BRÚJULA

Lucrecia Martel: “Me interesa el cine que sospecha de la realidad”


La cuarta película de la directora argentina Lucrecia Martel se estrenará el 1 de junio. Es el primer trabajo de adaptación que hace

Lucrecia Martel vuelve con uno de los trabajos cinematográficos más esperados de este año, la película Zama

09/04/2017

Han pasado casi cinco años desde que se supo que la directora argentina Lucrecia Martel llevaría al cine una de las mejores novelas de Antonio Di Benedetto, Zama; y el estreno está cada vez más cerca, se ha programado para el 1 de junio de este año.


Zama es la cuarta película de Martel y la primera adaptación que realiza. Sus anteriores películas La ciénaga (2001), La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008) tuvieron un guion escrito por ella misma. Las expectativas para este nuevo trabajo son altas y coinciden con un redescubrimiento de la obra de Di Benedetto en España y otros países de Latinoamérica, y la publicación en inglés el año pasado de Zama (cuya primera edición es de 1956). 


La película tiene como protagonista al mexicano Daniel Giménez Cacho, como don Diego de Zama, y a la española Lola Dueñas. Esta fue una entrevista que Martel respondió vía email para el Brújula de hoy:


_ Zama es su primera película donde el protagonista principal es un hombre. ¿Cómo fue para usted hacer una película desde esta otra mirada, la masculina?
Hay algo que para mí prevalece sobre el género, y es la condición de mortales a la intemperie. La película está hecha por mí, que soy mujer,  no traté de ponerme en la piel de un hombre porque es imposible. 
 

_ El saber que adaptaría Zama me pareció un poco curioso, ya que antes quiso llevar al cine otro libro, El eternauta, que es de ciencia ficción, es decir, como que se fue de un extremo a otro. ¿Qué es lo que le interesa de un libro cuando lo lee y piensa en la adaptación al cine?
El trabajo sobre El eternauta fue una experiencia fundamental para ir hacia Zama. Quizás porque estuve mucho tiempo pensando sobre el tiempo y en la extensión de nuestro continente. No puedo decir en general qué es lo que me interesa de un libro cuando leo porque tengo una percepción de mi trabajo muy accidentada y llena de casualidades. Me da curiosidad saber por qué pensás que El eternauta es un extremo opuesto a Zama. Zama es un pescado resbaloso que te obliga a avanzar un poco a ciegas por un pantano extraordinario.
 

_ Stanley Kubrick dijo una vez que solo se podían hacer buenas películas de libros malos ¿Coincide con eso? 
Me parece un comentario injusto para el libro supuestamente malo. ¿Tan malo sería que llevó a alguien a pensar en una película que cuesta bastante tiempo, esfuerzo y dinero?  Y si fue Kubrick realmente el que lanzó esa frase, es de una falta de humildad notable. Pero entiendo que cuando muchos coinciden en que un libro es una obra maestra, como Zama, significa que su potencia es de tal naturaleza que arrasa con la tontera que acumulamos con el tiempo. Y es así. Lo que yo filmé no es Zama la novela, sino lo que Zama me reveló, que es otra cosa. Si la película logra comunicarse con un público profundamente, quizás las comparaciones sean inútiles.

_ ¿Cómo fue el trabajo de adaptación de las páginas de Zama al guion? Cuando estaba escribiendo el guion dijo en una entrevista que leía a cronistas del siglo XVIII ¿Qué fue lo que más la sorprendió o fascinó mientras iba construyendo el guion?
Los cronistas, aún los del siglo XVIII y XIX, narran, las más de las veces, la inadecuación del mundo que conocían a un mundo nuevo. Y es inevitable sentir, que por las muchas ambiciones, prefirieron someter ese mundo desconocido que comprenderlo. Y ahí perdimos mucha belleza, y todavía hoy arrastramos esa pena.
 

_ ¿Y del Di Benedetto como escritor qué le interesa? ¿Leyó sus otras obras?
Leí cuentos. Sé muy poco de Di Benedetto.
 

_ Vuelve a las salas de cine después de nueve años, el periodo más largo de una película a otra desde su debut, en 2001. ¿No le pasó como al  personaje de Zama al momento de encarar el proyecto? ¿No se sintió una víctima de la espera? 
No. No siento que haya estado esperando. Creo que en todo caso todos somos víctimas de una idea de ser productivos que es falsa desde el punto de vista narrativo. 
 

_ Una vez leí que en sus talleres de cine les enseña a sus alumnos que salgan a las calles y filmen y graben lo que sucede ahí, señalaba ahí la importancia de que conozcan lo que los rodeaba para así ver mejor los otros lugares ¿Cree que el cine de hoy es impersonal o que evita hablar de temas que le interesen a la propia gente?
Lo que yo hago en esos talleres es que graben sonido, diálogos en la calle, telefónicos o con actores, y analizar ese sonido. Nunca imágenes. El objetivo de esos talleres es volver a escuchar. 
Hoy el cine es de una diversidad sin precedentes, solo que lo que más circula es lo que se parece a lo que ya se entiende.
 

_ Y el componente simbólico de sus filmes, desde La ciénaga por ejemplo, hay ciertos hechos que uno catalogaría como crítica hacia ciertos estamentos, “la carga política”. ¿Es algo que a usted le interesa? ¿Se divierte quizás colocando pequeñas trampas para que la gente se rompa la cabeza con lo que significa?
Quizás usted considere trampa a alguna composición de sonidos e imágenes sobre la que vuelve a pensar, y que no tiene un sentido evidente, al principio. Trato de compartir una percepción del mundo, y para eso necesito un lenguaje adecuado. A veces el lenguaje más extendido audiovisual no me sirve. En cuanto a lo simbólico, no es un juego que me interese. No construyo símbolos, ni metáforas. Una vaca es una vaca, una pileta es una pileta. Pero el espectador ve lo que quiere e interpreta lo que se le da la gana, y esas son las reglas de este juego. Y no puedo negar que me encanta.

He conocido muchísimos vagos que viven del trabajo del otro, pero eso pasa en cualquier profesión
He conocido muchísimos vagos que viven del trabajo del otro, pero eso pasa en cualquier profesión

_ En sus primeras películas exploraba la clase media argentina. Alguna vez comentó que la clase media está educada en la ceguera. ¿Cómo cree que ha cambiado esta situación en los últimos años en su país?
No ha cambiado. 
 

_ ¿Le interesaba –o le interesa- tener un estilo en la manera de hacer cine? ¿Se siente bien que el público reconozca sus películas como algo que solo podría haber hecho usted?
No sé si tengo estilo. No me importa que me reconozcan, porque ni yo sabría a qué se debe ese reconocimiento. Si alguien hace cine pensando en sí mismo, se va a aburrir muy rápidamente. El cine que me interesa es el que sospecha de la realidad.
_ ¿Qué le ha permitido conocer el cine en estas cuatro películas? O mejor, qué buscaba al momento de iniciar a hacer películas y qué es lo que ha encontrado?
He conocido mucha gente muy interesante, de algunos soy amiga. He conocido muchísimos vagos que viven del trabajo de otros, pero eso pasa en cualquier profesión. He conocido gente desesperada por ser alguien y repartiendo eso en sus tarjetas personales. He tenido el privilegio enorme de que alguna gente me cuente cosas que difícilmente compartirían conmigo si yo hiciera otro trabajo. He entrado en lugares que solo podría llegar con la excusa del cine. En fin. El cine es una alfombra mágica, y cada tanto me doy un porrazo. Me ha dado lo que llamaríamos: una vida 



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