Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 15, Octubre de 2006










 

HUANUNI
Minas de sangre
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La gloria sobrevive en paredes de barro
Presente. No es ni la sombra de lo que fue cuando el estaño era el metal mimado de la industria mundial. La gente sobrevive en un lugar cuyo desarrollo de otras épocas agoniza en sus paredes de barro
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Huella. Huanuni está flanqueado por cerros y desde la cima del Posokoni se pueden observar las ruinas que quedaron después de los dinamitazos de la pasada semana

Don Precioso Bustamante está sufriendo por la tormenta bélica que azotó Huanuni la pasada semana. A partir de 1965 el aludido fue jefe técnico de la planta de motores diésel de la sección Patiño. Al hablar de sus recuerdos pareciera que está inventando un pueblo totalmente diferente al que ahora existe.
Pero es la pura verdad, aclara con una vocecita de minero que después de haber puesto en juego su vida en los oscuros socavones, ahora disfruta un descanso dorado en el valle cochabambino.
Cuenta que por aquel año Huanuni tenía 30.000 habitantes, y no cerca de los 20.000 que, según los datos oficiales, tiene ahora. El esplendor del centro minero era tal, dice, que primero llegaban ahí las grandes películas cinematográficas y se exhibían en el Gran Cine Huanuni, cuya sala, con más de 300 butacas que solían estar ocupadas en las afamadas matinés, tandas y noches de los fines de semana. "En la empresa nos daban un talonario de boletos. Podíamos ver las ‘pelis’ las veces que quisiéramos".
El cine está archivado desde el derrumbe de la época dorada del estaño y la incursión del modelo neoliberal (1985) que dio lugar a los despidos de miles de trabajadores de los centros mineros. El edificio viejo, ubicado a lo diagonal de la plaza principal, remozado con una pintura amarilla, ahora es utilizado como sala de debates entre los trabajadores sindicalizados.
Por aquel año, Bustamante recuerda que a los mineros les distribuían como pan los aparatos electrodomésticos de última generación que llegaban de ultramar. En la actualidad, con un sueldo de Bs 1.200 en el mejor de los casos, los mineros sindicalizados no pueden soñar con una heladera "hielo seco" o un televisor pantalla plana. Si alguno de ellos reúne el dinero suficiente, tiene que viajar a Oruro para comprarlo.
Los fines de semana llegaban artistas nacionales e internacionales y se instalaban los mejores circos de Sudamérica, cuenta Toribio Colque, otro minero de aquellas épocas, acurrucado en su banquito de madera que lo espera fielmente en el mismo lugar de siempre, en la acera de su vivienda de barro.
"Aquí construyeron uno de los primeros coliseos cerrados con piso de parqué", cuenta con orgullo. El coliseo sigue de pie, pero desgastado y sin brío. El anterior fin de semana fue utilizado como salón de funerales. Ahí se velaron cinco cuerpos de mineros que cayeron en el enfrentamiento ocurrido en las faldas del Posokoni.
La situación económica está volviendo a su cauce -cuenta con esperanzas el minero cooperativista Pascual Requena- gracias a que el precio del estaño volvió a ser interesante para los consumidores internacionales. Eso hizo que, como aves de rapiña, llegue hasta el pueblo gente de otras partes en busca de trabajo. "Créame que es difícil encontrar un cuarto en alquiler porque en las casas ya no hay lugar para una persona más", revela Pascuala Fábrica, dueña de una casa llena de cuartitos en hilera.