ENTREVISTA

Frank Fernández: “Yo no soy un producto de la Revolución Cubana”


El pianista cubano, uno de los más reconocidos del mundo, actuará hoy y mañana en el CBA junto con la Orquesta Sinfónica Juvenil. Los recitales son gratuitos


El cubano se ha presentado como solista con más de un centenar de orquestas sinfónicas del mundo y en esta oportunidad lo hará con la Orquesta Sinfónica Juvenil cruceña
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18/01/2019

Un magistral intérprete del piano se encuentra en Bolivia para compartir su talento con el público cruceño. Frank Fernández, quien ha sido señalado como uno de los mejores pianistas del mundo, acompañará hoy y mañana a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Santa Cruz de la Sierra, en dos recitales que incluirán música popular cubana y boliviana, además de un clásico del siglo XX: Rhapsody in blue, de George Gershwin. La cita es desde las 20:30, en el teatro del Centro Boliviano Americano (Sucre # 364). La primera temporada de la orquesta es auspiciada por el Ministerio de Culturas y Turismo. La entrada es gratuita (el público puede recoger su taquilla en las oficinas de la calle Murillo # 119, en horarios de oficina).

Luego de los ensayos, Fernández habló a EL DEBER de sus expectativas sobre los recitales y contó algunos aspectos de su extensa trayectoria.

¿Qué significa actuar por primera vez en Bolivia tras más de 60 años de carrera?

Una gran satisfacción. Siempre me ha gustado trabajar con los jóvenes talentosos, ellos siempre te aportan una energía nueva, puntos de vista nuevos. A veces, hasta de los pequeños errores surge la vitalidad. Y no solo lo que aprendes, sino también la posibilidad de transmitir esas experiencias que hayas tenido en tu vida a estos muchachos. Sientes que vale la pena vivir. Porque mientras más sabes más descubres tu ignorancia. La felicidad no es el destino, es el camino. Bolivia es el país número 41 que conozco, y siempre es algo fascinante llegar a una nueva cultura, donde tiene su propia manera de sonar y de hacerse escuchar. Cuando te encuentras con un nuevo foco cultural te sientes más útil y halagado de que te hayan llamado.

¿Cuál ha sido la mayor emoción sobre el escenario?

Las emociones no son comparables. No es como medir una libra de arroz brasileño contra una libra de arroz vietnamita. La cantidad de grano varía y ambos pueden ser buenos. Los ensayos con la orquesta han sido de tal emotividad, sobre todo cuando sentí la evolución de la cuerda en los muchachos, en un lugar donde no existe una escuela sólida de música, cuyos logros son frutos de esfuerzos privados; entonces, escuchar a un músico, que, en un principio manifiesta una timidez espiritual, para luego soltarse de una forma tan emotiva es digno de aplaudir. Yo lo hice. Eso es tan representativo como haber sido invitado a tocar Rachmaninov, con la Filarmónica de Moscú. Son emociones diferentes. Tocar con la Sinfónica Juvenil de Venezuela, que acaba de ser calificada en Londres como una de las seis mejores orquestas del mundo, es un honor sin duda. Claro, tú podrás decir, ‘pero Frank, esas selecciones son criterios personales’. ¡Claro que son criterios personales! Los Grammy son criterios personales, los Óscar, los Nobel, los Honoris Causa. Todos son criterios personales y a veces personalistas.

¿También cuando se afirma que Frank Fernández es uno de los mejores pianistas del mundo?

Por su puesto. Lo único que habría que averiguar es dónde lo dicen. En mi caso, la revista japonesa Ongaku No Tomo calificó mi recital entre los 10 mejores eventos del año, junto a un recital de Plácido Domingo. Esa categorización es importante para mí, porque la revista se preocupa mucho y los que escriben sobre arte son personas calificadas. No son improvisados. No es que me crea que estoy entre los 10 mejores, pero estoy en la pelea. Eso estimula, sin duda, pero sigue siendo un criterio personal.

¿Fueron el rigor y la disciplina los que lo llevaron a alcanzar sus metas?

A veces, de lo único que me lamento es de haber aflojado el ritmo en mis años de adolescencia. Yo nací en un hogar en el que mi madre tenía una academia de música. Eso permitió a los 4 años poder tocar de oído. Y el rigor estuvo desde un principio. Pero luego, cuando llegó esa etapa de inseguridad que producen en el cerebro los cambios hormonales, aflojé la marcha y el rigor. Y el precio es que ahora, con 74 años, estoy estudiando más horas que las que estudié cuando tenía 15 o 16. Pero siempre tuve claro que algo de talento tengo, sería una falsa modestia no reconocerlo. No quiero crear una falsa imagen, pero la vida me ha demostrado que más ha valido la perseverancia y la noción del sacrificio, ese rigor, trabajar y seguir trabajando. Porque muchos, por más talento que tengan, se quedan a la mitad de la piscina si les falta el rigor.

¿El haber nacido en Cuba le abrió más puertas en el mundo de la música?

Desde hace 60 años, cuando triunfa la revolución, en Cuba mantenemos un sistema socialista que todo este tiempo ha estado atosigado por una potencia capitalista. Para ese entonces yo ya tocaba el piano y ganaba dinero de lo que tocaba. O sea que yo no soy un producto de la revolución, como ha ocurrido después con muchos jóvenes, que desde que nacen tienen escuela gratis hasta que se gradúan. Yo tuve la suerte, no por rico. Mi familia era de clase media baja, pero mi madre tenía una academia de música. En mi pueblo de Mayarí, que se encuentra en el oriente cubano, ella era un foco cultural. Y eso fue determinante. Pero cuando triunfa la revolución, yo ya estaba ganando dinero. En 1966, con 22 años, gané la beca de un concurso nacional de piano. Quiere decir que a mí no me ha regalado nada la vida, me ha sido difícil, pero ser parte de un ambiente donde todos tienen acceso a la cultura fue un acicate. Sin duda, la Revolución Cubana generó una competencia brutal. En Cuba, tú das tres golpes en el piso y salen 25 pianistas. Y ninguno es malo. No es chauvinismo, es un sistema positivo por donde se lo mire.