ECONOMÍA

Pymes comerciantes mayoristas son la válvula de escape


Las ventas al por mayor de muebles y colchones dan un respiro a las pequeñas y medianas empresas. La frontera es un buen lugar para los textiles

La oferta de muebles de madera pelea con la de los melamínicos que llegan de Brasil
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02/04/2017

Bostezos, miradas insistentes en el celular, tonos cansinos al contestar, así es el escenario en la zona de La Ramada, uno de los principales centros de venta de muebles de madera, de metal y de colchones de fabricación nacional.

Alejandra Ortiz, propietaria de una mediana empresa dedicada a la fabricación de muebles de madera, contó que de sus 20 operarios, entre cortadores, carpinteros y vendedores, solo quedan diez, pues las ventas de roperos, vitrinas y camas han caído a menos de la mitad.
En tres años (2014, 2015 y 2016), Ortiz de vender al mes unas 35 unidades de muebles, se tuvo que conformar con cerrar tratos por ocho y a veces diez unidades.

“El golpe fue grave, pues de tener buenas ventas y de poder exportar algunas partidas, todo se cayó. Los benditos muebles melamínicos de Brasil, esos que tienen bonita cara, que son más baratos, pero son ordinarios, casi me arruinan”, señaló Ortiz.

Para José Moreno, propietario de una mediana carpintería en la que todos los días el aserrín es el segundo aire que respira junto con sus ocho empleados, la crisis casi le hace cerrar su taller, en la que invirtió 25 años de su vida.

De repente, sus contactos en Brasil y Argentina ya no querían comprarle sus macizos roperos y juegos de comedor, y gradualmente sus mejores vendedores no cerraban trato ni por un pequeño velador de no más de Bs 200.

¿La causa? La avalancha de muebles chinos y brasileños que llegaron al país, y que para Moreno fue una muralla difícil de superar.

De acuerdo con el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las importaciones de muebles en 2013 fue por un valor de $us 58,4 millones, en 2014 subió a $us 66 millones, en 2015, el valor fue de $us 62,3 millones, para luego bajar en 2016 a $us 53 millones.

Roxana Julio, propietaria de la mueblería San José, indicó que por las ventas bajas, está optando por buscar nuevas alternativas que le permitan continuar con su emprendimiento.
Buscó bajar los precios, ofrecer modelos nuevos, pero nada de eso funcionó, pues sus ventas siguieron en picada. 

“No querían pagar los Bs 350 por una cama de dos plazas, o se asustaban por el precio de un ropero que estaba en Bs 1.800”, indicó Julio, que ante esa situación alarmante tuvo que participar de una marcha junto con los otros fabricantes de muebles para pedir al Estado que busque la manera de frenar el ingreso de muebles extranjeros.

Así, ante el pedido del sector forestal, la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT) optó por incrementar el precio, hasta  un 1.300%,  de los  Certificados Forestales de Origen Digital (CFO) para los que busquen importar muebles melamínicos; eso de alguna manera les dio algo de oxígeno para seguir en el negocio.
Al respecto, Jorge Ávila, gerente de la Cámara Forestal de Bolivia (CFB), considera que el encarecimiento de los CFO fue una buena medida, pero que se quedó a mitad de camino, pues solo está destinado para los muebles y no para otros productos maderables, como las puertas, marcos de ventana y tableros, productos que siguen ingresando al país a menor costo y así afectando a la industria nacional.      
                                                                                                                                                                    
Una válvula de escape                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
Gravar con un mayor impuesto a las importaciones de muebles de melamínicos fue acertado, pero igual las ventas siguen por el piso. Ante esa situación, la figura del mayorista fue cobrando más peso, hasta convertirse en un actor central encargado de dinamizar la demanda de muebles de madera y de metal.
Mario Machicado, propietario de un mediano taller donde sus 20 operarios fabrican muebles de metal, especialmente destinados para uso externo, considera que los comerciantes mayoristas que llegan a principio de cada mes, son la mejor noticia que pueden tener.

“Estos comerciantes llegan a comprar hasta 200 muebles diferentes, para luego llevarlos a las provincias y venderlos a un precio más caro, eso nos ayuda mucho”, afirma.
Para Ortiz, los mayoristas son una opción a las exportaciones,  pues muchas veces le han llegado a comprar 50 camas, 30 roperos, 20 juegos de comedor y 40 vitrinas, y por lo general este tipo de ventas se dan de tres a cuatro veces al mes. Eso sí, para que vuelvan les debe hacer un importante descuento.

Mientras que Moreno recuerda cómo desde hace dos años, gracias a un acuerdo comercial con dos mayoristas, su taller volvió a cobrar vida.
“Al año realizo ocho ventas grandes, de magnitud, que me permiten pagar a mis trabajadores y seguir en el negocio. Los mayoristas son una excelente opción”, explicó Moreno. 

​​​​​​​Humberto Baldiviezo, presidente de la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa, señaló que los mayoristas, por el momento que atraviesa el sector forestal, son de gran ayuda, aunque solo temporal, pues lo ideal es buscar mercados estables y con mejor capacidad de pago 

Clientes de puntos limítrofes pagan mejor por lo boliviano
La calidad de los resortes y de la espuma, más la tela protectora, es clave para lograr un colchón que puede competir con los otros que hay en el mercado.

Jorge Mendoza, hace 10 años que encontró en la fabricación de colchones la oportunidad para crecer económicamente y poder mantener a sus tres hijos y a su mujer.

Pero desde 2015 las cosas han cambiado, las ventas son cada vez menores, hay más competencia de colchones de Brasil y China, por lo que tuvo que buscar otras salidas.
Una de ellas es viajar dos veces al mes a la frontera con Argentina y probar suerte. En cada viaje lleva hasta 50 colchones para venderlos a un promedio de Bs 500 cada uno, cuando en La Ramada los ofrece a Bs 300.

Augusto Navas, otro que apostó por los colchones, no solo deja su suerte a la frontera, sino que ve en los mayoristas otra vía para mejorar sus ingresos.

“Los mayoristas son principalmente de La Paz y Cochabamba que llegan con efectivo y te compran hasta 100 colchones, luego ellos los venden en las provincias. Son de gran ayuda”, explicó Navas.
Para Noemí Rojas, los mayoristas no son una opción, pues piden mucha rebaja y lo revenden más caro, por eso Rojas ya no confía en ellos y prefiere viajar a la frontera con Brasil, Perú y Argentina y vender las camisas, polos y pantalones de vestir que confecciona en su taller de la Villa Primero de Mayo.

“Si las ventas subieran no tendría porque viajar tan lejos y dejar solos a mis hijos por varias semanas, pero otra opción no tenemos los que somos pequeños y medianos talleristas. En la frontera por prenda se logra cobrar hasta Bs 30 más. Por ejemplo, una camisas en La Ramada la vendo a Bs 150 y en la frontera baja de Bs 180”, dijo Rojas.

Desde la Federación de la Mediana y Pequeña Empresa de Santa Cruz indicaron que sus afiliados recurren a estas estrategias para poder continuar en el mercado, dada la crisis que atraviesa el sector.



 




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