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Talleres textiles están al borde de la paralización debido a la falta de insumos

Lunes, 08 de junio de 2026 a las 04:00
Hay incertidumbre entre los confeccionistas, debido a la escasez de materia prima para sus talleres, como telas e hilos/foto: Ricardo Montero

Los microempresarios alertan que la materia prima comienza a agotarse y que las ventas están paralizadas. Fedemype ya registra cierres de talleres, pérdidas millonarias y una nueva ola migratoria hacia Chile y Perú ante la crisis económica

Desde los 10 años, la vida de Selva Moreno ha transcurrido entre telas, hilos y máquinas de coser. Con sus manos transforma retazos de tela en pantalones, camisas y vestidos, este oficio lo heredó de su madre y lo fue perfeccionando durante los años que trabajó en Argentina y Brasil, países a los que migró cuando las oportunidades escaseaban en Bolivia.

Hoy, con resignación, admite que podría verse obligada a dejar nuevamente el país. No quiere hacerlo. Aquí están sus hijos, sus nietos y sus sueños, pero la crisis que atraviesa el sector textil la empuja a considerar esa posibilidad. La escasez de materia prima para confeccionar prendas, agravada por los bloqueos de carreteras que dificultan el abastecimiento, ha reducido su trabajo y puesto en riesgo el sustento de su familia.

Ella forma parte del reducido grupo de 10 trabajadores que aún se mantienen activos en el taller de Félix Huaycho, un confeccionista con más de dos décadas de experiencia en el rubro. Allí el sonido de las máquinas de coser todavía rompe el silencio. Las agujas siguen avanzando sobre las telas y los operarios cumplen con sus tareas como cualquier otro día. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad se esconde una preocupación que crece con cada jornada: la posibilidad de que la materia prima se agote y la producción se detenga por completo.

Foto: Ricardo Montero

Y es que para emprender en Bolivia es navegar contra la corriente. Además de enfrentar una economía golpeada por la escasez de divisas y la caída del mercado interno, Huaycho debe competir con el ingreso masivo de ropa usada y prendas importadas de bajo costo, principalmente de origen chino, que el sector considera una competencia desleal. A este escenario se suman años de conflictos sociales, bloqueos y crisis económicas que, según los microempresarios, han provocado el cierre de al menos el 20% de los talleres y unidades productivas del país.

Huaycho habla con propiedad y datos primera mano, es secretario general de la Federación de la Micro y Pequeña Empresa (Fedemype) de Santa Cruz, y asegura que el panorama es crítico. Aunque la producción aún no se ha detenido por completo, advierte que las reservas de materia prima están llegando a su límite. Muchos de los insumos utilizados por el sector llegan desde el exterior y las dificultades para el transporte y abastecimiento amenazan con cortar la cadena productiva.

La historia, asegura, no comenzó con los conflictos actuales. Habla de una crisis que se arrastra desde hace más de seis años, marcada por disputas políticas, la pandemia, los paros y una recuperación económica que nunca terminó de consolidarse. Mientras tanto, los pequeños productores siguieron trabajando, sosteniendo empleos y manteniendo en movimiento una parte importante de la economía nacional.

Pero la resistencia tiene límites.

Según datos del sector, alrededor de las 200.000 unidades productivas cerraron de manera definitiva durante este periodo. Talleres textiles, fábricas de calzados, carpinterías y emprendimientos metalmecánicos desaparecieron del mapa económico dejando a miles de familias sin sustento.

En el caso de Huaycho, la reducción también fue inevitable. En sus mejores años llegó a emplear entre 20 y 25 trabajadores. Hoy apenas mantiene una decena. Los trabajadores eventuales fueron los primeros en salir ante la disminución de pedidos y la incertidumbre sobre la llegada de nuevos insumos.

Detrás de esos números hay historias de emprendimientos que no resistieron. Algunos propietarios perdieron sus talleres, otros sus viviendas. Muchos quedaron atrapados entre deudas bancarias, obligaciones tributarias, pagos laborales y alquileres acumulados.

El sector micro y pequeña empresa generan hasta el 80% del trabajo en todo el país, el sector pide el apoyo con la apertura de mercados/Foto: Ricardo Montero

“Muchos se han ido a Chile, otros se quedaron sin nada. Yo ahora estoy resistiendo”, dice.

En el caso del sector textil, la situación se agravó con la escasez de divisas y las dificultades para acceder a insumos importados. Aun así, algunos talleres han logrado mantenerse operando gracias a mercados alternativos. Huaycho menciona que parte de la producción encuentra salida en Argentina, mientras que el mercado interno permanece deprimido.

Pero la situación se agrava por la competencia que el sector considera desigual. La ropa usada y las prendas importadas de bajo costo continúan ocupando gran parte del mercado nacional, reduciendo el espacio para la producción local.

Según sus estimaciones del sector, el mercado informal concentra entre el 50% y el 60% de las ventas de prendas de vestir, reduciendo significativamente el espacio para la producción nacional.

Pese al panorama adverso, Huaycho evita hablar de rendición. Lleva más de 25 años dedicado a la confección. Aprendió el oficio trabajando en Argentina, reunió capital y apostó por invertir en Santa Cruz. Desde entonces ha atravesado crisis económicas, conflictos políticos y una pandemia, experiencias que le enseñaron a buscar alternativas cuando el mercado se cierra.

Los confeccionistas piden medidas para proteger la producción nacional frente a la ropa usada y el contrabando /Foto: Ricardo Montero

Muchos migran

Los pedidos existen, los talleres quieren trabajar y los confeccionistas necesitan vender. Sin embargo, gran parte de la producción permanece inmovilizada por una razón que se repite en distintos puntos del país: los bloqueos y la incertidumbre.

