Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 15, Octubre de 2006










 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HUANUNI
Minas de sangre
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Más de 650 familias marcadas por la guerra del estaño
Huanuni. La cifra de los sin techo sube. La ayuda llega, pero la desesperación
crece. Hay por lo menos 50 huérfanos. Los familiares cercanos se ocupan de ellos
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Sobreviviente. Villa Dolores no es ni la sombra de lo que era hasta antes de los dinamitazos. Es como si se hubiera convertido en un depósito de basura

Textos: Roberto Navia Gabriel Fotos: Max Toranzos

El silencio en Huanuni no llegó con el último ¡booom! que se registró a las 17:10 del viernes 6 de octubre. Cuando a esa hora los mineros dejaron de enfrentarse a dinamitazos, ya había 16 muertos, 93 heridos, 14 viudas y por lo menos 50 huérfanos. Entonces, después de que el ruido mortífero cesó, sólo quedó el llanto, la furia y alguien empezó a hacer rodar por el pueblo una lista para que se inscriban las víctima del desgraciado suceso.
Hasta el viernes pasado, habían anotadas 650 familias que aseguraban, y además lo demostraban, haber sido lastimadas por aquella batalla que durante dos días (jueves 5 y viernes 6) los mineros de la empresa estatal Huanuni y los organizados en cooperativas se pelearon a muerte por ganar más espacios para la explotación de uno de los cerros más ricos de estaño del mundo, el Posokoni. “Pero la lista crece como una bola de nieve”, dijo la concejala masista de Huanuni, Sonia Condori, aclarando que se trata de un censo para saber el nivel de la desgracia y para repartir la ayuda humanitaria que empezó a llegar de todos los rincones del país, desde el día siguiente de la matanza.
Villa Dolores es la huella más viva del choque entre aquellos hermanos de clase, que a su vez son vecinos de la misma casa, compadres y hasta parientes. Es que ahí, en esa falda del cerro de la disputa, se registró la madre de las explosiones. Ahí se registró el primer incidente de aquel mal viernes, a eso de las 10:00.
Los cooperativistas dicen que habían decidido tomar pacíficamente el centro de operaciones de la empresa Huanuni y que los funcionarios de ésta empezaron a atacarlos no sólo con dinamitas, sino también con armas de fuego. Los mineros sindicalizados dicen lo contrario. Afirman que los otros, sedientos de poder y ambición, los emboscaron para hacerse de las 37 vetas de estaño que guarda en su vientre húmedo y oscuro el Posokoni, o sea, en el nivel 120 del cerro, que es el centro de disputa entre cooperativistas y asalariados.
Pero lo cierto era que ambos bandos se lanzaron dinamitas y muchas cayeron en los barrios Villa Dolores, Carazapato, Santa Elena, Cuchillani, Corazón de Jesús, avenida Arce y en la zona central. “Corrimos como animalitos escapando para todos lados. Nos metimos en nuestras casas y vino el sonido fuerte y los techos de las casas se cayeron, las puertas volaron en pedazos y los perros se volvieron locos de miedo”. La que narra es Yaneth Yucra, una muchacha de 20 años, madre de un bebé que cumplió tres días el primer día de los enfrentamientos. “Sus oiditos se los he tapado para que el ruido no se los fregue”, explicaba el martes pasado mientras veía bajar con alegría los víveres, las vituallas, los colchones de paja y las medicinas que llegaban de las donaciones.
 

Pérdida. Zacarías Roque camina herido, con un tajo en la cabeza. Lo llevaron al hospital, le hicieron cinco puntos y cuando retornó al pueblo encontró su casa

