoción en los rostros de los hermanos Jorge y Carlos Estarada Pacheco , mientras bailaban la danza que los apasiona desde jóvenes.

Por: Ana María Copa Vásquez

Fotos: Patricio Crooker y otras proporcionadas por la familia

De ese modo, dos de los nueve hermanos paceños Estrada Pacheco no dudaron en ponerse de inmediato sus trajes y mostrar algunos pasos del ritmo que los  inspiró a crear la danza del caporal hace poco más de 40 años.  

Ubicarlos en La Paz no fue difícil. Y es que debido a su activa participación como defensores y promotores del folclore boliviano, pasión que dicen haber heredado de sus padres, son muy conocidos en la zona del Gran Poder y también han sido merecedores de varios reconocimientos  a escala nacional e internacional.

Pese al paso de los años, el entusiasmo de esta familia por esta danza sigue siendo el mismo.

Hoy, con edades que oscilan entre los 65 y 45 años, los hermanos Estrada Pacheco, continúan mostrando la belleza de este baile en eventos a los que son invitados dentro y fuera del país.

Si bien no todos pueden asistir debido a problemas de salud o a sus ocupaciones laborales, aseguran que siempre buscarán la forma de participar de esas actividades para mostrar la riqueza cultural y folclórica del país.

Apasionados por el folclore
Eva, Víctor (+), Vicente, Jorge, Carlos, Remy, Lidia, Zenón y Moisés son los nueve hijos de Víctor Estrada Mariaca (+) y Elena Pacheco Villegas (+), una pareja apasionada por el folclore boliviano que en vida logró contagiar esa afición a sus vástagos.

Según indicaron Carlos y Jorge los primeros pasos de los hermanos Estrada Pacheco en el mundo de las danzas folclóricas los dieron en la Fraternidad Wacatocoris Rosas de Viacha de la que formaban parte sus padres.

De acuerdo con lo que cuentan, los hermanos mayores se integraron inicialmente a esa agrupación artística bailando como k’usillos, una especie de bufón nativo que sin seguir una coreografía determinada se dedica a moverse de un lado a otro molestando  o haciendo mofa de la gente que está en su entorno.

La creatividad comenzó a surgir entre esos intrépidos danzarines (que en ese entonces tenían entre 14 y 18 años de edad), ya que, según cuentan,  lograron  convertir ese baile improvisado en una danza con pasos propios que ellos fueron inventando.

Impulsados por la fuerza de la juventud después los hermanos Estrada Pacheco, junto a algunos de sus amigos del barrio Chijini (actualmente zona del Gran Poder) donde vivían, decidieron formar un grupo de baile en el que siguieron mostrando sus destrezas para diversas danzas folclóricas, entre ellas la diablada, la morenada y la kullawada. 

Nacen  los Caporales
Recién a fines de los años 60 es cuando los hermanos Estrada Pacheco sienten la inspiración para crear la danza de los caporales luego de observar cómo bailaba un grupo de pobladores afrobolivianos de Tocaña (comunidad de la región Sud Yungas), que fue  llevado a la ciudad de La Paz por el empresario de espectáculos folclóricos Alberto Pacheco Villegas.

Según cuentan Carlos y Jorge, ese empresario viajó hasta esa comunidad tras enterarse de que en esa región existía un atractivo baile llamado saya.
Ya en el lugar se cuenta que Alberto Pacheco quedó impactado con los cadenciosos movimientos de los yungueños y decidió invitarlos a mostrar su baile en la urbe paceña.

Para ello tuvo que solicitar la autorización  de ‘El Capo’, el caporal, un hombre con un aspecto  peculiar: alto, moreno, vestido con pantalones anchos y un sombrero de ala alta para cubrirse del sol.

Además tenía cascabeles en sus botas que anunciaban su presencia conforme iba caminando.

A cambio de aprobar la salida de los pobladores de dicha comunidad, cuentan que pidió unas latas de sardina.

Cuando los hermanos Estrada Pacheco vieron bailar a los yungueños quedaron tan sorprendidos y entusiasmados que se contagiaron rápidamente de su alegre ritmo.

Su imaginación nuevamente volvió a volar. Es así que mezclando un poco de cada uno de los movimientos que sedujeron sus sentidos hasta  ese entonces (como la tuntuna yungueña, el baile del kúsillo y otros) lograron dar nacimiento a la danza del caporal, inspirada en el vestuario y la música de la saya afroboliviana. Víctor Estrada Pacheco, que falleció en 2007, fue el líder que impulsó esa iniciativa, la misma que fue seguida de cerca por sus otros hermanos mayores y luego por el resto de la familia, que hasta hoy continúa bailando la danza.

Inicios
El primer vestuario que los hermanos Estrada Pacheco idearon para la danza de los caporales no era nada complicado. Jorge y Carlos explican que el traje para los varones incluía una camisa roja de manga ancha, un buzo blanco, una faja negra, un sombrero de paja de ala ancha y botas con cascabeles.

