ECONOMÍA

Gerardo Pereyra Roda impulsa desde la gerencia la transformación de EL DEBER


El gerente corporativo del Grupo EL DEBER cierra el ciclo de entrevistas de 2018 de la sección dominical 'Un desayuno con...'


Gerardo Pereyra Roda, el gerente corporativo del Grupo EL DEBER
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30/12/2018

Nació en 1974 en Santa Cruz. Es el menor de los tres hijos de Luis Pereyra y de Graciela Roda. Su padre dedicó su vida profesional a los seguros y lideró la compañía Delta Seguros. Su madre trabajó en la Agencia Moderna, que distribuía varias revistas. Gerardo Pereyra Roda, el gerente corporativo del Grupo EL DEBER desde hace dos años, es el entrevistado del último desayuno de 2018. Junto a un árbol de Navidad en el hall del hotel Radisson, habló durante una hora con el Económico.

Su hermana mayor es Tatiana, que trabajó varios años en el área de Recursos Humanos de Cotas. Su segundo hermano es José Luis, quien ha vuelto a la capital cruceña después de vivir en Puerto Suárez.

Es de la promoción 1992 del colegio Marista y se tituló como ingeniero comercial de la UPSA. “Empecé a trabajar muy joven para pagarme los últimos años de universidad. Tuve la suerte de contar con muy buenos catedráticos. El rector era José Antonio de Chazal, que ahora integra el directorio de EL DEBER. En el último año de la carrera empecé a ejercer en la parte comercial y la financiera, en las que me especialicé. Mi primer empleo fue en una tienda de ropa del Comercial Cañoto, donde vi la parte contable, cuando estaba en el séptimo semestre. Después entré a la contabilidad de una fábrica de galletas, recomendado por la universidad. Luego estuve en una empresa de fabricación de sistemas contables”.

Su siguiente paso profesional fue en la consultora Contec, donde considera que se terminó de consolidar y formar en valores, con la orientación del gerente Miguel Aramayo. “Ahí me relacioné mucho con el sector de hidrocarburos y a través de Contec lideré el área de finanzas de la petrolera Nabors Drilling. También ofrecimos varios servicios administrativos y contables a Andina y Repsol”.

Su ciclo profesional más largo hasta el momento lo cumplió en la compañía 3 M, inicialmente como gerente de finanzas para Bolivia. “Cuando desaparece la gerencia general aquí quedo a cargo de recursos humanos y de finanzas. Después se reabre la posición de gerencia para Bolivia y asumo el cargo. En esa etapa cumplí otras asignaciones como business finance para el negocio de healthcare en la región andina y como gerente de finanzas para 3M Paraguay. En la compañía estuve casi 10 años”.

Dos años en el Grupo EL DEBER

Su siguiente decisión profesional fue pasar de una empresa multinacional a una nacional, por un tema familiar, ya que con su esposa Cecilia Medina, que trabaja en Petrobras, querían quedarse en Santa Cruz. “Tuve la oportunidad de ingresar a EL DEBER, que implicó el paso de una empresa multinacional a una nacional, con un cambio de cultura y una forma de trabajo diferente. En todas las empresas en las que he trabajado siempre he apostado por la ética. Lo que me hizo click en EL DEBER fueron los valores de la familia Rivero y de la gente que trabaja en la empresa”.

Al momento de su llegada la compañía vive un proceso de transformación empresarial. “La disrupción digital ha sacudido a los medios de comunicación. Una transformación digital no es solo el cambio de herramienta. En el momento en el que no se encara desde el cambio de la cultura, el proceso falla. El primer paso es consolidar una transformación cultural y no resulta fácil. Toma mucho tiempo entenderla. Hay que construirla de arriba para abajo. Toca hacer un cambio importante en el modelo de negocio y la familia, los accionistas, el directorio y los gerentes tenemos que estar alineados. Ese paso se ha dado y hay una ventaja grande de EL DEBER, que es su reputación y credibilidad. Los valores le dan la posibilidad de seguir manteniéndose como líder”.

En el proceso de cambio cultural la gestión del talento es fundamental y se han dado pasos para un salto cuantitativo y cualitativo en recursos humanos de la empresa. En enero habrá importantes incorporaciones de talento y se importará cultura y experiencias de empresas familiares. “En este proceso, uno de los cambios es el valor agregado que le da EL DEBER a nuevos productos. La propuesta de valor hacia los anunciantes y hacia los lectores. En el mundo las olas de cambio se dan por regiones y nosotros estamos en una ola un poco atrás. Es más sencillo saber qué es lo que pasará con los medios porque ya ha ido ocurriendo en diferentes países y continentes. Así vemos que el ‘branded content’ es una herramienta poderosísima. Me estoy refiriendo a la creación de contenidos vinculados a las marcas para conectarlas con sus públicos. Los que tienen la mayor experiencia para construir este modelo de negocio son los medios. Al saber contar las historias, transmitir emociones y generar conexión y vínculo emocional, por su alcance multimedia EL DEBER es una opción muy importante para posicionar marcas”.

