Economía

Crónica de un encuentro fugaz con Juan Pari en Chonchocoro


El hombre que figura como el autor del robo más sonado del último tiempo a un banco boliviano, está celosamente ‘guardado’ en una cárcel del departamento de La Paz, en un lugar llamado de ambientación

La cárcel de Chonchocoro se encuentra en el altiplano paceño. Hay que tomar la carretera a Viacha y, mucho antes, doblar a la derecha

05/11/2017

Juan Pari no es el mismo hombre que se sentía el dueño del mundo cuando el dinero ajeno le sobraba. No es ni la sombra de aquel que acudió un día a una importadora de vehículos para comprarle un Mercedes Benz que él mismo hizo diseñar para regalarle a su amante argentina Luciana Cagnola Gómez, que también está detenida. Ahora está perdido entre otros hombres que hacen una fila india dentro del pabellón silencioso y gris de la cárcel de Chonchocoro de La Paz, adonde llevan a los nuevos detenidos para que se ambiente a su nueva vida.
“Preso Juan Pari dé un paso adelante, le grita un policía con una voz de mando. Entonces, Pari se hace visible: tiene el cabello rapado, se lo ve más bajito que en las fotos que están apareciendo en las redes sociales, viste ropa modesta y está de sandalias. El policía le pregunta si me conoce y él, con una voz de pajarito, dice que nunca me ha visto. Y luego le ordenan que se meta de nuevo en la fila y Juan Pari se pierde entre esos sus compañeros de celda.  Esto ocurrió el jueves 26 de octubre, pasado al mediodía.
            
Aquel día, daba la sensación de que a Juan Pari, en Chonchocoro, lo tenían guardado bajo siete llaves. No era posible poner un pie en el pabellón donde estaba. Había guardia permanente y antes de que hubiera ocurrido el anterior episodio, el policía me había dicho que solo sus familiares podían visitarlo. 
Yo había llegado para visitar a otro preso. Al salir, aprovechando que podía intentar un acercamiento periodístico con Pari, me acerqué al guardia para preguntarle si podía saludarlo o hablar un momento. Ahí fue que me dijo que solo sus familiares podían conversar con él. Entonces, le dije, que por favor le entregue una bolsa con frutas y un periódico.

Después salí por el primer control, donde me entregaron mi carné, y caminé rumbo al portón principal donde el guardia tiene la llave principal para salir al mundo exterior. 
Antes de llegar, un oficial me dice que retorne, que un jefe policial de Chonchocoro necesitaba hablar conmigo. Adentro, aparece ese hombre uniformado. Empieza a hacer preguntas: que quién es usted y que qué soy de  Juan Pari. Fue entonces cuando le pregunta a él si me conoce, y como dijo que no, se queda pensando qué hacer. Entonces sale otro policía de una oficina y le pide que me saque fotos y que escanee mi carné. “Sí, sí, sí, para que nunca más entre a Chonchocoro”, le responde con mansedumbre el primero, el que me mandó llamar.
 
Estar frente a una pared con un policía sacándole fotos a uno, dentro de una cárcel, es una sensación muy particular. “¿Y para qué me toma la foto?”. “Para ponerla en el informe”, dice, y pide que un policía me escolte hasta afuera. Mientras camino pienso en Juan Pari, en su voz apagada, en sus ojos hundidos y en las cosas que debe tener para decir. 

Los otros
Los presos que habitan Chonchocoro saben que Juan Pari, el exfuncionario del Banco Unión al que se le acusa de un millonario robo a esa institución financiera, está en el penal. La voz ha corrido tras su llegaba y saben que está en ese pabellón a donde llegan los presos nuevos, donde les cortan el cabello y los aíslan del resto de detenidos.  
“Cuando uno está ahí solo le dan una hora al día para salir a tomar el sol”, cuentan varios de los presos y lo hacen con conocimiento de causa porque ellos también tuvieron que pasar por lo que ellos llaman un ‘trago amargo’. 
“Ahí uno se aclimata, se ambienta. Es el primer contacto con el mundo sin libertad. Ahí uno llora, se arrepiente, se tira al suelo, tiene ganas de gritar”, dice un reo que hace ya muchos años ha pasado por ese escenario en el que se encontraba Juan Pari. 

El flujo informativo
Hasta ahora muchas cosas se han dicho de Juan Pari. Se ha dicho, por ejemplo, que según informes del Banco Unión entregados al Ministerio Público, el ciudadano Juan Franz Pari Mamani solo acreditó haber culminado el bachillerato para ingresar a trabajar como cajero de la institución financiera en 2011 y desde entonces empezó a ascender a diferentes cargos de la entidad, hasta llegar a convertirse en jefe de Operaciones de la agencia en Batallas.

Pari nació en junio de 1990 y habría culminado sus estudios de secundaria en 2008 en el colegio San Antonio de Padua de la ciudad de La Paz.
En diciembre de 2011 se presentó en el Banco Unión para acceder a una fuente laboral y al ser consultado sobre los estudios que cursó, el solicitante de empleo señaló que solo concluyó los estudios de secundaria y pese a esa situación fue contratado.
En 2013, las autoridades del Banco Unión hicieron una valoración laboral de Pari y entonces era reconocido como un funcionario de oficio de cajero y en cuanto a su profesión en esa oportunidad no se especificó ningún estudio.
 



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