BRÚJULA

Roger Stone, el señor de las tinieblas


El documental Get Me Roger Stone revela que no fue un error ni una fantochada la candidatura de Trump. Obedeció a una coyuntura y a una estrategia planeada por uno de los asesores políticos más oscuros de la historia política estadounidense

En 1972, con 19 años, abandonó sus estudios para sumarse al equipo de Richard Nixon

09/09/2017

El año pasado le preguntaron a un mono chino quién sería el nuevo presidente de Estados Unidos, ante él tenía dos fotos de los candidatos: Hilary Clinton y Donald Trump. El mono (que ya había anticipado al campeón de la Eurocopa) corrió sin atisbo de duda a agarrar la foto de Trump.
La anécdota generó más burlas que preocupación, en ese momento era imposible pensar que Trump ganaría realmente las elecciones presidenciales.
Porque, admitámoslo, muchos vieron la candidatura de Trump como un error, como una suerte de fantochada o de capricho del magnate que nunca llegaría a buen puerto. 

¿Construir un muro pagado por mexicanos?¿Un plan de recorte de impuestos fuera de proporción? ¿Prohibición total de entrada de musulmanes a territorio americano? ¿Derogar y reemplazar el Obamacare? ¿Deportar masivamente a inmigrantes? ¿Meter presa a Hilary Clinton? Esas eran algunas de sus promesas electorales más controvertidas, y sin embargo, ahí en la sacrosanta intimidad del voto secreto, la gente marcó casillas suficientes para que el oxigenado y bronceado Trump alcanzara la presidencia.

El documental Get Me Roger Stone (que se puede ver en Netflix) revela que no, no fue un error, no fue una fantochada, no fue un capricho, sus propuestas no fueron producto de su perfil alocado, ni siquiera la masa votante lo escogió por ‘accidente’ o por no pensar claramente en sus opciones. El documental nos dice que la candidatura de Trump obedece a una coyuntura propicia y a una estrategia política largamente planeada y cuya génesis se  puede encontrar en los años 80.

“Mi nombre es Roger Stone y soy un agente provocador” dice uno de los asesores políticos más oscuros de la historia política americana. Otros lo han llamado con justa razón “El señor de las tinieblas”, ha metido sus narices directa o indirectamente en momentos claves de su país.

Roger Stone es un dandi, un fan de Nixon, tan fan que tiene su cara tatuada en la espalda y posee la mayor colección de memorabilia existente sobre el único presidente americano que ha dimitido al cargo.

El “señor de las tinieblas” se metió en la política desde muy joven y fue escalando gracias a su postura inescrupulosa y amoral. Se sentía atraído a personajes como Nixon, por lo que fue parte de su equipo contando solo con 19 años, así conoció a Roy Cohn. 

Cohn era un despiadado abogado que fue mano derecha de McCarthy y tuvo una participación activa en la persecución de los comunistas de la época. Cohn era abogado de Trump. A mediados de los años 80 presentaría a Trump con Stone. A partir de entonces se inició una estrecha relación de amistad y confianza que perdura hasta la fecha.

En el documental vemos a un Roger Stone práctico, cínico, fascinado consigo mismo y sabiendo exactamente qué carta jugar y cómo presentarla. Hasta tiene el mismo look de Trump: cabello teñido y excesivo bronceado.

Stone fue uno de los socios de la empresa de cabildeo (lobby) más poderosa de USA, con esa empresa obtuvo millones de dólares en ganancias. Esas fotos que uno ve a presidentes americanos estrechando las manos de dictadores o genocidas, son generalmente logradas a través de cabildeos.

Acuerdos que esta gente hace gracias a su influencia en la administración del presidente de turno y que no concluyen solo con la foto o el estrechón de manos, son acuerdos multimillonarios que inician guerras o las sostienen. “El libertador de unos es el torturador de otros”, respondió Manafort (otro de los socios de Stone) ante los cuestionamientos éticos y morales.

Si bien el trabajo de los realizadores Morgan Pehme, Daniel Dimauro y Dylan Blank intenta abarcar la vida de Stone, en realidad el personaje sirve para cubrir las últimas elecciones y explicar el ascenso de Trump.

El “Make America Great Again” concepto calcado de la campaña de Reagan; el uso del término “La mayoría silenciosa”, otro concepto usado por Nixon, Reagan, Franco; el pedido del certificado de nacimiento de Obama para demostrar que secretamente es musulmán; Hilary enferma e incapaz de asumir el cargo; los mails que comprometían a Hilary liberados por Wikileaks; los nexos con Putin, todo eso se le atribuye a Roger Stone.

En algún momento de la campaña y como parte obvia de su estrategia, Donald Trump despidió a Stone cuando aún faltaban meses para las elecciones. Stone siempre ha jugado desde las sombras y desde ellas maquinó aún más a gusto, se relacionó con personajes como Alex Jones, resaltando que Jones tenía más audiencia que la CNN y la NBC juntos.

Alex Jones es un mediático periodista de extrema derecha. Tiene un programa llamado InfoWars que llega a más de 60 estaciones de radio y abarca al público que precisamente le dio el triunfo a Trump. Stone aparecía casi a diario en el programa de Jones, porque, claro, una de las cosas en las que hacía hincapié era la llegada que tenía el magnate a un público clase media-baja.

“Usa el rencor de blancos resentidos para manejar la agenda de gente rica”, dijo Jane Mayer colaboradora habitual del The New Yorker, que también brinda su testimonio en el documental junto a personajes como Jeffrey Toobin, Tucker Carlson, Matt Labash, Paul Manafort.

Los tejemanejes, el maquiavelismo, la falta de escrúpulos, las declaraciones y actitudes de jugador de ajedrez, la guerra sucia, el lobby, los negociados no son ajenos a la política en general, a ese pantano en que el se sumerge cualquiera que ingresa a ese mundo.

Quizás Get me Roger Stone produce cierta repulsión al ahondar en ese pantano y ver de cuerpo entero a uno de los pioneros, un tipo que se ufana de ser el que normalizó la guerra sucia en las elecciones americanas, el que hizo del lobby una forma de vida, el que dice haber jugado un papel clave en la derrota a Al Gore, ahora tiene entre sus infamias el ser el arquitecto de Donald J. Trump como presidente.

El problema, en todo caso, no es solo Trump o Stone. Un país que ha iniciado guerras contra grupos extremistas ahora sufre el más dramático incremento de grupos de odio ligados al Ku Klux Klan y al movimiento supremacista blanco. Esto no viene con la administración de Trump es un caldo de cultivo que empezó a cocerse después de la caída de las Torres Gemelas. 

Los recientes acontecimientos de Charlottesville son el corolario de una política de Estado sostenida que alimentó el odio y el temor al otro. Un conflicto que encuentra en su presidente, Donald Trump, a un dignatario incapaz de lidiar con un fuego que él mismo atizó durante su campaña.

Get me Roger Stone lo explica claro y contundente, habrá que esperar a ver si el tatuaje de Nixon en la espalda de Stone no se convierte en una premonición. Hace unos meses y poco después de que Trump despidiese a James Comey, director del FBI, Roger Stone publicó un tweet: “En algún lugar Richard Nixon está sonriendo”.  



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