El branded y los nuevos negocios

El branded content es una apuesta nueva, pero bastante fuerte en el grupo EL DEBER. “Vamos a ver resultados muy pronto porque ya hemos concretado negocios importantes con marcas fuertes en Bolivia. Estamos hablando de la creación de contenido que no es periodístico, pero basado en la experiencia periodística que tiene EL DEBER, con unidades descentralizadas. Es importante seguir creciendo en la audiencia. Hoy somos el medio de comunicación número uno de Bolivia en alcance y tenemos la página web con más visitantes. La digitalización encarada correctamente más bien da un alcance mucho mayor. Apuntamos a la omnicanalidad, no solo con las plataformas sino también con eventos para generar ingresos y conexiones”.

Opina que el momento es complejo para los medios en Bolivia, pues se juntan problemas coyunturales. Uno es el impacto de lo digital, ya que no es tan fácil encontrar el camino correcto, pero EL DEBER está en él. El asunto político es complicado para el periodismo en general, no solo en Bolivia sino en el mundo, opina. “A todo esto se suma la coyuntura económica que afecta a lectores y anunciantes, lo que obliga a ser más estratégicos. Al ser el número uno tenemos que pelear para seguir siéndolo. La visión de la familia es continuar el legado de Don Pedro Rivero por muchas generaciones más y eso se ha transmitido a todo el equipo de colaboradores. La misión de la empresa es construir sociedad, además de ayudar a consolidar la democracia”.

Otro de los cambios tiene que ver con la competencia de los medios. “Antes la competencia eran los diarios locales. Hoy hay monstruos gigantescos como Google y Facebook, que han movido el tablero a nivel global, pero las empresas locales tienen la posibilidad de brindar algo distinto que las globales”.

El grupo EL DEBER tiene la necesidad de diferenciarse y de generar nuevos negocios, no solo en el ámbito periodístico, sino en otros. “Hay una firme decisión de la familia de hacerlo. Estamos en la consolidación de unidades que apuntan a ingresar en negocios apalancados por la marca de EL DEBER, en su credibilidad, reputación y fuerza”.

La compañía cuenta con alrededor de 300 empleados, de los que la redacción tiene más de 100, lo que la hace la más grande de Bolivia. También el grupo dispone de una imprenta comercial que se integrará a la propuesta de valor para los anunciantes. “Aquí hay dos corazones. Tenemos a la redacción y a la parte comercial, que trabajan juntas para llevar esto adelante”.

Con apertura para escuchar

Cuando se le pregunta cómo es su estilo gerencial responde: “Soy una persona que de entrada confía mucho en las personas, pero a la vez le cuesta recuperar la confianza cuando se pierde. Soy muy abierto a la escucha y me gusta trabajar en un ambiente colaborativo. Debe primar la ética. El trabajo en este medio necesita una velocidad muy grande, lo que implica que pueden haber errores. Soy tolerante al error siempre y cuando se capitalice en positivo. La falta de ética es algo que me complica muchísimo. Soy muy abierto a escuchar a la gente”.

Su esposa Cecilia Medina es auditora formada en la UPSA y llevan 16 años de casados. Su hijo mayor es Nicolás, de 14 años, y la menor es Isabella, de nueve años.

Cuando despierta cada día a las 5:30 de la mañana lo primero que ve es EL DEBER digital. Enseguida prepara el desayuno para sus hijos y a las 8:30 ya está en su oficina. Con su equipo rompe la rutina apartándose a otros lugares para pensar. “Mis fines de semana son familiares. Uno de mis hobbies es la simulación aérea. Creé una línea aérea virtual que se llama LAB Virtual. También me gusta la pesca, que comparto con mi familia”.

Es integrante de la comparsa Vándalos desde que tenía 15 años y forma parte de la fraternidad Penocos. Le gusta la cocina y los fines de semana prepara las comidas. Disfruta especialmente de la paella y de la gastronomía peruana. Respecto a las lecturas, prefiere las novelas y la ciencia ficción. En cuanto a música, en algún momento tocó flauta y órgano en conciertos y en el conservatorio Yamaha. Escucha a Arjona, Los Enanitos Verdes y la música en español. Para vacacionar le gusta Disney, además de las playas y la nieve. Es hincha del club Blooming.