Sonia Condori, hace el recuento de las víctimas y dice que de los 600 damnificados, 150 lo han perdido todo. Vale decir, sus casas de barro, o de hule o de madera, y las pocas pertenencias que tenían en ella.
El presidente de la Federación Regional de Cooperativas Mineras, Prudencio Pacheco, denuncia de forma insistente que en los centros hospitalarios de Oruro existen varios heridos que todavía tienen la bala en el cuerpo y por eso ha exigido al Gobierno que los traspasen a una clínica privada. Pero los heridos no solamente están en los hospitales. En medio de las ruinas que quedan de los feroces ataques, donde se están instalando las carpas donadas por Defensa Civil y otros buenos samaritanos. Es común ver a niños y adultos con la cabeza, algún brazo o la cara parchada con una gasa tapando la herida. “Es de balín”, asegura Helena Baltazar, de 12 años, mientras se desabotona la blusa para mostrar la venda que lleva en su pecho izquierdo. A Zacarías Roque ya le pasó el mareo que le vino el momento en que una piedra, dice él, le rajó su frente. Así, con esa herida que se la costuraron en Santa Elena, (le hicieron cinco puntos) uno de los dos hospitales que existe en Huanuni y el que después de lo sucedido está a punto de caerse. La ministra de Salud, Nila Heredia, ordenó que todos los servicios que se prestaban en el primer piso sean trasladados a la primera planta porque en cualquier momento se pueden desplomar las paredes construidas mucho antes de que Víctor Paz Estenssoro le dé el tiro de gracia a la minería con el Decreto 21060 y la ‘relocalización de los mineros’.
En la morgue fue donde se concentraron los dramas mayores. El viernes 6 se realizaron las autopsias y aquel día, con un sol colgado en un cielo sin nubes, las viudas y los huérfanos acudieron a recoger a sus muertos. La muchedumbre conformada por amigos, autoridades y periodistas, de rato en rato se llevaban las manos a la nariz para evitar el olor agrio de los cuerpos sin vida, que eran metidos en los cajones y que por falta de transporte aguardaban fuera de la morgue antes de ser llevados a los velatorios grupales. En el salón de reuniones de Fencomir había uno, ahí se velaron siete personas y en el coliseo municipal a cinco correspondientes a la empresa Huanuni.
A Llallagua, otra población minera que queda a una hora de Posokoni, fueron trasladados tres cuerpos sin vida cuando en el cerro todavía seguían enfrentándose a dinamitazos.

Las pérdidas materiales paralizaron la economía

Cada día que pasa el Posokoni deja de producir dinero. Los mineros de la empresa minera Huanuni y los cooperativistas no han vuelto a internarse en las entrañas del cerro estañífero desde que se enfrentaron por él, en esas cornisas sin vida y atacadas por el viento helado que siempre reina en los paisajes casi lunares, ubicados a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.
 

Panorama. Desde la cima del cerro Posokoni queda despejado el panorama desolador. Los daños materiales, a la vista

Las pérdidas materiales aún no han sido cuantificadas con precisión por ninguno de los dos frentes, pero tanto los cooperativistas como la empresa Huanuni consideran que por cada día no trabajado pierden, cada uno, cerca de 200.000 dólares por la producción de al menos 150.000 toneladas de estaño por día.
El inicio de operaciones no llegará sólo con la pacificación del pueblo, sino cuando las instalaciones y los equipos sean reparados. La empresa Huanuni denunció que las dinamitas que les lanzaron desde lo alto del cerro, les dañaron su sistema eléctrico, la maestranza, las bombas de agua y varias compresoras.
Según ejecutivos del sindicato de trabajadores de Huanuni, las pérdidas podrían superar el millón de dólares. El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, dijo que una comisión está evaluando los daños y que lo más pronto (posiblemente la próxima semana), se reanuden las labores en la mina porque cree que la consolidación de pacificación de la zona llegará cuando ambas partes vuelvan a estar ocupadas en el trabajo.
Los cooperativistas también hablan de millonarios destrozos. Para empezar, Benedicto Colque, que es delegado de base de la mina Carazapato, indicó que los sindicalistas les han pulverizado su mercado de dinamitas, se han entrado a saquear sus depósitos de estaño y les han destruido campamentos enteros, en los que moraban los trabajadores con sus mujeres y sus hijos.
Las marcas de aquella "guerra", no sólo están en las infraestructuras de uno y otro bando, sino también en las casas particulares, en el hospital Santa Elena, y en varias escuelas que por el impacto de las explosiones quedaron con las ventanas sin vidrios y las paredes débiles, por el sacudón producido por las explosiones que en su momento de máxima intensidad se registraban con intervalos de tres y cinco minutos.
El subprefecto de la provincia Huanuni, Víctor Calle Martínez, dijo que también están evaluando cuándo volverán a ser normales las actividades escolares.