ESCENAS

Lora, un apellido que tiene peso en la historia del teatro en Santa Cruz


Personaje de nuestra tierra. Arturo Lora Landívar nació en Vallegrande, tiene 67 años y casi 40 en el teatro. Estuvo en más de 20 obras y en siete largometrajes, y es un incansable promotor de la cultura 

Premiado. Recibió el Tiqui en distintas oportunidades y otras distinciones de instituciones de peso en este sector, como APAC, de quien reconoce el aporte a Santa Cruz

25/09/2017

Los Lora y la cultura llevan juntos tres generaciones, la primera, Fernando Lora Márquez, era obrero y un ávido lector que sembró en su descendencia el gen del amor por la cultura y el arte; con Rosario Landívar Flores tuvieron seis hijos, pero uno, Arturo Lora Landívar, hizo que nazcan artistas en su árbol genealógico. Con 67 años y casi 40 en teatro, participó en el nacimiento de dos elencos en Santa Cruz, Máscara Teatro (con el argentino José Cobrana) y Casateatro (con René Hohenstein), además actuó con los grupos Ditirambo, Tiquiminiqui y con el director Ubaldo Nállar.   

Su gran talento también lo llevó al cine, actuando en siete películas nacionales; la última, Bárbara, que se estrenará el 5 de octubre.

Todo comienza cuando... 
Antes de empezar a conversar sobre su carrera quiere presentar a sus incitadores de la actuación: son cientos de libros, divididos en géneros, que cubren tres de las cuatro paredes de su estudio y en una de ellas una hemeroteca con 25 años de noticias registradas por el diario EL DEBER. 

Considera que es importante mostrar su biblioteca porque primero fue lector; luego espectador,  época en la que miró y apuntó cada cosa que hacían Enrique Alfonso, Carlos Vidal, María del Carmen Natusch, Betty Justiniano, Amalia Unzueta, Gloria Fernández y otros de su época; después puso lo aprendido en práctica y saltó a ser actor, director e instructor.

“Guardo el jisunú de la biblioteca: Don Quijote de la Mancha, La Odisea y Sandokán, que leí en mi juventud. Luego llegaron los que heredé de mi padre y ahora reúne hasta los de mis hijos. Es una colección familiar”, expresa. Y sobre los diarios, atesora el primero que compró su padre cuando llegó de Sucre a Santa Cruz de la Sierra a echar raíces. Amarillento, pero casi intacto, está guardado en un sobre que lleva rotulada la fecha del 10 de junio de 1953.

Arte por sobre todas las cosas
Trabajó desde los ocho años, “de acuerdo a las circunstancias” y se emancipó a los 15; vendió periódicos y empanadas, fue  mensajero y visitador médico, entre otras labores más, pero mientras hacía lo que tocaba, el arte estuvo presente. 

“Comencé a consumir teatro por mi cuenta y cuando llegué a él me sentí muy bien, me dio una compensación espiritual que me marcó. Estaba convencido de que tenía que hacer eso y luego hubo un acercamiento natural, iba a suceder”, asegura.

Tercera etapa: consolidación

Fue Remberto Ulloa, de la Asociación Cruceña de Actores (ACRA), quien lo invitó a debutar  en Coto colorau, tras verlo entre el público en cada representación artística de la ciudad. 

Un joven Arturo se preparó para su primer papel, pero cuando estaba listo para salir a escena la obra no consiguió sala y no se presentó. Y es que en aquella época solo existían el paraninfo universitario y la Casa de la Cultura y a veces se montaban espectáculos en el Mau Mau y en el cine Santa Cruz.

Pero ya había tomado impulso, así que llegó Cordelia de pueblo en pueblo, Guano maldito, La boda, La visita de la vieja dama, Dios, San Diablo, Ana en el trópico (de Estados Unidos), Calandraca y otras que suman más de 20.

Al cine llegó en 1991, con Los Igualitarios (de Juan Miranda), y le siguieron Autonomía (Demetrio Nina, 2001), Dependencia sexual (Rodrigo Bellott, 2001), La cacería del nazi (Laurent Jaoui, 2007) y Bárbara (Pedro Gutiérrez, 2017).
 
La cosecha

Arturo Lora Landívar tuvo cuatro hijos. Luego de relacionarlos con el dibujo, la literatura, la música y el teatro e introducirlos en las actividades culturales desde pequeños, todos resultaron poseer el gen de su abuelo.  

Además de ejercer sus profesiones, Mayra Elisa canta y toca la guitarra; Cristina la flauta traversa y la armónica; y José María y Jorge Arturo son actores y directores de teatro.

“Todas las personas deberían practicar algún arte porque este equilibra la vida, la hace más llevadera”, afirma convencido.

Y junto a esta gratitud de la vida llegaron distintos reconocimientos de gestores culturales. Algunos de ellos, el primer Tiqui, en 2003, a actor del año y un premio de APAC, que lo nombró sobresaliente actor y animador de desarrollo del teatro en Santa Cruz, entre otros. 

Incansable

Ha creado talleres para formar promotores y animadores de la lectura y también enseña actuación para seguir inyectando cultura a su tierra. 
También volvió a la universidad,  que dejó a medias, pero esta vez se graduará de Gestión Social para el Adulto Mayor, carrera que armó con la Asociación del
Adulto Mayor Iluminar y que busca alguna institución que le proporcione un techo académico para graduar a sus primeros 100 alumnos.

Seguirá en la actuación, que le apasiona más que la dirección. También comenzó a escribir, algún día el telón descubrirá una historia suya.



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