ENTREVISTA

Diana Brito: “La memoria se potencia si la combinamos con las emociones”


La experta mexicana dictó una conferencia. Reveló descubrimientos sobre el cerebro que pueden aprovecharse en el aula. Los padres pueden acompañar y amoldar la inteligencia de sus hijos

Aún se reciben inscripciones de estudiantes, educadores, pedagogos y padres de familia

13/10/2017

Diana Brito, una licenciada en Sicología Educativa y doctorada en Ciencias de la Conducta, proveniente de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), estuvo en Santa Cruz dando la conferencia Neuroeducación: estrategias para potenciar el aprendizaje, organizada por el Departamento de Educación Continua y Posgrado de la UDI y el Centro de Aprendizaje Integral Vivir Feliz. 

La neuroeducación de la que ella vino a hablar hace una conexión entre lo emocional y el aprendizaje como fórmula del éxito, entre otras cosas.
 
 ¿Qué es neuroeducación?
Es aterrizar los hallazgos que se tienen de la neurociencia que se puedan aplicar a la educación. Lo interesante es que los descubrimientos sobre cómo trabaja el cerebro no se están quedando en artículos científicos de revistas especializadas ni en tesis de la universidad ni en laboratorios, hay esfuerzos por bajar esos hallazgos y decirle al profesor de qué le sirve lo que se ha descubierto. 
La idea es que lo poco que ya sabemos del cerebro esté al servicio de los niños, de los profesores y de los padres. Pero ojo, que todo lo que lleva el prefijo ‘neuro’ se ha puesto de moda,  pero puede haber enfoques que no sean completamente serios. Hay que distinguir lo que puede ser simple marketing y lo que es serio basado en hallazgos científicos. 

¿Y qué se ha descubierto que sea de utilidad en las aulas?
Un ejemplo, la memoria es un proceso fundamental en el aprendizaje y cuando nos quejamos de nuestros chicos y decimos: “Es que no memoriza, no aprende...”, conviene preguntarse ¿está entrando bien la información?, ¿está guardando bien la información? ¿está  recurriendo bien a la información guardada?, y en cada uno de esos pasos puede estar la falla. Puede ser sutil el daño o la dificultad. 

Lo que se ha descubierto es que la memoria se potencia si la combinamos con las emociones. Si me preguntas qué almorcé hace diez días no me acuerdo, pero si me preguntas qué comí el día de mi cumpleaños sí me acuerdo perfectamente, ¿por qué lo que pasó hace diez días no lo recuerdo tan bien como lo que pasó hace un año? Porque hay un componente emocional. La  emoción está ahí, reforzando y desencadenando procesos en el cerebro que hacen una huella de memoria. 
¿Qué pasa si eso lo llevamos al salón? ¿Qué tal si el profesor llega y los impresiona a sus alumnos, les pone un componente emocional que los enganche y les despierte la curiosidad? Lo que pasará es que el contenido que les imparta se va a quedar grabado en la memoria. Yo siempre les digo a los profesores ¿qué queremos? ¿nada más cumplir con el programa y decir esto ya lo saben mis alumnos  y que pasen el examen? La educación es mucho más que eso. Entonces este tipo de estrategias neuroeducativas es importante.

 ¿Qué hay de la atención?, ¿qué puede hacer por ella la neuroeducación?
Es bueno saber que los niños pequeños tienen una curva de atención muy pequeña y las maestras de kínder tienen que estar cambiando el foco en todo momento. A medida que van creciendo, la curva se va haciendo más grande y más voluntaria. Al principio cualquier cosa los distrae, eso es normal, pero a medida que se va avanzando, la atención se va haciendo más voluntaria. 
Otro aspecto importante son las funciones ejecutivas que han revolucionado la manera en que pensamos acerca de la inteligencia. 

¿A qué se refiere con funciones ejecutivas?
Las funciones ejecutivas son las que maneja el lóbulo frontal, y es lo que nos hace ser seres humanos pensantes y razonables, es ahí donde se lleva a cabo la planeación, la inhibición, la anticipación. Pero esta parte prefrontal es la que más tarda en madurar. Hay quienes postulan que hasta los 27, 30 años termina de madurar. Entonces si comprendemos eso, podemos acompañar mejor el desarrollo intelectual de nuestros hijos. 

Por ejemplo, la inhibición es la capacidad de frenar comportamientos o respuestas, es decir, quedarme callado cuando estoy pensando algo pero no debería decirlo, mi frontal me dice: “No lo digas, no tiene caso, no tiene sentido”.  O si nos enojamos y queremos matar a la otra persona, nuestro frontal nos dice:
“Frénate”. Eso es inhibición, los niños no tienen eso, si piensan: “Mamá estás muy fea”, solo lo dicen. Eso es porque su prefrontal todavía no está maduro. Nosotros al manejar un poquito de estos datos neurocientíficos podríamos concluir que como padres somos los lóbulos provisionales de nuestros hijos y que tendríamos que entrenar ese cerebro para que eventualmente el niño vaya adquiriendo esas habilidades.    

 De neuroeducación no solo deberían saber los profesores, sino también los papás...

A veces tenemos exigencias con los niños que son descabelladas, que no corresponden con el desarrollo  de su cerebro. El cerebro  es un órgano maravilloso, pero por sí solo tampoco es que logre todas las maravillas posibles.  El medioambiente es fundamental, un medioambiente rico va a generar conexiones diversas y fuertes. El medioambiente modifica el desarrollo del cerebro. 

Los padres tienen un tesoro en sus manos, tienen un cerebro (el de su hijo) al que van a poder dotar de habilidades, es una tarea muy importante y el no estar conscientes de que existe ese cerebro y que lo pueden favorecer o desfavorecer en su desarrollo es una gran limitante. Los padres tienen que saber que hay un cerebro y que se moldea. Ellos pueden interferir en el desarrollo de la inteligencia de sus hijos. El cerebro es plástico y tiene la posibilidad de irse amoldando.     



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