Aunque los bloqueos que paralizaron al país durante más de 50 días fueron levantados, la crisis de abastecimiento de combustibles en Bolivia está lejos de resolverse. Las largas filas en surtidores, la reducción drástica del transporte público e interdepartamental, la paralización parcial de actividades productivas y las denuncias de irregularidades reflejan un problema que continúa golpeando a la economía y a la población.
En la terminal terrestre de Cochabamba, el inicio de las vacaciones invernales ha expuesto con mayor crudeza las consecuencias de la escasez. Miles de pasajeros llegaron con la intención de viajar al interior del país, pero se encontraron con una oferta de transporte severamente reducida. Empresas de buses reportaron una disminución cercana al 70% de sus operaciones debido a que gran parte de sus flotas permanece inmovilizada en estaciones de servicio a la espera de combustible.
La situación ha generado terminales abarrotadas, familias varadas y una creciente incertidumbre entre los viajeros. "No podemos sacar muchos buses porque no logran cargar combustible desde hace tres o cuatro días", explicó un representante del transporte interdepartamental, quien confirmó que la reducción de operaciones alcanza niveles críticos.
El panorama no es diferente en las regiones fronterizas y provinciales. En la avenida Internacional, donde se encuentran importantes estaciones de servicio como los surtidores Cobija y Progreso, las filas de vehículos continúan extendiéndose por varios kilómetros. Transportistas interprovinciales denuncian que deben pasar noches enteras e incluso varios días esperando la llegada de carburantes para poder cumplir con sus rutas.
Dirigentes del sector sostienen que el problema ya no puede atribuirse únicamente a los bloqueos. Según representantes del autotransporte, la persistencia de la escasez revela dificultades más profundas relacionadas con la capacidad estatal para garantizar el suministro de combustibles importados. Asimismo, alertan que el diésel es el producto con mayor déficit, afectando especialmente al transporte pesado, las obras de infraestructura y la actividad productiva.
Los testimonios recogidos por medios en distintos surtidores reflejan el impacto humano de la crisis. Conductores reportan permanecer hasta tres días en filas, soportando bajas temperaturas y sin recibir información precisa sobre la llegada de cisternas. Algunos transportistas señalan que han recorrido varios surtidores sin éxito mientras sus cargas permanecen detenidas, afectando el abastecimiento hacia provincias y municipios.
En Punata, la situación alcanzó niveles aún más preocupantes. Los transportistas públicos que cubren la ruta hacia Cochabamba aseguran estar operando apenas con el 30% de su parque automotor debido a la falta de diésel. A ello se suman denuncias sobre el cobro ilegal por la reserva de espacios en las filas de los surtidores, donde particulares cobrarían hasta Bs 200 a transportistas pesados por un lugar preferencial para abastecerse.
La crisis también evidencia problemas administrativos. En Caranavi, pobladores denunciaron que las oficinas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) permanecieron cerradas durante la jornada del lunes, pese a que decenas de personas aguardaban para registrarse en el sistema SIScarguío, requisito indispensable para adquirir combustible en bidones. Los afectados cuestionaron la burocracia y la falta de información oficial en medio de una situación que consideran desesperante.
Mientras el Gobierno sostiene que trabaja para regularizar la distribución, la realidad observada en terminales, carreteras y estaciones de servicio muestra que la crisis continúa afectando la movilidad, el transporte de carga, el comercio y el abastecimiento interno.
El problema del combustible se ha convertido nuevamente en un factor que impacta de manera transversal a la economía boliviana: sin diésel no circulan los productos, sin transporte disminuye la actividad económica y, en consecuencia, el costo termina siendo asumido por millones de ciudadanos que enfrentan largas esperas.