Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 22, julio de 2006










 

ESCLAVOS
Made in Bolivia
Volver
¡Bendita basura!
Libertad. Escapando del fantasma de la esclavitud, más de 300 bolivianos han tomado la decisión de buscarse la vida en los basurales de la ciudad de Buenos Aires
Imprimir
Texto normal
Texto medio
Texto grande
Fachada. Desde afuera, el barrio alarma a los argentinos obligados a pasar por Los Pinos. Una vez adentro, es posible contemplar la pericia que tienen sus habitantes para hacer útiles cosas ‘inservibles’

Mario Tórrez (34) tiene una mujer trabajadora, seis hijos bolivianos, dos hijos argentinos y una casa repleta de remiendos. María Condori Colque, su cómplice y esposa, de 30 años y dos cesáreas, abre la boca para pedir disculpas por las costuras a mano que le hicieron a su vivienda: las paredes eran de cartón, el techo de venesta prensada, las puertas de tela y los colchones de plastoformo.
La familia Tórrez-Condori, al igual que otros 55 clanes bolivianos, vive en el barrio Los Pinos de Buenos Aires, instalado en un área de 100 metros de largo por 40 de ancho, cuyas casas están construidas a punta de desperdicios que bota ‘la gente normal’ de esa ciudad grande.
Los lotes pequeños -el más grande mide tres por cinco metros- los han comprado de los loteadores argentinos a 800 y 1.000 dólares, pero no les han dado papeles y ninguno de los interesados sabe cuándo les darán.
El barrio Los Pinos aterra desde afuera. Los que lo ven desde el tren, cuya estación está a tres cuadras de aquel lugar donde moran bolivianos, dicen que ni muertos pasarían cerquita de ahí porque esa gente es capaz de matar.
Pero la boliviana Norma Andia, la jefa de la Asociación de Inmigrantes 6 de Agosto, famosa entre los desdichados compatriotas por dedicarse a ellos las 24 horas del día, desmiente los atropellos verbales que la gente de otros lados les suele disparar.
Es por eso que sale de su oficina de la calle Ana María Janer 3.180, donde tiene levantada una montaña de documentos -son de los bolivianos que han acudido hasta ella para que les ayude a tramitar sus certificados de residencia-, y camina dos cuadras con su andar de Mercedes Sosa y su porte amachado de Horacio Guaraní.
En el temido barrio Los Pinos la saludan como a una santa y los habitantes con caras de inmigrantes de Bolivia abren las puertas de sus casas, cuentan sus historias y dicen que se sienten orgullosos de haber sido capaces de montar un barrio con las cosas que los ricos de Buenos Aires creían que ya no servían para más.
Es de ese barrio la familia Tórrez-Condori y es de ahí también el clan Villanueva-Vela, que junto al resto de quienes moran en aquel lugar salen todos los días del año a caminar por encima del lomo de la gigante ciudad de Buenos Aires para profanar sus basureros y adueñarse de sus contenidos, que luego venderán a las empresas de reciclaje.
Los Tórrez-Condori y los Villanueva-Vela aseguran que por mes ganan como 300 dólares y que la tendencia es que mejorará este ingreso porque se han dado cuenta de que la gente de la ciudad, la que vive en casas de verdad, hechas con ladrillo y cemento, cada día que pasa se hacen más duchos para fabricar basura.