Para Carmen Santander, presidenta de la Federación Departamental de la Micro y Pequeña Empresa (Fedemype) de Santa Cruz, el conflicto ha golpeado nuevamente a un sector que apenas comenzaba a recuperarse de años de crisis.

Los confeccionistas son algunos de los más afectados. Muchos compran telas, hilos, botones e insumos en La Paz, donde los precios suelen ser más accesibles. Pero las restricciones al transporte y el temor a quedar varados en las carreteras han interrumpido el flujo habitual de mercadería.

“Muchos compañeros elaboran sus prendas con materiales que compran en La Paz. Con estos bloqueos no pueden viajar ni abastecerse”, explica Santander.

La situación no solo afecta la producción. También dificulta la comercialización. Durante la temporada de invierno, cientos de microempresarios recorren distintos departamentos para vender sus productos. Algunos llevan mercadería hacia el occidente y otros la trasladan a Santa Cruz para aprovechar los mercados regionales. Hoy ese movimiento está prácticamente paralizado.

El impacto ya comienza a sentirse dentro de los talleres. Según la dirigente, algunas unidades productivas han empezado a cerrar sus puertas debido a la caída de las ventas y la falta de liquidez. Otros negocios sobreviven con dificultades mientras intentan cumplir obligaciones bancarias y mantener las fuentes de empleo.

La crisis ha provocado incluso una nueva ola migratoria. Santander asegura que numerosos microempresarios y trabajadores han optado por buscar oportunidades fuera del país.

Hay compañeros que se están yendo a trabajar a Perú y Chile porque necesitan generar ingresos para cumplir con sus responsabilidades”, señala.

La dirigente pertenece al sector textil y conoce de cerca la fragilidad de estos emprendimientos. Hace dos décadas instaló su pequeña unidad productiva y, como miles de microempresarios bolivianos, ha enfrentado una larga cadena de dificultades: la pandemia, la escasez de dólares, el incremento de costos y ahora los bloqueos.

Recuerda que Santa Cruz había comenzado a mostrar señales de recuperación durante los últimos meses. La apertura de mercados fronterizos permitió a muchos productores vender sus prendas en regiones como Yacuiba, Bermejo y zonas cercanas a la frontera argentina. Esa dinámica estaba devolviendo algo de oxígeno a los pequeños negocios. “Los compañeros tienen miedo de sacar sus productos porque no saben si se encontrarán con bloqueos o si podrán regresar”, afirma.

La incertidumbre también golpea a otros sectores de la microempresa. Los fabricantes de calzados, por ejemplo, acumulan pedidos sin poder entregarlos. Mercadería terminada permanece almacenada mientras los plazos de los contratos comienzan a agotarse.

“Tenemos compañeros con pedidos listos que no pueden llegar a destino. Los compradores pueden ser tolerantes por un tiempo, pero no indefinidamente”, advierte.

Fedemype estima que las pérdidas para el sector textil ya rondan los 20 millones de bolivianos, aunque el impacto total para la micro y pequeña empresa en Bolivia sería mucho mayor.

Para Santander, el problema adquiere una dimensión aún más preocupante porque el sector depende casi por completo de insumos importados. Hilos, botones, telas y otros materiales provienen del exterior, por lo que cualquier interrupción en la cadena logística afecta directamente la producción.

Al final de la jornada, las máquinas se apagan una a una y el taller queda en silencio. Selva recoge las últimas prendas terminadas y ordena los rollos de tela que aún quedan. No sabe cuánto tiempo alcanzarán. Tampoco sabe si tendrá que volver a hacer las maletas y buscar trabajo fuera del país, como lo hizo años atrás. Espera no hacerlo.

Foto: Ricardo Montero

Gobierno y PNUD impulsan el Plan Bolivia Productiva y Resiliente para fortalecer a las mipymes

El Gobierno presentó el Plan Estratégico 2026-2030 ‘Bolivia Productiva y Resiliente’, una hoja de ruta que busca impulsar la transformación productiva del país con énfasis en el fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), la sostenibilidad y la innovación.

La iniciativa cuenta con el acompañamiento estratégico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), organismo que destacó la importancia de consolidar un modelo productivo más competitivo, inclusivo y resiliente frente a los desafíos económicos y climáticos.

Entre los principales ejes del plan figuran el fortalecimiento de las cadenas agroproductivas, la industrialización con valor agregado, la gestión sostenible de recursos estratégicos y el apoyo a las mipymes como motor del desarrollo territorial. También se prevé impulsar la articulación público-privada, mejorar la logística mediante inversiones en infraestructura de transporte y ampliar el acceso a financiamiento y asistencia técnica.

El PNUD señaló que aportará su experiencia internacional en economía circular, desarrollo empresarial e innovación productiva, con el objetivo de promover modelos de negocio sostenibles y generar nuevas oportunidades para el sector.

Para saber

Situación. Más de 20.000 microempresas cerraron en Bolivia entre 2024 y 2025 debido a la escasez de dólares, la falta de combustible y la caída del mercado interno. El sector estima que la crisis provocó la pérdida de más de 100.000 empleos y obligó a numerosos emprendedores a migrar o trasladar sus operaciones a países vecinos.

Combustible. Los microempresarios denuncian que la escasez de combustible elevó los costos de transporte y distribución

Aporte. Las micro y pequeñas empresas (mypes) en Bolivia representan aproximadamente 9 de cada 10 unidades productivas, aportando cerca del 25% del PIB

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