“La primera coreografía que ingeniamos también era simple e incluía  cinco pasos entre saltos, giros y movimientos de los hombros”,  explica Carlos.

En cuanto a la música, Carlos indica que el grupo Los Payas  compuso los primeros ritmos y que luego ya fueron interpretadas por una banda de música. 

Empieza su expansión
Tras crear la coreografía, vestuario y parte de la música del caporal, los hermanos Estrada Pacheco conformaron en 1969 la fraternidad Caporales Urus del Gran Poder  y luego de presentaciones eventuales, en 1972 decidieron dar a conocer  esa flamante danza en el evento folclórico más importante de la ciudad de La Paz: la fastuosa entrada del Señor del Gran Poder.

Su presentación causó tal sensación que lograron llevarse el premio mayor de esa festividad  folclórica. A partir de ese momento, los hermanos Estrada Pacheco y su grupo comenzaron a cosechar más éxitos. Su fama rebasó las fronteras de Bolivia y fueron invitados a participar de varios eventos internacionales.

Emoción y orgullo
Jorge, Carlos, Lidia y Moisés Estrada Pacheco observan con alegría y emoción el impacto nacional e internacional de la danza, una de las más importantes del folclore boliviano. 

“Me siento feliz y honrado de haber contribuido al nacimiento de una danza boliviana que ha tenido tanto éxito. Siento mucho cariño y respeto por el folclore nacional”, afirma Jorge Estrada Pacheco, uno de los hermanos mayores, actualmente jubilado.

Carlos, que se dedica al comercio, asegura sentirse muy orgulloso cada vez que escucha el ritmo de  los caporales. “Es muy bonito ver a los jóvenes disfrutar de la música nacional. Queremos que se siga promocionando esta danza y reconociendo que su origen es boliviano”, comenta este folclorista, que hoy es presidente del directorio de la morenada, que ya tiene 25 años de actividad en la ciudad de La Paz.

Moisés, el más joven de los hermanos y actualmente dedicado a la docencia, resalta la alegría que contagia esta danza y cree que hay que revalorizarla más. Con el gusto por el folclore en sus venas fundó una fraternidad que baila la danza de los tobas desde hace  25 años.

Lidia, que se dedica a las labores de casa, recuerda con nostalgia y emoción  los años que bailó como ‘macho caporal’. 

Si bien se sorprenden por el lujo que ahora incorpora la vestimenta de los centenares de grupos que bailan caporales,  también se admiran de los cambios que ha tenido el vestuario de las mujeres que son parte de la danza y van junto al caporal.

Pese al paso de los años, los Estrada Pacheco siguen bailando y tienen listas para lucir su camisa blanca con mangas de tul rojo, su pantalón blanco con colán, su faja con los colores de la bandera boliviana, además de su infaltable sombrero, un látigo y sus botas con cascabeles.


Bailando al ritmo de los caporales
Mantienen la alegría Jorge y Carlos Estrada Pacheco aseguran sentirse emocionados y orgullosos de haber contribuido a la creación de ladanza de los  caporales.  En su ciudad natal, mostraron el vestuario y parte de los pasos de este contagiante ritmo folclórico.






Recuerdos que los emociona
Con el ritmo en las venas, Jorge, Lidia y Carlos  Estrada Pacheco muestran algunos de los elementos decorativos que se utilizaron en las presentaciones de esta danza folclórica.



Cambios en el tiempo
La vestimenta de  los caporales fue incorporando elementos decorativos de lujo con el paso de los años.


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El primer vestuario del caporal
Logró gran impacto. Esta es la vestimenta que se usó inicialmente en la danza de los caporales. No tenía detalles muy pomposos.






























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La mujer, presente en la danza

Vestida de caporal Lidia Estrada Pacheco optó por usar el traje del hombre caporal durante una de las presentaciones de antaño




































3
Apasionado por la danza boliviana
Folclorista de corazón Víctor Estrada Pacheco en una de sus presentaciones. Sus hermanos recuerdan con nostalgia su partida.































4
Vestuario para la mujer
Con detalles propios. Este es el vestuario que Remy Estrada Pacheco lució en una de las entradas folclóricas.





























Creativo diseño

Decorado a mano
El sombrero de una de las hermanas Estrada Pacheco luce lentejuelas y  bordados a mano.


















Símbolo de mando y de represión
El látigo o chicotillo es uno de los elementos infaltables en la indumentaria del caporal. Es un símbolo de mando de ese personaje que representa al mestizo o mulato, capataz de los esclavos negros traídos a Bolivia en la época colonial.


Látigo o chicotillo, incluye accesorios diversos.













