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HUANUNI
Minas de sangre |
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Más de 650 familias marcadas por la guerra del estaño
Huanuni. La cifra de los sin techo sube. La ayuda llega, pero la desesperación
crece. Hay por lo menos 50 huérfanos. Los familiares cercanos se ocupan de ellos
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Sobreviviente. Villa Dolores no
es ni la sombra de lo que era hasta antes de los dinamitazos. Es como si se
hubiera convertido en un depósito de basura |
Textos: Roberto Navia Gabriel Fotos: Max Toranzos
El silencio en Huanuni no llegó con el último ¡booom! que se registró a las
17:10 del viernes 6 de octubre. Cuando a esa hora los mineros dejaron de
enfrentarse a dinamitazos, ya había 16 muertos, 93 heridos, 14 viudas y por lo
menos 50 huérfanos. Entonces, después de que el ruido mortífero cesó, sólo
quedó el llanto, la furia y alguien empezó a hacer rodar por el pueblo una
lista para que se inscriban las víctima del desgraciado suceso.
Hasta el viernes pasado, habían anotadas 650 familias que aseguraban, y además
lo demostraban, haber sido lastimadas por aquella batalla que durante dos días
(jueves 5 y viernes 6) los mineros de la empresa estatal Huanuni y los
organizados en cooperativas se pelearon a muerte por ganar más espacios para
la explotación de uno de los cerros más ricos de estaño del mundo, el Posokoni.
“Pero la lista crece como una bola de nieve”, dijo la concejala masista de
Huanuni, Sonia Condori, aclarando que se trata de un censo para saber el nivel
de la desgracia y para repartir la ayuda humanitaria que empezó a llegar de
todos los rincones del país, desde el día siguiente de la matanza.
Villa Dolores es la huella más viva del choque entre aquellos hermanos de
clase, que a su vez son vecinos de la misma casa, compadres y hasta parientes.
Es que ahí, en esa falda del cerro de la disputa, se registró la madre de las
explosiones. Ahí se registró el primer incidente de aquel mal viernes, a eso
de las 10:00.
Los cooperativistas dicen que habían decidido tomar pacíficamente el centro de
operaciones de la empresa Huanuni y que los funcionarios de ésta empezaron a
atacarlos no sólo con dinamitas, sino también con armas de fuego. Los mineros
sindicalizados dicen lo contrario. Afirman que los otros, sedientos de poder y
ambición, los emboscaron para hacerse de las 37 vetas de estaño que guarda en
su vientre húmedo y oscuro el Posokoni, o sea, en el nivel 120 del cerro, que
es el centro de disputa entre cooperativistas y asalariados.
Pero lo cierto era que ambos bandos se lanzaron dinamitas y muchas cayeron en
los barrios Villa Dolores, Carazapato, Santa Elena, Cuchillani, Corazón de
Jesús, avenida Arce y en la zona central. “Corrimos como animalitos escapando
para todos lados. Nos metimos en nuestras casas y vino el sonido fuerte y los
techos de las casas se cayeron, las puertas volaron en pedazos y los perros se
volvieron locos de miedo”. La que narra es Yaneth Yucra, una muchacha de 20
años, madre de un bebé que cumplió tres días el primer día de los
enfrentamientos. “Sus oiditos se los he tapado para que el ruido no se los
fregue”, explicaba el martes pasado mientras veía bajar con alegría los
víveres, las vituallas, los colchones de paja y las medicinas que llegaban de
las donaciones.
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Pérdida. Zacarías Roque
camina herido, con un tajo en la cabeza. Lo llevaron al hospital, le
hicieron cinco puntos y cuando retornó al pueblo encontró su casa |
Sonia Condori, hace el recuento de las víctimas y dice que de los 600
damnificados, 150 lo han perdido todo. Vale decir, sus casas de barro, o de
hule o de madera, y las pocas pertenencias que tenían en ella.
El presidente de la Federación Regional de Cooperativas Mineras, Prudencio
Pacheco, denuncia de forma insistente que en los centros hospitalarios de
Oruro existen varios heridos que todavía tienen la bala en el cuerpo y por eso
ha exigido al Gobierno que los traspasen a una clínica privada. Pero los
heridos no solamente están en los hospitales. En medio de las ruinas que
quedan de los feroces ataques, donde se están instalando las carpas donadas
por Defensa Civil y otros buenos samaritanos. Es común ver a niños y adultos
con la cabeza, algún brazo o la cara parchada con una gasa tapando la herida.
