BRÚJULA

Payno, una forma de expresión


Pintor. José María Payno falleció a los 93 años. Su obra se destacó por la técnica coloidal. Reproducimos la última nota que dio a Brújula 

Payno en 2013, cuando se preparaba para una muestra retrospectiva en la Casa de la Cultura

13/05/2017

Tiene 89 años pero aún transita con firmeza por las calles de la capital cruceña, esta urbe bulliciosa que a mediados del siglo XX era apenas una pequeña aldea de carretones y barriales. En esos tiempos, más precisamente en 1944, José María Payno llegó de España junto a su padre, buscando mejores días y alejándose de los fantasmas de la cruenta guerra civil que sacudió el espíritu de una nación. Mientras la Segunda Guerra Mundial amenazaba con extenderse a otros puntos del planeta, Payno encontró en esta tierra la oportunidad de dejar la marca de su vena artística y dar rienda suelta a sus sueños de libertad.

Payno toma un café, luego un micro y retorna a su casa del barrio McDonald. Allí vive con su esposa, Esperanza, con sus mascotas y parte de su descendencia: hijos, nietos y bisnietos que lo visitan y que han sido retratados en algunos de los cuadros que adornan los espacios interiores. En su hogar también posee un  rincón donde todas las mañanas se reencuentra con sus pinceles y sus lienzos para seguir alimentando su alma con una labor que ha sido fundamental en la misión de prolongar sus días, acompañado de un estilo de vida sana y vegetariana.  Payno asegura que este hábito alimenticio le dio buenos resultados y que lo  ayudó a superar una especie de leucemia, sin tener la necesidad de recurrir a tratamientos riesgosos.

El artista ha dejado su sello a través de la pintura coloidal, una técnica que creó con la intención de buscar nuevas formas de expresión artística y de conservar los cuadros. “Me preocupaba  que la pintura se pudiese manejar fácilmente y que tuviese buena conservación en sus materiales. Así fue como gracias a algunos conocimientos de química por mi profesión de veterinario, investigué durante años hasta conseguir una pintura a base de las sustancias coloides presentes en los elementos químicos”, explica.

Payno quiso patentar esta técnica (que se basa en el uso de partículas de pigmentos, sobre todo de  pintura de temple de huevo), pero tuvo muchos obstáculos para avanzar en los trámites. 
Su primera exposición la realizó en 1945, en los salones de la Alcaldía, en lo que algunos afirman fue la primera muestra individual de un artista en la ciudad. Esos primeros cuadros mostraban  paisajes de la región y el quehacer cotidiano de los pobladores, sobre todo ancianos, con esa expresividad que siempre llamó la atención del artista. “Mi arte alternaba paisajes con personajes, pero siempre procuré mantener la característica del figurativismo”, expresa.

Pero, además, sus obras dicen que abrazó tendencias realistas, cuadros históricos relevantes, bucólicos y  costumbristas, procurando siempre documentarse antes de dar el primer brochazo. Un ejemplo de ello es la pintura de la fundación de Santa Cruz de la Sierra, obra de 3,5 por 2,20 metros, que la realizó con el asesoramiento del historiador Hernando Sanabria, con el que viajó hasta el sitio mismo donde se fundó la ciudad.

Nunca le interesó inmiscuirse en la política debido a su condición de extranjero (aunque tiene nacionalidad boliviano-española),  lo cual no impidió que su obra sea sensible con la realidad social de su entorno. “La mayor satisfacción que me ha dado el arte es el sabor íntimo del trabajo. Lo que motiva a un artista es el contacto con la gente, con la vida, es una forma de expresar los sentimientos”, finaliza Payno. 



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