Elegancia de pies a cabeza
Las botas con cascabeles son otro de los elementos característicos de la vestimenta del caporal. Con el transcurso de los años, los bailarines le han ido incorporando nuevos elementos decorativos para darle más elegancia  a su presentación.





Reconocen su aporte al folclore
16 de julio de 2012. Los hermanos Estrada Pacheco recibieron la condecoración Prócer Pedro Domingo Murillo en el grado de Palmas de Oro por parte del Gobierno Municipal de la ciudad de La Paz.

18 de julio de 2012. El Gobierno boliviano, a través del Ministerio de Culturas, hizo entrega de un reconocimiento honorífico  a cada uno de los hermanos Estrada Pacheco por su fomento a la cultura boliviana como impulsores de la danza de caporales. La condecoración fue gestionada por el diputado Osvaldo Guillermo Torres de la circunscripción de la zona del Gran Poder.

Eventos. Fueron invitados a eventos folclóricos en países vecinos donde también recibieron reconocimientos.  Entre ellos al Carnaval Andino, en Arica, Chile (2011 y 2012) y Festivales de Danzas en Ecuador y Cusco,Perú (1975)










Parte del patrimonio y orgullo boliviano
Iniciativas públicas y privadas

Acciones.  La  importancia de la danza de los caporales dentro de la cultura y folclore boliviano ha sido revalorizada en una serie de iniciativas públicas y privadas. De esa forma se busca sentar soberanía sobre las expresiones culturales del país.

Se aprueba
El 14 de junio de 2011, el Gobierno boliviano aprobó la Ley Nº 137  que declara la danza los caporales Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia. Se le encargó al Ministerio de Culturas el registro, catalogación y emisión del certificado respectivo de dicho patrimonio.

En sellos postales
Autoridades del Ministerio de Culturas y de la Empresa de Correos de Bolivia (Ecobol) presentaron el  24 de julio de 2011 cinco sellos postales de la colección Danzas Patrimoniales de Bolivia, entre las que se incluye a los caporales, además de la morenada,  kullawada,  llamerada y ch´utas. En esa oportunidad se anunció que se imprimirían 100.000 piezas de esa primera colección de estampillas (20.000 para cada danza), elaboradas en papel cuché engomado y con costos entre Bs 0,50  y Bs 10.

Encuentros de bailarines
La Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folklore (Obdefo), fundada en 2004, organizó varias actividades para la promoción del origen boliviano de la danza de Los Caporales a escala nacional e internacional. El 4 de diciembre de 2005 intentó, aunque sin éxito, batir un Record Guinness y reunió a 3.000 caporales que bailaron por dos horas en el paseo de El Prado de  La Paz. El 18 de julio de 2010, organizó el ‘Evento mundial de Caporales’ que consiguió que unos 20.000 bailarines participen de forma simultánea en 4 continentes, 18 países y 40 ciudades.


Un libro sobre su origen
Napoleón Gómez, presidente de Obdefo y director de la radio Pasión Boliviana publicó en 2010 el libro Caporales 100% boliviano que relata el origen y expansión de esta danza desde la Festividad del Gran Poder a toda Bolivia y a otros países. Esa publicación reconoce a los hermanos bolivianos Estrada Pacheco como los creadores de la misma. Narra detalles de los masivos encuentros de caporales que organizó, reflexiona sobre la situación actual de este baile y alerta del peligro de la apropiación indebida de la danza por parte de conjuntos de países vecinos que quieren presentarla como propia.



La participación de los hermanos Estrada Pacheco durante las entradas folclóricas en el país y en el exterior fueron ovacionadas por el público




Lujoso y colorido. Este es el traje actual que usan los hermanos Estrada Pacheco para exhibir la danza de los caporales en los eventos donde los invitan.

Elementos característicos. El sombrero de ala ancha, el látigo y las botas con cascabeles no pueden faltar en el traje.




























Detalles importantes
Personaje. La danza de los caporales representa al mestizo o mulato que era el capataz de los esclavos negros traídos a Bolivia en el periodo colonial. El baile de los ‘negritos’ sirvió de base para su música, que inicialmente se sustentó de adaptaciones de huayños .

Baile. A raíz de la presentación de un conjunto de saya en la que aparece ese personaje, los hermanos Estrada Pacheco deciden en los años 70 crear una nueva danza inspirada en los caporales, que lleva ese mismo nombre.

Espectáculo. Hoy en día esta es una de las danzas más esperadas y aplaudidas en las entradas folclóricas del país. Al compás de bombos y tambores de una banda de música, los bailarines salen a exhibir sus pasos acrobáticos que cautivan de inmediato al público.

Vestimenta. El hombre utiliza un sombrero de ala ancha, camisa con mangas holgadas, buzo, faja, látigo y botas con cascabeles. La mujer luce una blusa de manga ancha, una pollera que con el tiempo se fue acortando, taco alto y sombrero.