“Es de balín”, asegura Helena Baltazar, de 12 años, mientras se desabotona la
blusa para mostrar la venda que lleva en su pecho izquierdo. A Zacarías Roque
ya le pasó el mareo que le vino el momento en que una piedra, dice él, le rajó
su frente. Así, con esa herida que se la costuraron en Santa Elena, (le
hicieron cinco puntos) uno de los dos hospitales que existe en Huanuni y el
que después de lo sucedido está a punto de caerse. La ministra de Salud, Nila
Heredia, ordenó que todos los servicios que se prestaban en el primer piso
sean trasladados a la primera planta porque en cualquier momento se pueden
desplomar las paredes construidas mucho antes de que Víctor Paz Estenssoro le
dé el tiro de gracia a la minería con el Decreto 21060 y la ‘relocalización de
los mineros’.
En la morgue fue donde se concentraron los dramas mayores. El viernes 6 se
realizaron las autopsias y aquel día, con un sol colgado en un cielo sin
nubes, las viudas y los huérfanos acudieron a recoger a sus muertos. La
muchedumbre conformada por amigos, autoridades y periodistas, de rato en rato
se llevaban las manos a la nariz para evitar el olor agrio de los cuerpos sin
vida, que eran metidos en los cajones y que por falta de transporte aguardaban
fuera de la morgue antes de ser llevados a los velatorios grupales. En el
salón de reuniones de Fencomir había uno, ahí se velaron siete personas y en
el coliseo municipal a cinco correspondientes a la empresa Huanuni.
A Llallagua, otra población minera que queda a una hora de Posokoni, fueron
trasladados tres cuerpos sin vida cuando en el cerro todavía seguían
enfrentándose a dinamitazos.
Las pérdidas materiales paralizaron la economía
Cada día que pasa el Posokoni deja de producir dinero. Los mineros de la
empresa minera Huanuni y los cooperativistas no han vuelto a internarse en las
entrañas del cerro estañífero desde que se enfrentaron por él, en esas
cornisas sin vida y atacadas por el viento helado que siempre reina en los
paisajes casi lunares, ubicados a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel
del mar.
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Panorama.
Desde la cima del cerro Posokoni queda despejado el panorama desolador.
Los daños materiales, a la vista |
Las pérdidas materiales aún no han sido cuantificadas con precisión por
ninguno de los dos frentes, pero tanto los cooperativistas como la empresa
Huanuni consideran que por cada día no trabajado pierden, cada uno, cerca de
200.000 dólares por la producción de al menos 150.000 toneladas de estaño por
día.
El inicio de operaciones no llegará sólo con la pacificación del pueblo, sino
cuando las instalaciones y los equipos sean reparados. La empresa Huanuni
denunció que las dinamitas que les lanzaron desde lo alto del cerro, les
dañaron su sistema eléctrico, la maestranza, las bombas de agua y varias
compresoras.
Según ejecutivos del sindicato de trabajadores de Huanuni, las pérdidas
podrían superar el millón de dólares. El ministro de la Presidencia, Juan
Ramón Quintana, dijo que una comisión está evaluando los daños y que lo más
pronto (posiblemente la próxima semana), se reanuden las labores en la mina
porque cree que la consolidación de pacificación de la zona llegará cuando
ambas partes vuelvan a estar ocupadas en el trabajo.
Los cooperativistas también hablan de millonarios destrozos. Para empezar,
Benedicto Colque, que es delegado de base de la mina Carazapato, indicó que
los sindicalistas les han pulverizado su mercado de dinamitas, se han entrado
a saquear sus depósitos de estaño y les han destruido campamentos enteros, en
los que moraban los trabajadores con sus mujeres y sus hijos.
Las marcas de aquella "guerra", no sólo están en las infraestructuras de uno y
otro bando, sino también en las casas particulares, en el hospital Santa
Elena, y en varias escuelas que por el impacto de las explosiones quedaron con
las ventanas sin vidrios y las paredes débiles, por el sacudón producido por
las explosiones que en su momento de máxima intensidad se registraban con
intervalos de tres y cinco minutos.
El subprefecto de la provincia Huanuni, Víctor Calle Martínez, dijo que
también están evaluando cuándo volverán a ser normales las actividades
escolares.
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