ESCENAS

La época dorada del soul en EEUU perdió a su última superviviente


Su voz se apagó ayer. El año pasado se retiró de los escenarios debido a un cáncer de páncreas y a otras complicaciones en su salud. Políticos y artistas dedicaron publicaciones a este ícono de la música

Cantó en el funeral de Martin Luther King, al que había conocido de niña en su casa
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17/08/2018

Empezó en la música en la década de los 50, y en los 60 sacudió el escenario melódico al introducir los recursos de góspel en los ritmos seculares, producto de su evolución como hija de un pastor, Clarence LeVaughn Franklin, amigo de Martin Luther King.

Aretha Franklin, la reina del soul, murió ayer a los 76 años, justo en la misma fecha en que el mundo perdió a otro grande, Elvis Presley, hace 41 años.

Con 18 Grammys, 10 millones de discos vendidos, una estrella en el paseo de la fama y el título de primera mujer que ingresó en el Salón de la Fama del Rock and Roll, su partida alborotó las redes sociales de notables personajes, entre ellos Obama, para quien cantó en su posesión en 2009, momento al que Aretha denominó como el más emocionante de su carrera.

En 2010 sufrió un cáncer de páncreas y su salud había empeorado en los últimos meses. El representante de la artista confirmó el fallecimiento, según la agencia AP, a causa del cáncer de páncreas. Y con su partida, desaparece la última gran superviviente de la era dorada de la música soul estadounidense.

Precoz y turbulenta

Nació en 1942 en Memphis (Tennessee), pero creció en el mismo lugar que le ha dicho adiós, Detroit (Michigan).

Empezó a cantar en la iglesia de su padre y a los 14 años tuvo su primera grabación, dos años después de tener a su primer hijo, al que se sumaron tres más, y entre medio un matrimonio violento. Decía su productor de Atlantic, Jerry Wexler, que sus ojos luminosos cubrían la angustia y que sus depresiones podían llegar a ser “tan profundas como el mar oscuro”.

Fue influenciada por las mejores voces del jazz, como Dinah Washington y Ella Fitzgerald. Aretha llevó la intensidad y la pasión del góspel a temas y espacios profanos como las reivindicaciones feministas o raciales. Así consiguió llevar esa música de la iglesia a la calle. Su talento y carrera fueron claves en la génesis del soul, y en los años 70 ella ya estaba al mismo nivel de otros genios del género, como Sam Cooke, Otis Redding o James Brown. Solo para muestra de la magnitud de la pérdida.

Tuvo niñez corta, que acabó por problemas familiares y precoz fama


 




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