Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 22, julio de 2006









 

ESCLAVOS
Made in Bolivia
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Las tribus del subsuelo
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Necesidad. El espacio es pequeño y se dan modos para habilitar una cocina

No se los ve en la calle, ni en los metros, tampoco se los observa en los buses, en los mercados, ni en los baños públicos. Y eso que se estima hay más de un millón de bolivianos en Buenos Aires, y en São Paulo cerca de 80.000.
La mayoría forma parte de las ‘tribus de subsuelo’ donde las buenas costumbres y los gobernantes los dejan subsistir a cambio de un silencio sepulcral que no revele la ineptitud o la complicidad de las autoridades para controlar a las mafias que reclutan inmigrantes.
Sobreviven en esos galpones, donde poco se duerme porque sus ocupantes, los bolivianos que salieron de los recovecos de Bolivia donde las fuentes de trabajo son un lujo, se dedican a costurar, luchando contra el reloj y el sueño, las prendas de vestir que son cotizadas en los mercados y tiendas donde también va la gente de clase media para arriba.
Los argentinos y los brasileños sólo saben que los bolivianos tienen fama de ser trabajadores y humildes, y como dice Raúl Héctor Sánchez (48), nacido en Buenos Aires, los ‘bolitas’ saben ser inmigrantes, son muy calladitos.
Tan calladitos son que a finales de marzo de este año tuvieron que morir dos adultos y cuatro niños bolivianos en el incendio de un taller textil de dos plantas en la calle Luis Viale 1269, en Caballito, para que las autoridades argentinas se atrevan a desnudar una realidad que no había sido admitida hasta entonces: la esclavitud se campea por las narices de autoridades argentinas.
Tan calladitos son los bolivianos que la mayoría (unos 50 por lo menos) de los que lograron salvar la vida del incendio, prefirieron escapar por miedo a que la Policía los encarcele por estar trabajando de ilegales.
¿Por qué no se los ve en los mercados comprando verduras o abarrotes? Porque todos los que trabajan en los talleres desayunan, almuerzan y cenan en el mismo lugar donde trabajan.
¿Por qué no se los ve utilizando los metros ni los ómnibuses? Porque los bolivianos no necesitan transportarse porque no salen a las calles y cuando se ponen graves de salud o cuando a las mujeres embarazadas les llega el momento de dar a luz, los llevan caminando a las clínicas públicas más cercanas del lugar donde son reducidos a servidumbre.
¿Por qué no salen a las calles? “Porque tienen miedo de orinarse en sus pantalones cuando ven a un policía”, responde Norma Andia, la directora de la Asociación de Residentes 6 de Agosto de Buenos Aires, que a las seis de la mañana está transmitiendo su programa Sin Fronteras por la radio 92.9, Chacaltaya, que funciona clandestinamente y a través de la cual aconseja a los bolivianos que dejen de ser ‘calladitos’ y denunciar a todos los que se atreven a dañarlos física y moralmente.

 Punto de vista

Estamos viviendo muy mal
Mario Jeremías / Pastoral del Migrante
Hay mucha esclavitud en Brasil y las víctimas son los ciudadanos bolivianos que llegan en busca de trabajo. Los dueños de los talleres de costuras, donde los explotan, los hacen trabajar más de 20 horas por día. Eso para la ley brasileña es esclavitud porque las reglas jurídicas dicen que en este país se debe trabajar solamente 8 horas diarias y ganar 500 reales al mes como mínimo. Sin embargo, los bolivianos ganan mucho menos que esa cantidad de dinero. Eso ocurre de una manera frecuente en Brasil y los malos tratos suceden entre paisanos (de boliviano a boliviano), y hay veces que son los coreanos los que los esclavizan y también suelen estar involucrados los brasileños.
Es por eso que la Pastoral del Migrante a nivel mundial tiene la tarea de escuchar las historias de los que sufren, darles alojamiento, comida, ropa, apoyo jurídico y espiritual. Por ejemplo, el último domingo de cada mes hay una misa para los emigrantes latinos.
Esta realidad dura, que yo creo que afecta a por lo menos 150.000 bolivianos en Brasil, no puede seguir así. Sin embargo, mientras el capital excluya a las personas, no habrá solución al drama de la esclavitud laboral que está creciendo cada día. Si entre los gobiernos, la iglesia y la sociedad civil no nos reunimos y nos unimos para cambiar este sistema económico en el cual vive el planeta, no habrá solución. Eso tiene que quedar claro. Pero también estoy obligado a decir que creo que es estructural el problema. Vale decir, o todos entendemos que hay que repartir los bienes, o no hay solución. Lamentablemente la riqueza está en pocas manos.